Como eje, el fértil río Duero, que sirve de nexo de unión de más de 100 pueblos dedicados a la vitivinicultura.
La Ribera del Duero forma parte de la meseta septentrional de la península ibérica, formado por sedimentos en su mayoría formados por arenas limosas y arcillosas. Formada durante el mioceno, la cuenca ribereña cuenta con una orografía de suaves lomas.
En cuanto a lluvias, tiene una pluviometría más bien escasa (entre los 400 y los 600 mm) y su clima consta de veranos secos, e inviernos largos y fríos, con grandes oscilaciones térmicas que benefician a la viña, en resumen, un clima claramente mediterráneo continental.
Historia
Hay que remontarse más de 2.000 años ara encontrar la primera relación directa entre la vid y Ribera del Duero, como queda patente en el mosaico romano de 66 m2 descubierto en Baños de Valdearabos durante la vendimia de 1972, en el que aparece muy bien acompañado por Ariadna y Ampelos nuestro querido Baco. Es el mayor mosaico y el mejor conservado de la península con tema báquico. La cultura de la viña se consolida durante el medievo, coincidiendo con la consolidación de poblaciones de la importancia de Peñafiel o San Esteban de Gormaz. Al siglo XIII corresponden las primeras bodegas excavadas para el vino y en el siglo XV se crean las Ordenanzas de Castilla y León, donde ya se señalan las medidas de control y calidad de los vinos de esta tierra.
La Denominación de Origen
El Consejo Regulador acepta las siguientes variedades de uva para ala elaboración de sus vinos:
Tinta del País (variedad principal, la que otorga la personalidad a los vinos ribereños), en pequeña cantidad de mosto la Albillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha.
Los Vinos
Con estas variedades se elaboran tanto rosados como tintos jóvenes, crianzas y reservas.
Los rosados lucen en copa un color rosa guinda muy débil con tonalidades fresa e irisaciones azul-violáceas. En nariz cuenta con aromas frutales y características bayas silvestres, que en boca se transforman en sabor a fruta, fresca y ligera.
Los tintos jóvenes son de color rojo guinda muy intenso, con ribetes que van del azul al púrpura. En nariz salen a la luz densos aromas a fruta madura, moras y zarzamoras. Amplio en boca, destaca la perfecta armonía de sus taninos.
Los tintos crianza tienen bellos colores oscuros, desde le picota intenso al guinda con corazón de rubí. En la fase olfativa cuenta con aromas frutales equilibrados con buenas maderas, que le aportan toques de vainilla, coco y tostados de café y cacao.
Los reserva y gran reserva son vinos de lenta evolución, bien cubiertos y de densa lágrima, con colores que varían del picota granate al rubí, con ribetes rubí y atejados. Limpios e intensos en nariz, sus aromas recuerdan a fruta bien madura, confitada si cabe, con tacto de terciopelo, y la complejidad de cueros, minerales y balsámicos. En boca se muestran potentes y carnosos, equilibrados y con buen cuerpo, que se prolonga en una persistente retronasal.