“Viticultores y bodegas deben adaptarse a la nueva situación para mantener su competitividad”
Como productor y apasionado del vino español, no puedo evitar sentir preocupación por la situación actual en la que se encuentra nuestro sector. La batalla arancelaria entre la Unión Europea y Estados Unidos ha concluido su primera fase y, aunque la sensación generalizada es de haberlo hecho de manera insatisfactoria, es importante analizar las implicaciones que esto tendrá para nuestras bodegas y viticultores.
La amenaza de un presidente Trump dispuesto a alterar los acuerdos según sus conveniencias ha generado incertidumbre. La Unión Europea ha intentado negociar un pacto que beneficie a ambos lados, pero no ha sido suficiente. Las reacciones del sector han sido de decepción, ya que se esperaba que las declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sobre acuerdos arancelarios de “cero por cero” incluyesen finalmente a las bebidas espirituosas y al vino.
Esto no ha sucedido, lo que ha llevado a calificar las negociaciones de “fracaso” por parte de Espirituosos España y a lamentarlo la Organización Interprofesional del Vino de España. Es comprensible la frustración, dado que el mercado norteamericano es uno de los más importantes para el vino español.
El acuerdo tendrá efectos muy desiguales entre las bodegas españolas, según su exposición al mercado estadounidense. Algunas, muy volcadas en la exportación, verán afectados sus ingresos de forma significativa, mientras que otras se verán menos impactadas. Se abren ahora negociaciones con importadores y distribuidores americanos sobre cómo repartir los costes y qué parte repercutir a un consumidor en dificultades económicas. El cliente norteamericano, cada vez más exigente, busca productos de calidad a precios razonables, lo que obliga a nuestras bodegas a adaptarse y mantener su competitividad.
Por otro lado, el sector se enfrenta a un grave problema con la vendimia y los precios a los que cerrarán los contratos con los viticultores. Las previsiones iniciales apuntaban a una cosecha superior a la de campañas pasadas, marcadas por producciones bajas y cotizaciones sostenidas debido a la sequía. Sin embargo, el ataque más severo de mildiu en racimo jamás registrado, junto con la ola de calor africana de agosto, ha reducido drásticamente la producción. Se espera que las cotizaciones de la uva y el mosto sean contenidas y que las operaciones se limiten a producciones muy concretas. La vendimia es muy desigual entre zonas afectadas y aquellas que lograron contener la plaga. Es fundamental que viticultores y bodegas trabajen juntos para encontrar soluciones y adaptarse a esta nueva realidad.
De esta forma, la batalla arancelaria y la vendimia incierta se convierten en un doble desafío para el sector vitivinícola español, que necesita apoyo institucional y estrategias firmes para mantener su posición en el mercado internacional.


