La Revista
Opinion
| Vino y crisis |
| Escrito por José Antonio Vera | |||
| Miércoles, 01 de Diciembre de 2010 08:43 | |||
La crisis económica ha afectado tanto al vino como a cualquier otro producto. Malos tiempos para una industria que lucha por abrirse camino en un mercado incierto. Hace unos años en Argentina me comentaron como la media de consumo per cápita de caldos en ese país era de 65 litros. Me dijeron entonces que en España era la mitad, lo que me pareció bastante pobre. Pues bien, la realidad es que nuestro consumo medio anual ha seguido bajando y ahora estamos en 18 litros por persona, frente a los 70 de los años sesenta. Curiosamente nuestros vinos son hoy mucho mejores que entonces, y se han abierto al mundo de la exportación de manera que ya no es complicado, como antaño, encontrar tintos o blancos nacionales en cualquier lugar del orbe. Pero el mercado interno sigue tocado. Tuve oportunidad de hablar del tema en una reciente visita a La Rioja. En animada conversación con el consejero de Presidencia de aquella Comunidad autónoma, Emilio del Rio, supimos que el consumo interior se está afortunadamente recuperando, aunque aún queda bastante por hacer en este aspecto. En el l Consejo Regulador del Rioja nos explicaron como de dura ha sido la crisis para un sector en el que se había concentrado mucha inversión nueva, en ocasiones procedente de los réditos inmobiliarios o de la construcción. Rioja es una marca consolidada y sus bodegas tienen solera y larga tradición, por lo que justamente se trata de una denominación que ha podido soportar mejor la crisis que otras. Pero el drama ha sido importante en los ámbitos de las bodegas nuevas con poco recorrido y mucha inversión reciente. En España hubo un “boom” del vino paralelo al “boom” de la construcción. Se crearon firmas por todas partes y surgió un universo de marcas casi imposible de abarcar. La situación actual ha hecho que muchas de ellas reconduzcan su actividad o incluso la eliminen. Una pena porque eso supone parálisis económica y menos puestos de trabajo. Pero es verdad que los mercados acaban ajustándose más tarde o más temprano, y en el español parecía necesario un cierto equilibrio tras una ebullición en cierta medida artificial o exagerada. También tuve oportunidad semanas atrás de comentar la cuestión con la consejera de Agricultura de Castilla Leòn, la eficaz Silvia Clemente, que coincide en el análisis de la dificultad si bien en su autonomía las cosas han ido este año razonablemente bien gracias a la iniciativa Tierra de Sabor, que les está reportando un resultado extraordinario no solo en lo que a los vinos se refiere, sino también en materia de alimentación y productos autóctonos tan reconocidos como el Guijuelo, el Cochinillo o el Lechazo. Tierra de Sabor ha sido un éxito total. Lo admiten todo el mundo en la autonomía castellana, pero también en otras comunidades donde reconocen la idoneidad de una fórmula que tiene la virtud de haber llegado al consumidor. Algo no siempre fácil de conseguir. El pasado año Silvia Clemente abanderó una más que interesante iniciativa en Madrid, que sirvió para presentar en sociedad los más que conocidos caldos castellano-leoneses. Constituyó un acontecimiento. Llegaron un día a cerrar al tráfico la calle Lista para convertirla en una inmensa bodega al aire libre en donde tuvimos oportunidad de degustar todo tipo de caldos. La iniciativa tuvo gran resonancia en los ambientes gastronómicos de Madrid. Es evidente que en tiempos de crisis hay que moverse y reinventarse incluso en aquellas tierras en donde el vino goza de larga tradición. Porque aún siendo como somos el mayor viñedo del mundo, la realidad es que en consumo no vamos bien. Es como si las nuevas generaciones le estuvieran dando la espalda a este producto milenario.
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La crisis económica ha afectado tanto al vino como a cualquier otro producto. Malos tiempos para una industria que lucha por abrirse camino en un mercado incierto. Hace unos años en Argentina me comentaron como la media de consumo per cápita de caldos en ese país era de 65 litros. Me dijeron entonces que en España era la mitad, lo que me pareció bastante pobre. Pues bien, la realidad es que nuestro consumo medio anual ha seguido bajando y ahora estamos en 18 litros por persona, frente a los 70 de los años sesenta. 


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