La Palma se vanagloria de ser la isla más fértil del archipiélago canario, conocida por su exuberante naturaleza como "la isla bonita".
La peculiar topografía de la isla, quebrada por barrancos que se desvanecen al llegar al mar, provoca que los viñedos se encuentren en laderas de pronunciadas pendientes, en la que se han construido bancales con espectaculares paredes de piedra lisa. Las vides rodean, como un verde anillo la isla de La Palma, ocupando una superficie total de 1.600 Ha. en cotas que varían entre los 200 y los 1.400 metros de altitud.
Pueden diferenciarse tres comarcas dentro de la Denominación de Origen La Palma.
Por un lado, la subzona Hoyo de Mazo, al este de la isla, que comprende los municipios de Villa de Mazo, Breña Baja, Breña Alta y Santa Cruz de La Palma. Caracterizada por la forma "rastrera" de conducción de la viña en terrenos de ladera acolchados bien con piedras volcánicas ("empedrados") o con "picón granada", sus curiosas formas llaman rápidamente la atención del visitante.
La subzona Fuencaliente comprende, por su parte, los términos de Fuencaliente, Los Llanos de Aridane, El Paso y Tazacorte. Los viñedos se cultivan también por el sistema "rastrero" cubierto de ceniza volcánica ("picón"). De aquí son las plantaciones más famosas de Malvasía.
Por último, la subzona Norte recoge los viñedos de Puntallana, San Andrés, Sauces, Barlovento, Garafía, Puntagorda y Tijarafe. Quizá sea la zona más fértil y de naturaleza más bella, única donde la vid se cultiva en parrales, en tierras vegetales sin capa de arena.
Los viticultores palmeros han conseguido, gracias al tesón y a la sabiduría de largas generaciones relacionadas con el vino, convertir las agrestes tierras volcánicas en tierras altamente productivas. Gracias a que la feroz Filoxera no atacó sus viñedos, éstos no están injertados y un gran porcentaje de las cepas tienen más de 40 años.
El relieve de esta isla hace imposible hablar de un único clima, pero debido a su situación atlántica, altura y latitud, goza en general de la beatitud de los vientos Alisios húmedos del noroeste, poco pronunciadas diferencias térmicas y en general un clima predominantemente subtropical que se hace latente en su rica vegetación.
Historia
Las primeras cepas llegan a La Palma de la mano de los conquistadores, hacia 1505, que mezclan su cultivo con el de árboles frutales y hortalizas. Pero hay que espera hasta el siglo XVI para que el generoso Malvasía se convierta en caldo indispensable en las Cortes europeas. Malvasía que inspiró a literatos de la talla de Shakespeare, R. Stevenson o Lord Byron y que era la principal vía de comercio del archipiélago. El siglo XIX es, sin embargo, una época funesta para los vinos canarios, que ven, impotentes, como el Oidio y el Mildiu asolan sus vides y en el siglo XX muchas vides fueron sustituidas por plataneras, más productivas. El vino palmero resurge con fuerza ya a mediados de la década de los 90, con la formación y protección de la Denominación de Origen.
La Denominación de Origen
Se crea en 1994, y con ella empiezan a recuperarse vides hasta ese momento abandonadas, se plantan nuevas parcelas y el vino comienza a darse a conocer dentro y fuera de la isla, consiguiendo recuperar el merecido lugar entre los vinos de calidad. En su Consejo Regulador están inscritos en la actualidad 1.413 viticultores y 18 bodegas.
Las variedades aceptadas por la Denominación de origen La Palma son las siguientes:
Albillo, Almuñeco, Bastardo Blanco, Bastardo Negro, Bermejuelo, Breval, Bujariego, Burra Blanca, Castellana, Forastera Blanca, Gual, Listán Blanco, Listán Negro, Marmajuelo, Malvasía Blanca, Malvasía Rosada, Moscatel Blanco, Moscatel Negro, Moscatel Mulato, Moscatel Negro, Negramol Mulato, Negra Común, Negramoll, Pedro Ximénez, Sabro, Tintilla, Torrontes, Verdello, Vermejuela, Vijariego Blanco, Vijariego Negro, junto con una mezcla de varias de estas variedades.
Los Vinos
Vinos Blancos: Elaborados a partir de uvas Listán Blanco, Bujariego y Albillo, principalmente, cuentan con un agradable aroma, fresco, ligero y delicado. De color amarillo paja con tonalidades de oro joven y una persistente lágrima, destacan sus aromas frutales deliciosamente especiados y su carnosidad y elegancia en boca.
Vinos Rosados: Elaborado con uvas Negramol, entre otras, destaca su color salmón con tonalidades violetas. Limpios y brillantes, alegres y de delicado aroma, tienen un ligero gusto almendrado.
Vinos Tintos: Color rojo rubí con tonos violetas, entre sus aromas se encuentran matices a hierba y ya en boca cuentan con una buena estructura, carnosidad y postgusto prolongado.
Vinos de Tea: Característicos de la zona norte de la isla, reciben este nombre porque son envejecidos en barricas de "tea", pino canario que le aporta un intenso aroma y un sabor característico a resina. De color rojo cereza con tonalidades tejas, destacan sus aromas frutales y herbáceos, perfectamente integrados en el típico fondo resinoso. Recuerdan a los caldos griegos "Retzinas".
Vinos Dulces Naturales: Destacan especialmente los elaborados con uva Malvasía. Completamente naturales, son de color olor oro joven con tonalidades ámbar, limpios y brillantes. Perfectos para postre, son persistentemente aromáticos y su dulzor está perfectamente equilibrado con una acidez fresca y llena de viveza.