martes, 06 de enero de 2009 - La Revista » Reportajes



publicidad vivir el vino

El cambio cultural en La India favorecerá la exportación de vino Imprimir


Aunque el consumo de vino se considera tabú para muchos y está prohibido en ciertas castas, el cambio cultural contribuye a la asociación del consumo de vino como algo snob o de clase alta.

 

mercado indio

 

La India presenta unos condicionantes que nada tienen que ver con los de China: es un crisol de culturas, son muchos países en uno con casi mil cien millones de habitantes, que suponen el 10% de la población mundial y unas 5.500 tribus, que hablan 24 idiomas regionales y cerca de 800 dialectos. El 65% de sus habitantes vive en el campo frente al 35% que lo hace en las ciudades con una superficie de 3.287.263 km2. La India produce al año unos 5.000.000 de botellas y se consumen en el país tan sólo unos 5,5 millones de litros. Pero es una tierra de oportunidades que muestra la apertura de un importante mercado para los países exportadores puesto que la demanda de vino creció un 30 por ciento, pese a la escasa cultura vinícola existente, a la baja producción propia y a los fuertes aranceles con los que están gravadas las importaciones.

Ventajas del mercado indio

La India es una gran experiencia a nivel social, económico y cultural. Es un país-continente de grandes paradojas y contrastes donde la economía ha crecido un nueve por ciento el año pasado, pero miles de personas viven bajo el umbral de la pobreza o en el que muchos niños no van al colegio. Mientras tiene la capacidad de exportar ingenieros a las empresas tecnológicas más importantes –como Microsoft- o surgen grandes empresarios del sector del acero, del farmacéutico o del cine. Ha pasado del 55% de pobres en los años 70 al 19% en 2007. Comparado con otros alcoholes, el consumo de vino es insignificante (menos de 10 mililitros por habitante y año, que es el equivalente a una cucharadita de vino), pero los expertos calculan un fuerte crecimiento en los próximos diez años gracias al desarrollo de una cultura del vino y de una clase media con buen poder adquisitivo de unos 250 millones de personas, cada vez más atraídos por los modelos de consumo que todavía gastan una media de 10 dólares por botella. Pero la India está viviendo un cambio cultural y enogastronómico; ha crecido de forma notable el número de restaurantes en las grandes ciudades del país y se empieza a asociar el consumo de vino como algo esnob o de clase alta.

Los puntos de tensión

Siendo el mercado indio del alcohol uno de los más grandes del mundo, presenta ciertos puntos de tensión.
El principal son las elevadas barreras arancelarias que impiden desarrollar el potencial de los principales productores mundiales que quieren ingresar en ese mercado. Los europeos y americanos llevan años quejándose por las excesivas tasas que las autoridades indias imponen a sus productos, que consideran un atentado contra la normativa de la Organización Mundial del Comercio. Cediendo a las fuertes presiones de Estados Unidos y la Unión Europea, dentro de las negociaciones para lograr un pacto de comercio mundial conocido como la Ronda de Doha, el Gobierno indio levantó parcialmente el alto arancel que mantenía sobre la importación de bebidas alcohólicas, pero el gravamen del vino subió del 100 a 150%, lo que eleva la carga fiscal global sobre estos productos. Estados Unidos y la Unión Europea han incrementado el acceso al mercado para los productos agrícolas indios, pero no se ha producido una respuesta recíproca por parte de India y las negociaciones continúan.

Un mercado incipiente y esquivo con un complicado sistema de distribución

A día de hoy, la India no autoriza el ingreso de firmas extranjeras en el mercado minorista para la venta. Sin embargo, a los extranjeros se les permite operar en espacios de ventas mayoristas y abrir almacenes minoristas para vender múltiples productos de una sola marca.

El comercio minorista está desorganizado y dominado por los dueños de pequeñas tiendas y es de baja estofa por lo que una severa trasformación tendría un efecto con importantes consecuencias. La cadena de distribución está muy controlada y los bares y hoteles requieren licencias costosas para vender alcohol, pero hay determinadas zonas del país, como Maharashtra y Goa, que están mucho más abiertas.

El encarecimiento de los productos, debido a las altas tasas, limitan el consumo de vinos importados a las clases sociales más altas y a los extranjeros que visitan los hoteles de lujo, principal canal de venta de estas bebidas. Al menos, los importadores gozan de seguridad jurídica y de cobro, a diferencia de otros mercados donde es una lotería.

La distribución es complicada porque el sistema está fragmentado y el intercambio comercial es débil:

  • Hay 5 millones de pequeños almacenes que ofrecen alimentos sin refrigeración y con una oferta limitada.
  • El supermercado se ha convertido en centro de ventas aunque, de momento, éstas no son significativas.
  • El tejido industrial ha crecido mucho en los últimos años y no ha sucedido lo mismo con el alimentario; los productos de importación no llegan al 3% porque se necesitan largos y pesados trámites administrativos
  • Son más baratas las tasas para un vino caro que para otro más económico.
  • Es necesaria una licencia especial para importar un producto agrícola.
  • El sistema de etiquetado es complejo.
  • Se fija un sistema de precios máximos de venta.
  • Falta una unificación normativa básica entre los diferentes estados.
  • El vino cuenta con regulaciones significativas.
  • Hay que evitar todo tipo de esfuerzos individuales.
  • Es un mercado que hay que trabajarse.
  • Sería recomendable trabajar por líneas de producto.
  • Hay que estar suficientemente preparado –y armado de paciencia- para un trabajo largo, arduo y complejo.
  • Hay que organizar continuamente catas en los hoteles y en los restaurantes.
  • El 60% de todas las importaciones son hechas por tan sólo tres compañías: Brindco, Sansula y Global Tax Free Traders y otro 25% es compartido por diez más.

Pero la esperanza está ahí y la inversión extranjera se ha multiplicado por tres en el último lustro y las importaciones crecen sin cesar. La población, como sucedía antaño con la española, gasta un 50% en alimentación y bebidas, sin olvidar que el 40% es vegetariano. De momento, Francia se lleva el gato al agua como mayor exportador seguida de Italia, Australia, Estados Unidos y Chile, siendo testimonial la presencia española (no llega al 2%), en un mercado joven, porque los primeros movimientos datan de 2002. Una noticia significativa es que Sopexa (el ICEX francés) acaba de abrir oficina en Nueva Delhi.

¿Y el vino español?

Por el momento sólo se pueden encontrar botellas de Torres, Freixenet, Félix Solís, Codorniú y Marqués de Cáceres, aunque hay otras bodegas que están en camino. Hay que mirar las formas que utilizan franceses, italianos o australianos y aprender de sus experiencias para encontrar su hueco porque las empresas españolas se deben dar a conocer en la India como país productor de calidad y con precios razonables ya que nuestra presencia es casi testimonial. Ya hay alguna firma especializada que importa vinos españoles.
 

En los medios de comunicación, el vino es catalogado como “bueno para la salud” por sus antioxidantes. Y en las cenas de las clases medias altas de las ciudades se ha convertido en un símbolo de apertura de espíritu y de riqueza. Los nuevos consumidores se juntan en las principales ciudades en clubes de vino para degustar algunas botellas y acaba de salir la primera revista dedicada por entero al vino “Sommelier India”
Ya es hora que los consumidores prueben vino con los currys, preferentemente blancos frutales o tintos mediterráneos, con cuerpo, y que un pollo tikka sea acompañado por una copa de tinto. El futuro está aquí, no lo duden.

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