“Lentejas, comida de viejas, si quieres las comes y si no, las dejas”. Si les digo la verdad, nunca he entendido este dicho. Ya desde pequeña me parecía imposible que alguien no disfrutara de esta legumbre que tan bien preparaba mi madre. ¿Por qué no podía dejar las verduras?, claro, que conociendola, el verbo dejar no existía en su vocabulario. Todavía cuando regreso a casa, mi madre me espera con un plato de lentejas con arroz, su choricito y laurel.¿Una forma de que vuelva a casa? puede ser, pero he de reconocer que me encanta la estratagema.