La Revista
Opinion
| Experiencias estivales |
| Escrito por José Antonio Vera | |||
| Lunes, 04 de Octubre de 2010 14:42 | |||
Cada vez que salgo fuera de España me tropiezo con un problema recurrente: la calidad de nuestros productos en el exterior es más que mejorable. Ciertamente es posible encontrar vinos españoles buenos y comida española de verdad. Pero no es tarea fácil. Lo habitual es que te topes con restaurantes de tapeo que dejan mucho que desear, y con vinos de muy poca calidad que seria preferible no encontrar, pues rebajan bastante la apreciación sobre la calidad de la marca España. Este pasado verano me sucedió una vez más. Anduve por la costa oeste de los Estados Unidos, los pequeños estados de la bella Nueva Inglaterra, con alguna escapada a Nueva York, donde me recomendaron un par de restaurantes españoles, entre ellos Mercat, al parecer vinculado a Ferran Adriá. La decepción no pudo ser mayor. El pan tumaca estaba hecho con tomate de bote esparcido sobre una cosa que parecía pan pero que nada tenia que ver con el pan payes. La tortilla española era una amalgama de huevo del todo irreconocible y el jamón no valía ni para los puercos. El local era tan oscuro que no te dabas de bruces contra las mesas de milagro. Todo estaba en catalán y no encontrabas a nadie que te hiciera un solo guiño en español, pese a que en New York es francamente complicado encontrar un comercio en el que no se hable español. Si al menos hubiéramos tenido la ocasión de saborear buena comida catalana habríamos dado por buena la aventura. Pero nada de nada. Ni siquiera los vinos, que aun siendo de origen ibérico tenían unos precios imposibles. Diferente fue la experiencia en Boston. Hay un clásico español, Dali, en donde podías tomar Emilio Moro y picotear auténticas olivas con muy buenas gambas al ajillo, y otro más en el centro de la ciudad con unos montados de solomillo ciertamente exquisitos. Aunque la palma se la llevo El Chotis, ya de vuelta por San Juan de Puerto Rico. Tenían fabada asturiana y otros platos de cuchara, muy bien hechos, amen de unos calamares fritos que me recordaron a los que comía de joven en la Plaza Mayor de Madrid, con tortilla y pan tumaca de verdad, y hasta cerveza Mahou cinco estrellas. El vino, fenomenal: riojas y riberas auténticos muy ricos y a precios razonables. El Chotis es de apariencia sencilla, pero por allí han ido hasta Garzón y el mismísimo Rey. Lo recomiendo vivamente porque en medio de tanta mediocridad e imitación es de agradecer que alguna vez pueda uno degustar auténtica comida española en el extranjero junto a un buen caldo de la tierra. Bien sabe Dios que cuando llevas casi treinta días por esos mundos, un poco de gastronomía patria se agradece infinito.
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Cada vez que salgo fuera de España me tropiezo con un problema recurrente: la calidad de nuestros productos en el exterior es más que mejorable. Ciertamente es posible encontrar vinos españoles buenos y comida española de verdad. Pero no es tarea fácil. Lo habitual es que te topes con restaurantes de tapeo que dejan mucho que desear, y con vinos de muy poca calidad que seria preferible no encontrar, pues rebajan bastante la apreciación sobre la calidad de la marca España. 


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