Mallorca esconde coqueta tesoros como esta antigua Possesió mallorquina del siglo XVI.
La mejor forma para descubrir una isla que lejos de ser sólo sol y playa, ofrece folklore e Historia, vides y pinos, santuarios de recogimiento y alegres fiestas de colorido popular.
Descubra esta otra Mallorca, ajena a tipicismos, de la mano experta de Binicomprat.
Llegar y relajarse es una misma cosa. Y cómo no hacerlo, si te reciben con 150 hectáreas de naturaleza en estado puro, de pinos y encinas y de esos viñedos que alegran la retina con sus vides y el paladar cuando se transforman en vino.
Como muestra de su filosofía de respeto al entorno, se han mantenido los aires rurales de su arquitectura en el cuidado interior. Nada más cruzar la puerta de la entrada principal se divisa el maravilloso zaguán, centro neurálgico de las diferentes dependencias del hotel y desde el que se divisa la capilla de la finca, por algo La Algaida fue el lugar preferido por el beato Ramón Llul para conversar con Dios.
Podrá escoger entre la suprema comodidad e independencia de sus espaciosos apartamentos o la sencillez de sus coquetas habitaciones dobles. En cuanto a su decoración, juega a mezclar el confort con el aire austero de las casas de campo. Grandes mesas de teca balinesa, sofás tapizados con telas pintadas a mano, blancas colchas y paredes, cocinas de azulejos que recuerdan a las abuelas y una iluminación cálida e intimista que invita a la relajación.
La finca llama a ser recorrida, a bajar las escaleras y dejarse sorprender por las bodegas que atesoran
excelentes vinos mallorquines. Para aquellos que deseen sumerjirse en la enología, en la sala de juntas se imparten cursos, conferencias y talleres, siempre bajo la sabia compañía del verdor de su entorno, la sombra de las buganvillas, el regalo de su piscina, el frescor de sus porches...
Sus razones tenían los árabes cuando llamaron Algaida, bosque en su dulce idioma, al pueblo donde se asienta la finca. Un microcosmos de almendros y pinos, figuerales y cazadores, trovadores y dramaturgos, que llenaron de versos estas ricas tierras, que perpetúan la tradición en los Cossiers, danzantes que coquetean con el demonio para al final postrar su fe ante san Honorato, patrón del pueblo.
Palma de Mallorca a un paso, los pueblos rurales del Plá en el camino, calas de aguas cristalinas a nuestros pies y Binicomprat siempre tranquilo. El perfecto anfintrión para ayudar a desconectarse del frenético ritmo que nos impone la gran ciudad.