La Revista
Opinion
| Contra la moda Syrah, con moderación |
| Escrito por Jesús Rivasés | |||
| Miércoles, 31 de Marzo de 2010 08:31 | |||
Josep Pla (1897-1981), gran aficionado a la buena mesa, tradicional y no tradicional, y también a los buenos vinos, explicaba desde su larga experiencia que “contra la moda toda lucha es inútil”. Mucho antes, Shakespeare había llegado a una conclusión parecida: “Las nuevas modas, aunque nunca fueron tan ridículas y aun indignas del hombre, serán no obstante seguidas”, escribía en Enrique VIII. La uva syrah, que por supuesto no es indigna, pero sí algo áspera, era hasta hace poco un asunto francés y, en menor medida, australiano. En los albores de la globalización, allá por los años ochenta del extinto siglo XX, empezó a extenderse por el mundo, hasta convertirse en los últimos años en una que está más de moda en el universo vitivinícola. España no ha sido ajena a esa moda que, por otra parte, aporta poco, como saben los verdaderos expertos en vinos. No todos los vinos elaborados con uvas syrah son malos. Incluso hay algunos que merecen un lugar de honor, pero muchos de los que se producen en España dejan bastante que desear, más allá de su textura espesa y ese regusto tan áspero que dejan en la boca. El Marqués de Griñón, que elabora grandes vinos hay que reconocerlo, fue el responsable de la introducción de la uva syrah en España, a principios de la década de los años ochenta del siglo pasado. Estaba influido por el enólogo Emile Peynaud. Todo empezó así en La Mancha hasta convertirse en lo que hoy es al Denominación Pago Dominio de Valdepusa, en Toledo, de donde salió el vino Dominio de Valdepusa Syrah, cuya cosecha de 2001 tiene fama de ser la mejor, con buenas puntuaciones de los expertos más afamados, aunque sin llegar nunca a la excelencia. La uva syrah, que es recia, prospera en suelos fuertes y arcillosos y climas cálidos y soleados. Por eso, sin duda, tras la iniciativa del Marqués de Griñón, y por aquello de la moda y la emulación, triunfó en La Mancha, en donde incluso, por las características naturales de la zona, dio frutos con más potencia. Su facilidad de cultivo también hizo mucho. La conclusión es que un cuarto de siglo después, la moda syrah intenta imponerse en España como lo penúltimo de la modernidad en vinos y, en teoría, en calidad. Ni lo uno, claro, ni lo otro, por supuesto. Los vinos elaborados con syrah también hace tiempo que traspasaron las fronteras de La Mancha y, en los últimos tiempos, casi cualquier bodega con aspiraciones y con tintes de modernidad, desde el Priorato hasta el Somontano, sin olvidar las tierras extremeñas, elabora algún vino con mayor o menor porcentaje de uva syrah. No estoy en contra de los vinos syrah. Todos tienen derecho a un hueco al sol, pero también tengo derecho a que no me apasionen. Hay algunos buenos, y también muy caros, pero muy pocos de ellos son españoles. A pesar de eso, salvo muy contadas excepciones, no me gustan. Hay una buena campaña, incluido el boca a boca, a su favor. Es legítimo, pero pasada la primera moda, creo que será un empeño muy complicado conseguir que se impongan en España frente a otras variedades, autóctonas y menos autóctonas. Para vinos recios, ya tenemos las uvas garnacha y cariñena, sin ir más lejos. Y si tenemos que importar, me apunto a las cabernet Sauvignon o a las pinot noir. Sí, cuestión de gustos, y también de modas. Y ahora nos toca capear el temporal de la moda syrah, porque como decía otro ilustre y longevo experto en el buen vivir, George Bernard Shaw (1856-1950), “las modas no son, después de todo, sino epidemias inducidas”. Que nadie se moleste, pero quizá habrá que vacunarse.
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Josep Pla (1897-1981), gran aficionado a la buena mesa, tradicional y no tradicional, y también a los buenos vinos, explicaba desde su larga experiencia que “contra la moda toda lucha es inútil”. 


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