La Revista
Opinion
| Redescubrir el Ribeiro |
| Escrito por José Antonio Vera | |||
| Martes, 02 de Agosto de 2011 00:00 | |||
Uno de mis descubrimientos de este verano, vitivinícolamente hablando, ha sido el del Ribeiro. Redescubrimiento quiero decir, pues se trata de un caldo que tomé con gran agrado en mi juventud para acompañar a los típicos platos gallegos en numerosos restaurantes de la capital de España. Después lo abandone porque yo creo que sus productores lo descuidaron y dejó de ser un vino exquisito o de vanguardia.
Este verano me volví a reencontrar con él en Santiago de Compostela, de la mano de Juan Luis Viñas, empresario gallego de éxito que preside la cadena hotelera Carrís Holetes, amen de proyectos inmbolidarios en la costa norte de Brasil. Carris ha abierto nueve establecimientos en Galicia, todos muy cuidados en diseño y magníficamente bien situado en el centro de los principales núcleos urbanos, y además proyecta abrir otro más de inmediato en Portugal. Me dijo Viñas, con gran razón, que el Alvariño es inmejorable pero que ahora se están haciendo unos Ribeiros blancos estupendos. Cosa que es verdad. Los nuevos Ribeiros son agradables, muy fresquitos y ligeros, nada cabezones, casi transparente de color y levemente fuertes de sabor, como a mi me gustan los blancos en verano. Elaborados con uvas autóctonas, tras unos años en los que este vino estuvo alejado de la moda, ahora ha vuelto por merito a las mesas por mérito propio. Enhorabuena por esta recuperación varietal que en otra época parecía casi imposible. Cepas de uvas como la treixadura, la loureiro, la godello, o la torrontés se están imponiendo en el mercado gallego y español cuando parecía que el ribeiro estaba olvidado. No lo esta en absoluto. Ribeiro es la palabra que designa a una comarca en la que se hace el vino que lleva este nombre, denominación orensana ligada al valle del Miño, pero también a los del Avia, el Arnoia y el Barbantiño. Se hace en muy pocos municipios, y de manera particular en el término de Ribadavia. Los blancos de Ribeiro son los más conocidos y los que han dado fama a la comarca. De ellos he saboreado este verano con gran placer el Viña Mein, el Coto de Gomáriz, el Campante, el Casal de Armán y el Vilerma. Todos muy bien, aunque si tuviera que recomendar uno me quedo sin lugar a dudas con Viña Mein. Y ojo porque en Ribeiro también están comenzando a trabajar con esmero los tintos. Suponen apenas el 15 por ciento de la denominación y se elaboran con uvas como la Brancellao o la Mencía. Siempre fueron rudos y ásperos, pero ahora me empiezan a gustar fresquitos, para acompañar un buen pulpo o una carne braseada. O, por supuesto, una sabrosa ternera gallega. En fin, que bienvenidos otra vez al sempiterno Ribeiro, un vino algo olvidado durante años que renace y nos acerca a los verdes valles de los que procede, con ríos que cuando sale el sol brillan como si fueran de auténtica plata, propios de una comarca saturada de paisajes profundos, verdosos, divinos, azules y siempre fascinantes.
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Uno de mis descubrimientos de este verano, vitivinícolamente hablando, ha sido el del Ribeiro. Redescubrimiento quiero decir, pues se trata de un caldo que tomé con gran agrado en mi juventud para acompañar a los típicos platos gallegos en numerosos restaurantes de la capital de España. Después lo abandone porque yo creo que sus productores lo descuidaron y dejó de ser un vino exquisito o de vanguardia.



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