En una denominación de origen como Ribera del Duero, donde la carta de presentación son principalmente vinos tintos elaborados con la variedad reina de la zona, la tempranillo, encontrarse con una bodega que haya dado su merecido espacio a una uva blanca como la albillo mayor es una suerte.
Esto es precisamente lo que hizo Bodegas Virtus a partir de 2019, momento en el que el Consejo Regulador permitió la comercialización de vinos blancos de albillo mayor con el marchamo de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Esta variedad de uva ha estado siempre presente en la zona. Es habitual encontrar en los majuelos de cepas más viejas variedades tintas y blancas mezcladas, destinadas a elaborar clarete, el vino tradicionalmente consumido.
Virtus realizó una selección exhaustiva de cepas viejas de albillo mayor con el objetivo de trabajar en vinos de larga guarda. Estos majuelos de cepas viejas se encuentran en las laderas soleadas de Hontoria de Valdearados y Villálvaro (provincia de Burgos y Soria, respectivamente), a más de 900 metros de altitud, con suelos de textura franco-arcillosa con piedra blanca caliza.
El primer vino lanzado al mercado elaborado con esta variedad fue El Sueco Albillo Mayor, con una crianza de 6 meses en barricas de roble francés. Una pequeña parte del vino se mantiene durante 7 meses en contacto con las pieles en ánforas de cocciopesto. Este material tan particular era el cemento de los romanos: una mezcla de teja molida, arcilla caliza y cal viva que, al fraguar, crea una estructura porosa, resistente al agua y con gran resistencia a los cambios de temperatura.
La culminación de esta apuesta por la albillo mayor llega con el lanzamiento de Virtus Albillo Mayor 2020, el primer Gran Reserva blanco de la casa. Procede de los mismos viñedos viejos en vaso que dieron origen a El Sueco Albillo Mayor, ubicados en las laderas de Hontoria de Valdearados y Villálvaro, pero aquí se ha buscado una expresión aún más profunda del terruño. Los suelos —de textura franco-arcillo-calcárea, con abundante piedra blanca caliza— y la altitud superior a los 900 metros imprimen al vino una frescura estructural y una mineralidad distintiva, acentuadas por un clima continental de contrastes térmicos marcados.
La elaboración ha sido tan meticulosa como ambiciosa: fermentación espontánea en barricas de roble francés a baja temperatura, seguida de una crianza con sus lías de más de dos años —512 días en barricas de 300 litros y otros 253 en barricas de 600 litros—. Esta crianza prolongada ha dado lugar a un vino blanco voluminoso, profundo y con una notable capacidad de guarda.
En nariz, destaca por sus aromas a fruta de hueso madura, pera, melón y matices especiados como camomila, laurel o anís estrellado. En boca, sorprende por su equilibrio, su textura amplia y un final elegante con recuerdos de brioche y miel, fruto de su evolución. Un vino con alma gastronómica, capaz de envejecer con dignidad durante al menos una década.
Virtus Albillo Mayor no solo reivindica el valor histórico de esta uva blanca, sino que la proyecta hacia el futuro con una interpretación de altura, en todos los sentidos. Es, sin duda, uno de los blancos más serios y singulares que han nacido en Ribera del Duero.



