La Revista
Opinion
| Cincuenta años del cava |
| Escrito por José Antonio Vera | |||
| Martes, 05 de Enero de 2010 00:00 | |||
Todo lo que llega a cincuenta años es porque ha contraído méritos suficientes para hacerlo. En una sociedad tan competitiva como la actual, en la que nacen y mueren proyectos y empresas cada día, lo normal es lo perecedero, lo que no se prolonga en el tiempo más que unos cuantos meses. Junto a eso hay firmas o compañías centenarias que llevan a gala los años que tienen porque es para ellos un orgullo haber podido abrirse camino y consolidarse durante tanto tiempo. Nunca una vida prologada es fruto de la casualidad. Al contrario: suele ser por el trabajo permanente y bien hecho, por tener como objetivo la superación y la renovación. Viene todo este exordio a cuento de los 50 años del cava, que ahora se celebran con vida propia, con millones de personas en el mundo que lo piden y lo disfrutan no solo en Navidad, cuando se hace obligatorio para celebraciones y brindis, sino en cualquier época del año, de manera particular en verano, debido a lo agradable que es tomarlo fresco cuando aprieta el calor. Conozco a amigos y amigas enganchados al cava de manera habitual, que lo piden para los aperitivos y para comer, en las fiestas o para cenar, en lugar de otras bebidas de más graduación o de la típica cerveza. Y lo defienden a muerte, sin importarles para nada que tenga entre sus competidores a renombrados champanes que siempre fascinan aunque sea solo por el nombre. No es el cava una bebida solo de catalanes, como pretenden algunos insensatos. Se toma cava en toda España y se toma con agrado, pese a que en ocasiones los problemas políticos han perjudicado a esta popular bebida, saludable si se consume con moderación. Le perjudicó sobremanera la campaña contra productos catalanes desatada tras unas irresponsables declaraciones de Carod- Rovira en las que atacaba la posible celebración de los juegos olímpicos en Madrid. El cava no tenía culpa de nada, tampoco sus empresas y productores ni sus cientos de trabajadores, pero lo cierto es que aquella campaña acabó haciéndole impopular ante muchos ciudadanos, sin justificación y sin razón, pues no he conocido una bebida española que trascienda tanto nuestras fronteras como el cava catalán. Pero desgraciadamente estas cosas ocurren. Aunque sean pasajeras. Hay un aspecto del cava que se cita poco, pero al que me quería referir también en este artículo. Son sus cualidades nutricionales. O saludables. Que las tiene siempre que hablemos de un consumo moderado. Su contenido en sales minerales es excepcional, en especial calcio, magnesio, sodio, fósforo y azufre. Es rico en vitamina B1, pero sobre todo en potasio, importante porque favorece la tonicidad y contractilidad de las fibras musculares lisas y estriadas. A nivel del corazón refuerza la sístole cardíaca. En el tubo digestivo tiene una acción mecánica sobre la musculatura del estómago, mejorando su contractilidad y, por tanto, la digestión. Su riqueza en azufre le confiere propiedades depurativas y desintoxicantes. Su acción euforizante y estimulante sobre los centros afectivos está en relación con el fósforo que contiene. En resumen, es bueno para los estómagos perezosos, tónico para los deprimidos, nutritivo para los cardíacos y un placer para los aficionados. Siempre con moderación, claro. El cava es suave y agradable, y ahora en verano mucho más. Tapear con cava es una delicia. Y degustarlo a los postres, fenomenal. Por sabor y por frescura. Por nutrientes y por ser una bebida muy de la tierra, catalana y española, integrada entre nosotros desde hace ya cincuenta años. Nada menos.
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Todo lo que llega a cincuenta años es porque ha contraído méritos suficientes para hacerlo. En una sociedad tan competitiva como la actual, en la que nacen y mueren proyectos y empresas cada día, lo normal es lo perecedero, lo que no se prolonga en el tiempo más que unos cuantos meses. 


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