La Revista
Opinion
| La Web del V(W)ino |
| Escrito por Jesús Rivasés | |||
| Martes, 02 de Marzo de 2010 11:40 | |||
Confieso. Soy culpable. Jancis Robinson, la gran gurú europea –es británica- de los vinos me ha inspirado. Mejor dicho, me ha puesto sobre la pista de cómo llegar al casi infinito y espectacular mundo de los vinos que existe, no más allá de nuestras fronteras más cercanas, sino de todo el mundo. Olvidemos para siempre el paletismo –versión cañí del chauvinismo galo- que nos obliga a defender el vino del terruño más próximo como el mejor. En España hay vinos buenos, sobre todo gracias al gran salto hacia adelanto dado por el sector en el último cuarto de siglo. Hasta entonces, salvo excepciones, la calidad era bastante mediocre. A finales del siglo XX, los únicos vinos españoles que figuraban en la Enciclopedia Británica eran los de Jerez. Era exagerado, sin duda, pero ahí estaban con lugar propio los vinos franceses, italianos, alemanes y también los californianos. Los vinos foráneos son los grandes desconocidos y despreciados por los aficionados españoles sin grandes pretensiones. Es una laguna que habría que cubrir, aunque sólo sea para volver sobre los productos autóctonos, pero con conocimiento de causa. El precio no puede ser un elemento disuasorio. Hay vinos de borgoña en las bodegas, supermercados y centros comerciales españoles a precios muy asequibles, es decir, alrededor de 10 ó 12 euros. Y es sólo un ejemplo. También hay “Lambruscos” a 2 euros, que luego en las pizzerías llegan a cobrar a 10 ó 15 euros, y que hay que descartar de oficio. Cualquier vino vulgar de no importa qué lugar de España es mejor. De la misma manera, muchos vinos de bastantes zonas, por exóticas que nos parezcan, son mejores que algunos de los nuestros, y tienen precios incluso razonables. Sé que me expongo a las iras de algunos puristas, pero como ya he avanzado alguna vez, antes de que concluya el siglo XXI, habrá vinos chinos entre los mejores –y por supuesto entre los más caros- del mundo. Hoy sólo propongo un pequeño ejercicio de exploración, surgido de la lectura de un artículo de la señora Robinson en el Financial Times. La era digital, y la de Internet, ya está en el universo del vino y, como en tantas otras ocasiones, lo mejor es subirse a la ola que viene y cabalgar sobre su espuma. Existen varias páginas de Internet –webs- imprescindibles para los amantes y curiosos del mundo, que tienen la virtud infinita de abrir los horizontes, las mentes y, en este caso, los paladares. No hay que ser un gran experto, pero recomiendo una visita por www.cellartracker.com y por www.vinfolio.com para entrar, de repente, en otros mundos, que como dice el anuncio, están en este. Están promovidas por americanos, como suele ocurrir con estas cosas, pero eso no las descalifica, ni mucho menos. Actúan, de alguna manera, como competencia o contrapoder de gurú Robert Parker, que para muchos tiene un prestigio exagerado. La ventaja de estas webs –alguna tiene hasta 500.000 visitantes mensuales- es que se puede visitar con facilidad y cotillear decenas de miles de vinos, y también añadir comentarios. Los curiosos pueden zascandilear sin cortapisas. Si alguien desea algo más, hay que suscribirse, pero incluso en ese caso hay cuotas simbólicas de hasta 10 dólares al año. Y los escépticos más defensores de las esencias patrias se llevarán alguna sorpresa. Las referencias a vinos españoles se cuentan por miles y, si falta alguna, siempre es posible añadirla, aunque para eso haya que ser socio. La bodega de la esquina es magnífica y también nuestro vino de toda la vida, pero hay otros y merece la pena conocerlos, y ahora en el mundo global es posible y, con salvedades, también asequible. Confieso. Soy culpable de investigar más allá de nuestras fronteras y de curiosear por todas partes. Espero que mi penitencia sea un buen vino. De donde sea, no tengo prejuicios, aunque sí algunas manías.
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Confieso. Soy culpable. Jancis Robinson, la gran gurú europea –es británica- de los vinos me ha inspirado. Mejor dicho, me ha puesto sobre la pista de cómo llegar al casi infinito y espectacular mundo de los vinos que existe, no más allá de nuestras fronteras más cercanas, sino de todo el mundo. 


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