La Revista
Opinion
| Bebedores ilustres |
| Escrito por Jesús Rivasés | |||
| Miércoles, 28 de Abril de 2010 14:56 | |||
Oscar Wilde (Dublín, 1854-París, 1900), autor de “El retrato de Dorian Grey”, ofreció una copa de champagne en su lecho de muerte a sus últimos visitantes. El dramaturgo siempre estuvo de la que consideraba una de sus mayores hazañas. Tras ser detenido y encarcelado por escándalo, consiguió que le llevaran a prisión unas botellas de Perrier Jouët, su champagne favorito. Y es que la historia de los grandes personajes está salpicada de gestas importantes, que sólo fueron posibles gracias al vino. Winston Spencer Churchill (Oxfordshire, 1874-Londres, 1965), el que fuera primer ministro británico, encabeza, sin duda, la nómina de modernos bebedores ilustres. Hoy escandalizaría a Gordon Brown, David Cameron y Nick Clegg, los tres políticos británicos que han rivalizado en las elecciones del Reino Unido de principios de mayo. Algunos han tenido problemas, incluso con debates televisivos de por medio, para establecer una verdadera empatía con sus electores. Churchill nunca tuvo ninguna dificultad, encendía un habano, tamaño Churchill, claro está, bebía una copa de champagne o incluso de cognac, y claro, no dejaba a nadie indiferente. Tenía partidarios y detractores, pero transmitía humanidad y, por supuesto, despertaba pasiones. Todo lo contrario de lo que ocurre con muchos políticos actuales, británicos y de todas partes, incluidos los españoles. Zapatero y Rajoy, habanos aparte, que es lo que puede reivindicarle, viven en el territorio de lo políticamente correcto, identificado a menudo con todo lo “light” y el universo de la prohibición, desde el tabaco a la bebida. El honorable Montilla, presidente de la Generalitat, ahora muy alterado por asuntos estatutarios, es otro ejemplo. Encarna la quintaesencia de lo anodino y lo tedioso, al margen de las virtudes políticas que tenga, que sus electores catalanes colocarán en el lugar que le corresponda. Todos esos políticos, y también otros, ahora que por fin se asienta la primavera, deberían leer la biografía de Churchill de François Kersaudy. Hay episodios tan imprescindibles como ilustrativos e incluso educativos. El 7 de julio de 1899, Churchill fue derrotado en su intento de ser elegido diputado por la circunscripción de Oldham, en Lancashire. Todavía no era la hora del político. Por eso buscó nuevos horizontes, que se le presentaron en África del Sur, en la Guerra de los Boers, en la que participó como corresponsal de guerra, pero también como joven oficial británico, que es lo que era de carrera profesional. Su viaje desde Inglaterra a Ciudad del Cabo figura en la leyenda del vino y los licores. Churchill, con la credencial de corresponsal del Morning Post, embarcó el 14 de octubre hacia África del Sur. Nada más ilustrativo que algunos detalles del viaje. Churchill partió acompañado –eran otros tiempos- de su mayordomo, Thomas Walden. En el equipaje destacaban un catalejo, un Mauser, una silla de montar nueva y ¡32 botellas de vino de Ay seco, cosecha 1877; 18 botellas de Semillón; 12 de Cordial con limón verde; 10 de scotch añejo; 6 de Oporto, 6 de vermut francés y 6 de un muy viejo Acquavit de 1886! Sobran los comentarios. Sin embargo, quizá sea necesario recordar que Churchill, que utilizó todo su equipaje, regresó de su aventura periodística y militar en África del Sur como un héroe y como un ídolo. Años después, con la misma desmesura, también ganaría muchas elecciones. Mucho antes ya e había ganado un lugar de honor en el Olimpo de los bebedores ilustres. (Continuará)
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Oscar Wilde (Dublín, 1854-París, 1900), autor de “El retrato de Dorian Grey”, ofreció una copa de champagne en su lecho de muerte a sus últimos visitantes. El dramaturgo siempre estuvo de la que consideraba una de sus mayores hazañas. Tras ser detenido y encarcelado por escándalo, consiguió que le llevaran a prisión unas botellas de Perrier Jouët, su champagne favorito. Y es que la historia de los grandes personajes está salpicada de gestas importantes, que sólo fueron posibles gracias al vino. 


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