Por Alberto Matos, director editorial de Vivir el Vino
En plena era digital, que una revista impresa cumpla 25 años no resulta fácil, nada fácil. Mucho menos si está vinculada a un sector como el del vino, sujeto a la arbitrariedad de las decisiones políticas, a los ataques de sus crecientes detractores y a la volatilidad de unos mercados que, como seguramente suceda ahora con los aranceles de Trump, empujará a una toma drástica de decisiones.
Ya ha ocurrido en otras ocasiones. Ante un escenario de crisis, las bodegas reaccionan adoptando medidas contundentes, entre las que nunca faltan unos recortes en inversión publicitaria que pueden suponer el golpe definitivo para muchas publicaciones. De hecho, no son pocas las que se han ido quedando en el camino a lo largo de estos años. Una lástima, pues cada revista que deja de imprimirse representa una pérdida irreparable en el ecosistema informativo, una merma en la diversidad de voces que enriquecen el debate y el conocimiento.
Por eso, es un orgullo formar parte de un equipo que no solo ha conseguido resistir los envites de las sucesivas crisis, sino que también ha sabido evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos. Y lo que es más importante, ha logrado mantener el cariño y el respeto de los profesionales del sector.
Será quizás porque Vivir el Vino no ha olvidado en ningún momento sus principios, ofreciendo un escaparate al universo vitivinícola, a sus protagonistas, a las tendencias, a las historias…
En estos 25 años hemos asistido al alumbramiento de nuevas denominaciones de origen, al auge de muchas bodegas, a la consolidación de enólogos visionarios, a la transformación de la cultura del vino en España... Hemos podido comprobar que el consumidor se ha vuelto más exigente, más informado, más apasionado.
Y todo eso ha quedado reflejado de alguna manera en forma de reportajes y entrevistas que han dado voz a los grandes nombres del vino. Hemos entregado premios, asistido a eventos históricos y brindado con generaciones de lectores que han hecho de Vivir el Vino lo que es hoy.
Estas bodas de plata son de todos, de los periodistas, de los colaboradores, de los catadores, de los bodegueros, de los publicistas, de los distribuidores, de los sumilleres y, cómo no, de todos los lectores que siguen confiando en el poder del papel, en la emoción de pasar páginas con una copa en la mano.
Seguiremos adelante con el mismo compromiso que nos trajo hasta aquí. Porque el vino es cultura, es historia y es pasión. Y nosotros seguiremos Viviendo el Vino.


