Situada al sur de Córdoba, la D.O. Montilla-Moriles inscribe en su totalidad los municipios de Montilla, Moriles, Montalbán, Puente Genil, Monturque, Nueva Carteya y Doña Mencía, y en parte los términos municipales de Montemayor, Fernán-Núñez, La Rambla, Santaella, Aguilar de la Frontera, Lucena, Cabra, Baena, Castro del Río y Espejo.
Suaves cerros, onduladas laderas y fértiles margas, con una altitud que oscila entre los 125 y los 600 metros, configuran el terreno de Montilla-Moriles, un suelo franco y arenoso, con un contenido en carbonato cálcico de normal a alto, Abundan los calcáreos de "albarizas", sobre todo en la "subzona de Calidad Superior", que engloba Montilla, Castro del Río, Cabra, Moriles y Aguilar de la Frontera. Su clima mediterráneo le aporta cálidos veranos, largos y secos e inviernos cortos. Su pluviometría es escasa, con precipitaciones entre los 500 y los 1.000 mm./año y cuentan con unas 3.000 horas de sol al año.
Historia
Montilla-Moriles lleva a sus espaldas una larga historia relacionada con el vino. Así lo demuestran las ánforas y mosaicos romanos anteriores a la era cristiana donde ya aparecían alegorías báquicas y escenas de la vendimia. Tradición vitivinícola que desde hace siglos pasa de padres a hijos con cuidadoso amor, y cuyo origen se remonta a la llegada a la Península Ibérica de las primeras civilizaciones mediterráneas de helenos y latinos allá por el lejano siglo VIII a.C.
La Denominación de Origen
La idea de configurarse como Denominación de Origen les viene de lejos, ya que desde antaño los vinos de la zona se vendían como Montilla y como Moriles. En 1891 comienzan a utilizar el actual nombre Montilla-Moriles, cuando se celebra el Convenio de Madrid.
En 1932, gracias al Estatuto de la Viña y el Vino, Montilla-Moriles es amparado legalmente para que sea utilizado en exclusiva por los productores de los pueblos de esta zona. Trece años después, en 1945, surge el Consejo Regulador de la Denominación Montilla-Moriles, con el claro afán de potenciar tanto la calidad de los vinos como la justa promoción de los mismos, siendo el Consejo pionero en lanzar campañas publicitarias genéricas. En la actualidad 178 bodegas están adscritas a la D.O, produciendo cerca de 50 millones de litros de vino al año.
Los Vinos
Las variedades aceptadas son Pedro Ximénez (el 80% de los cultivos) y en menor proporción Layrén, Baladi, Moscatel, Verdejo y Torrontés, no cultivándose la variedad tinta.
Así encontramos:
Blanco joven: de color pálido y muy ligero, puede encontrase afrutado, seco o ligeramente abocado.
Fino: su graduación alcohólica se consigue con métodos naturales, sin añadidos y da lugar a un vino amarillo pálido, seco, almendrado y ligeramente amargo. Se cría bajo velo de flor por el sistema de criaderas y soleras.
Producto del envejecimiento del vino por el método de crianza oxidativa en botas de roble, surge el delicadamente aromático
Amontillado. De maravilloso color que abarca desde el oro viejo hasta el amarillo tostado, en nariz es punzante, profundo y con recuerdos a avellanas y en boca es persistente y seco.
De aquí al Oloroso, con su tacto de terciopelo, enérgico y delicado a la vez, complemento ideal de un aperitivo consistente, por ejemplo, en unas almendras o unos quesos ahumados.
Vino dulce natural, el Pedro Ximénez, procedente de la uva del mismo nombre, aúna en sus aromas desde la bergamota y el exótico dátil hasta los recuerdos del roble. Postre ideal que conjuga untuosidad y fragancia.