Opinión

Publicado el 23/06/2022 Categorías : Opinión , REVISTA
Activo refugio  y vinos sorprendentes

Por Jesús Rivasés, columnista, tertuliano y escritor

El vino, en tiempos de incertidumbre, agravados por la guerra de Putin, se ha convertido para algunos en una especie de activo refugio, una inversión que no solo mantiene su valor, sino que lo aumenta. No vale cualquier vino, claro, ni tan siquiera esa botella tan querida que se guarda, como oro en paño, en la bodega de casa. Lo más probable, dicho con todo el cariño, es que esa botella –salvo alguna excepción realmente puntual- tenga poco valor real, más allá de la satisfacción que puede dar el bebérsela. Quizá ese sea el mayor y mejor valor del vino.

Por eso, la recomendación general es beber el vino y no almacenarlo años y meses en la creencia de que gana en calidad y valor. Algunos pueden mejorar en calidad, pero tampoco es demasiado frecuente. Liv-Ex es el mayor y más importante mercado organizado del vino, que funciona desde hace más de un cuarto de siglo. Está en Londres, pero en tiempos de internet y comunicaciones instantáneas también está allí donde haya una conexión y dos o más con dinero, dispuestos a hacer una transacción. Liv-Ex, tiene tres índices principales, además de otros secundarios, y su operativa no es muy diferente de la del Ibex español. Liv-Ex Fine Wine 50, Liv-Ex Fine Wine 100 y Live-Ex Fine Wine son los hermanos mayores de una familia en la que también tienen relevancia el Liv-Ex 100 y el Liv-Ex 1000. Los tres primeros son los que acumulan más valor, mientras que los otros son más referencia de grandes operaciones de compra y venta. La expresión inglesa “Fine Wine”, que se traduciría

literalmente como “vino fino”, no hace referencia a nuestro “fino”, sino que quiere decir en realidad “vinos de lujo”, que son los que tienen valor en este mercado. En estos tiempos de incertidumbre, el índice Liv-Ex Fine Wine no solo se ha mantenido estable en el primer y convulso trimestre de 2022, sino que su comportamiento ha sido mejor que el de todos los índices de valores, incluidos el FTSE100 de la bolsa de Londres y el Dow Jones de la de Nueva York y acumulan 18 meses ininterrumpidos de ganancias.

Tampoco es flor de un día, porque el más popular índice Liv-Ex, con más de 20 años de antigüedad arroja, en los últimos tres lustros, más rentabilidad acumulada que el índice S&P 500, quizá el mayor referente –porque incluye 500 empresas- de los mercados de valores de todo el mundo. Los distintos índices de este mercado, salvo el denominado “Resto del mundo”, están dominados, sobre todo, por vinos franceses. Por ejemplo, en el más amplio Liv-Es Fine Wine 1000, la presencia de vinos galos–incluye champagnes- es abrumadora y solo compensada por una pequeña presencia de vinos de California, Italia y Australia.

¿Y España? Sí, España tiene hasta 10 vinos en esa lista “de lujo”. Lo que ocurre es que hay que hacer una matización. Todos los vinos españoles en esa relación son de las bodegas Vega Sicilia, concretamente el Vega Sicilia Único, de los años comprendidos entre 2022 y 2011. Eso da una idea de la solidez de la marca y de su calidad, pero también es una gota de vino español en el océano del vino mundial. Italia, sin ir más lejos –quizá por su tradicional habilidad comercial y de márketing-, tiene vinos de hasta siete bodegas diferentes, siete vinos diferentes en esa lista. Para los curiosos: tres del Piamonte: Barolo, Gaja y Giacomo Contorno y cuatro de la Toscana: Ornellaia, Sassicaia, Solaia y Tignanello. La poca representación de los vinos españoles es evidente y la explicación habría que buscarla en los defectos de marketing y comercialización, porque hay vinos españoles de la misma o superior calidad que los italianos que figuran en el índice. Pingus ha estado en alguna ocasión y figura en el índice llamado “resto del mundo”, pero poco más. (Por último, y entre paréntesis, dos curiosidades. En Noruega, sí, producen vino desde hace algunos años, con uno llamado Sognefjord como mascarón de proa. Por otra parte, cosas del cambio climático, Taittinger va a empezar a comercializar champagne –no se puede llamar champagne, pero esa es otra historia- elaborado en Kent, Inglaterra, con uvas autóctonas).

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