Por Jesús Rivasés, columnista, tertuliano y escritor
El mercado del vino, como todos, aunque quizá con otros ritmos, también sufre altibajos. Tras años y decenios espectaculares, en los últimos ejercicios las ventas se han resentido. Los expertos enumeran diferentes razones, desde los cambios de hábitos, sobre todo entre los más jóvenes, hasta la caída de la demanda asiática -China sobre todo- en la que podía haber una cierta burbuja y el aumento de precios. El champagne ha sufrido esos vaivenes. Hace un año, más o menos, incluso en España existía un cierto desabastecimiento de algunas marcas, algo que los vendedores explicaban porque los compradores asiáticos acaparaban gran parte de la producción, con la consiguiente alza de precios. Ahora, las tornas parecen haber cambiado y los productores, que vuelven la vista hacia el Viejo Mundo, exploran también formas de promocionar las ventas, este caso del champagne, con iniciativas que combinan “glamour”, historia, lujo y el arte. Al fin y al cabo, dicen, “el champagne es cultura”.
Madrid, ciudad de moda en Europa, es también un mercado en auge para el vino y, entre los vinos, el champagne. Hace unas semanas Laurent-Perrier y Caspian Pearl organizaron una cata-degustación cuyo plato fuerte era el maridaje de distintos champagnes de la marca con otros tantos tipos de caviar. Ocurrió en el Hotel Santo Mauro, el buque insignia del grupo de Antonio Catalán, que ha puesto en marcha una iniciativa para ofrecer de forma regular una combinación de ambos productos. La experiencia incluyó la degustación de cuatro champagnes Laurent-Perrier: Blanc de Blancs, brut nature; Heritage; Brut Millésimé 2015 y Grand Siécle Iteración no 26. Todos esos vinos había que maridarlos con otras cuatro clases de caviar: Kaluga Imperial; Beluga Extra (000), Asetra (Oscietre) y Schrenckii Royal Amur. Todos ellos de Caspian Pearl, una empresa familiar originaria de Rasht y Bandare-Anzali, al norte de Irán, en la orilla sur del mar Caspio. La compañía tiene más de un siglo y son ya cuatro las generaciones de la misma familia que están al frente de ella. Presentes en España desde hace décadas explican que el objetivo de Caspian Pearl es “ofrecer el mejor caviar de acuicultura semi-salvaje fresco, sin pasteurizar, con –dicen- el mismo sabor, textura y calidad que el caviar de esturión salvaje del mar Caspio”.
El resultado más evidente de la cata fue la facilidad de maridar ambos productos. El Blanc de Blanc de Laurent-Perrier elegido, 100% chardonnay, quizá el más ligero y fresco, resultaba idóneo también con un caviar de sabor menos fuerte, pero aceptaba cualquier otro sin dificultades. Algo muy similar se puede decir del resto de champagnes elegidos. El Héritage, el primer brut elaborado 100% con uvas de reserva, 55% chardonnay y 45% pinot menieur, es un vino complejo, maduro y muy agradable. En año 2015 fue un año de grandes contrastes y extremos, un invierno suave y lluvioso, seguido de una primavera con un periodo de temperaturas bajo cero, antes de un verano tormentoso y muy cálido. De ahí procede el Brut Millesime 2015, 50% chardonnay y 50% pinot menieur, que solo se elabora en añadas excepcionales y como máximo cada dos años. Por último el Grand Siècle Iteration no 26, pretende, según la “maison” en su estrategia comercial, “recrear la añada perfecta”, si eso es posible. Para ello ha hecho un ensamblaje de añadas, con un 65% de la 2012; un 25% de la de 2008 y un 10% de la de 2007. Todo con un 58% de chardonnay y un 47% de pinot noir de 8 Grand Crus. Como todos, merece la pena probarlo y si se puede maridar con caviar la experiencia es todavía más extrema.
Casi al mismo tiempo, también en Madrid, Dom Pérignon presentó lo que denominan Pop Up, concebido para que tuviera vida efímera -un fin de semana- pero que dejara huella. El objetivo era dar a conocer sus ediciones limitadas “End of Year” -final de año- en un espacio en donde el protagonista también fuera el arte. Es decir, una pequeña exposición en la que se podía tomar champagne, acompañado de mini-tapas de alta cocina. Dom Pérignon presentaba su Vintage 2015 y el Rosé Vintage 2010, ambos con etiquetas diseñadas por el artista japonés Takashi Murakami, que ha llevado a esas botellas de champagne sus famosas flores. Una mezcla del lenguaje visual audaz del nipón con la histórica estética minimalista de Dom Pérignon. Una excusa para visitar una pequeña exposición de pintura y beber champagne. Nuevos tiempos, nuevas formas de promoción.


