Opinión

Publicado el 31/01/2022 Categorías : Opinión , REVISTA
Burbujas para siempre y siempre

Por Jesús Rivasés, Columnista, tertuliano y escritor

El vino y su cultura –todo un arte y muy sofisticado, incluso en la producción y consumo más modestas- es un fenómeno mediterráneo en su origen. Ahí están la tradición y la historia. Como dice un dicho popular cínico, “los antepasados dan alcurnia y no molestan”. Avanzado el siglo XXI, el futuro del vino, más allá de sus lugares de producción, se ventila en los mercados anglosajones.

En primer lugar en Londres, ahora mismo la capital mundial del vino, y después en Nueva York y en el mercado estadounidense, en el que hay un potencial enorme y muchas más cosas que hamburguesas y Coca-Cola. La globalización del vino también genera dislates –distopías dirían algunos- notables. Eric Asimov, el muy reputado crítico de The New York Times, que sabe de lo que habla pero que a veces se pasa de listo, acaba de explicar, a la hora de hablar de burbujas, que una tarde festiva de sábado o domingo, ante una pizza, quizá es mejor un lambrusco que un champagne. Ambos tienen burbujas y el primero es más económico, es cierto, pero la comparación ofende. También el agua mineral con gas tiene burbujas.

Los gustos, las aficiones y las capacidades –también económicas- de cada uno son las que son y todas respetables, pero conviene no confundir la velocidad con el tocino. Las burbujas durante mucho tiempo –quizá demasiado- se asociaban con la Navidad y las celebraciones. En España, las burbujas eran el cava, un producto notable, de muy buena calidad, producido con el mismo método que el champagne pero –salvo excepciones, con uvas distintas, lo que obviamente daba una resultado satisfactorio y de alta calidad, pero diferente. Hay también, en el mundo, muchas otras burbujas, desarrolladas con métodos similares. Unas son mejores que otras y, por supuesto, hay que respetarlas, pero sin llegar al disparate de comparar un lambrusco –aunque sea de origen italiano, Freixenet hace uno “excelente”- con un champagne, es algo estrambótico. Eso no significa que todas las burbujas que no procedan de la Champagne sean deleznables y no se puedan tener en consideración. Simplemente, conviene tener las ideas claras.

Sin ir más lejos, muy cerca de la denominación de origen de la Champagne, en la región del Jura, en Alsacia y en los alrededores de Limoux, se elaboran los llamados “Cremant”, que quieren jugar con el equívoco de que son parientes cercanos de los champagnes, pero que dejan mucho que desear. De hecho, la mayoría de los cavas considerados de gama medio-alta son mucho mejores. Los demás, como cualquier burbuja peleona, sea de donde sea, es mejor dejarlos en el olvido. Vino con burbujas hay en muchos lugares pero, al margen de los champagnes y de los cavas, hay varios sudafricanos, ingleses y chilenos que pueden merecer la pena.

No es sencillo conseguirlos en España, pero como experiencia, más o menos original, merece la pena. Unas pocas sugerencias para los que desean sensaciones nuevas sin correr grandes riesgos. Lubanzi Sparkling son unas burbujas sudafricanas a un precio razonable, que merecen la pena ser probadas, al igual que otras muchas de aquel país –con las mismas uvas y método que el champagne-, al menos una vez. Nyetimber Classic Cuvée y Bolnee, blanc de blancs, son dos vinos con burbujas ingleses que harán que muchos de los que los prueben no quieran creer de dónde proceden. El cambio climático y las técnicas hacen maravillas y la zona sur de Inglaterra quiere tener su hueco entre las viñas del mundo y no es imposible.

Por último, el Undurraga brut chileno puede despistar a la mayoría de aficionados a las burbujas, a los que les parecerá excelente sin conocer su procedencia y, cuando la descubran, tendrán que rendirse ante la evidencia. No es, por supuesto, el momento de hablar de los muchos y excelentes cavas autóctonos –también los hay menos buenos y malos- y, claro, para los más exquisitos, siempre nos quedarán algunos de los clásicos de la Champagne. Louis Roederer, Pol Roger, Charles Heidsieck, Tattinger, Bollinger, Dom Perignon y Krug –todos al margen de sus precios- nunca fallan. Felices y burbujeantes fiestas. Burbujas para siempre y siempre, en todo momento y lugar.

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