En determinados lugares de Sudáfrica, algunos viticultores llevan ya tiempo experimentando con cáscaras de huevo de avestruz para fermentar sus vinos. Utilizan esos huevos como recipientes, que sellan debidamente, con el objetivo de facilitar una microoxigenación controlada gracias al carácter poroso de este material. Con ello consiguen vinos más sutiles y untuosos, con taninos más suaves y sabores más complejos.
La cáscara protege además el vino de la luz y de las posibles fluctuaciones de temperatura. Y, por qué no, también aporta un toque de exclusividad por el que muchos consumidores están dispuestos a pagar, especiamente teniendo en cuenta que este proceso de elaboración no resulta nada barato.
Una de las bodegas más conocidas por emplear esta técnica es Paternoster Wines, que destaca por su carácter innovador y por producir vinos exclusivos utilizando métodos tan poco convencionales como este.
