La Revista
Opinion
| Los vinos del Mundial |
| Escrito por Jesús Rivasés | |||
| Lunes, 16 de Agosto de 2010 00:00 | |||
El Mundial de fútbol de Sudáfrica con la victoria de España me obliga a hacer un paréntesis en la serie de “Bebedores ilustres”. Por supuesto, seguirá, pero los grandes acontecimientos merecen también respuestas extraordinarias. Y sí, yo estuve allí, en el Soccer City de Johannesburgo –Joburg, como dicen los lugareños porque es más corto-, y celebré el gol de Iniesta y el gran éxito del fútbol español, que aunque sólo fuera por unos días hizo olvidar complejos tan atávicos como absurdos, al ritmo de “soy español, español, español”. El domingo de julio que España ganó el mundial y el sábado de la víspera también bebí allí vinos sudafricanos. Sudáfrica, aunque pueda sorprender a algunos, produce vino desde hace unos 300 años. Los hugonotes expulsados de Francia que se instalaron alrededor de Ciudad del Cabo en un primer momento llevaron hasta aquellas tierras el conocimiento del vino. Plantaron viñas ya en el siglo XVII y enseguida iniciaron la producción. Ahora, a principios del siglo XXI, Sudáfrica es el noveno productor mundial de vino, elaborado con las uvas de sus 200.000 hectáreas de viñedo. Cerca de un 60% de la producción es de uvas blancas, Sauvignon Blanc y Chardonnay y el resto tintas, sobre todo Pinotage, Pinot Noir, Garnacha y Syrah. Pinotage es una variedad creada en 1925 y es el resultado de un híbrido de cepas Pinot Noir y Cinsault. Los vinos blancos estarían emparentados con los borgoñas y los tintos con vinos más mediterráneos, aunque en ambos casos hay excepciones notables. Lo localidad de Stellenboch está considerada como la capital del vino sudafricano y en sus alrededores están casi el 50% de las bodegas del país. En Sudáfrica, como en todas partes donde se produce, hay vinos magníficos y también otros prescindibles. Entre ambos, muchos ejemplos intermedios y como suele ser frecuenta, alguna que otra rareza. Una de estas rarezas es el tinto “The Chocolate Block, Vintage 2008”. Lo probé a la hora del almuerzo el día que España ganó el Mundial. Por allí también estaba “El francés de Soria”. Fue él quien reparó en una de sus peculiaridades. “The Chocolate Block” es un vino recio, pero que se deja beber y es agradable, elaborado con un 69% de uva Syrah, un 12% de Garnacha, un 10% de Cabernet, un 7% de Cinsault y un 2% de Viognier, una uva blanca, que es lo le confiere la categoría de rareza a este vino. No está, por supuesto, entre los grandes, ni tan siquiera entre los grandes sudafricanos, pero resulta aceptaba y es asequible. En otra categoría figuran, por ejemplo, los Nederburg en todas sus variedades, ya sea el Cabernet Sauvignon, el Private Bin R172 Pinotage, el Merlot o el Malbec. Son, por supuesto, vinos mejores que “The Chocolate Block” y también bastante más caros, aunque a pesar de todo, todavía asequibles, con la excepción de los precios que tienen en algunos establecimientos hoteleros de superlujo. Los vinos sudafricanos no se agotan con estos, ni mucho menos. La oferta es extensa, muy variada y en líneas generales con una calidad medio-alta muy aceptable. Son vinos con personalidad austral y reminiscencias europeas que liquidan, una vez más, el mito de que fuera de Europa –y más modernamente de California- es difícil encontrar buen vino autóctono. Eso sí, al margen de sus virtudes, los vinos sudafricanos saben todavía mejor con el Campeonato del Mundo de Fútbol en el bolsillo. Destacado: Los vinos sudafricanos tienen personalidad austral y reminiscencias europeas que liquidan, una vez más, el mito de que fuera de Europa –y más modernamente de California- es difícil encontrar buen vino autóctono.
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El Mundial de fútbol de Sudáfrica con la victoria de España me obliga a hacer un paréntesis en la serie de “Bebedores ilustres”. Por supuesto, seguirá, pero los grandes acontecimientos merecen también respuestas extraordinarias. Y sí, yo estuve allí, en el Soccer City de Johannesburgo –Joburg, como dicen los lugareños porque es más corto-, y celebré el gol de Iniesta y el gran éxito del fútbol español, que aunque sólo fuera por unos días hizo olvidar complejos tan atávicos como absurdos, al ritmo de “soy español, español, español”. 


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