Opinión

Publicado el 19/02/2020 Categorías : Opinión , REVISTA
De Tenerife a Moscú

María José Plasencia y Raquel Navarro
Sumilleres del restaurante El Rincón de Juan Carlos

El pasado mes de noviembre tuvimos la oportunidad de participar en unas jornadas gastronómicas en la ciudad de Moscú. El equipo al completo de El Rincón de Juan Carlos voló a la ciudad rusa para trabajar en un evento en el emblemático hotel Four Seasons, junto a la Plaza Roja.

La idea era trasladar a Rusia el trabajo que hacemos en El Rincón de Juan Carlos y ampliar menú con su cocina, en definitiva, unir culturas. A nuestra llegada, nos recibieron varios sumilleres y el jefe de cocina del restaurante Peshi. Nos sorprendió encontrar algunos de nuestros vinos canarios allí, y que conocieran proyectos como el de Suertes del Marqués, Envínate o Borja Pérez. Eso sí, su cultura les empuja a valorar el producto por su precio porque, para ellos, un buen vino tiene que ser caro. 

El Cabildo de Tenerife ofreció la logística para introducir allí los productos que queríamos trabajar; fueron un total de 400 cenas y llegaron a Moscú 150 botellas de nuestros vinos de Tenerife. Varias bodegas tinerfeñas tuvimos representación en este destino. Era importante concretar los últimos detalles para las jornadas de los siguientes días, de modo que concertamos una cata para un pequeño grupo de distribuidores. Tuvimos el honor de contar con la presencia del presidente de la asociación de sumilleres de Rusia, especializado en vinos españoles. En la cata, pudimos dar a conocer un pequeño número de referencias
de blancos secos, tintos jóvenes, y dulces. 

Como anécdota, los rusos tienen un sistema diferente a nosotros con respecto a las catas. El almuerzo duró tres horas y no quedó una sola botella sin terminar. Nos explicaron que no conciben nuestro sistema, que amplían las jornadas de cata con menús de degustación y alternan los vinos con champán. Pues bien, de forma unánime, destacaron los vinos canarios por su mineralidad, su influencia atlántica y su diversidad.

Gracias a un pequeño grupo de prensa nacional e internacional que nos acompañó en la cena de gala, pudimos dar a conocer el gran trabajo que hacemos, fusionando las dos cocinas y el mundo del vino. 

Fue el Humbolt Dulce del año 1997 el que destacó entre todos los vinos. Y fue este licoroso de Tacoronte-Acentejo, elaborado con Listán Blanco y envejecido  durante cinco años en barricas de roble francés, el preferido por el arraigo que tienen de añejos en la cultura rusa. Este es un vino con aromas complejos, además de untuoso e intenso. 

En definitiva, tuvimos una grata experiencia en Rusia. En contra del concepto que teníamos inicialmente sobre la relación que tienen los rusos con el consumo de vino -ya que es mínima la producción que tiene en el sur del país-, descubrimos que tienen un alto conocimiento sobre vinos, especialmente sobre los franceses y alemanes. 

Pudieron disfrutar de platos como nuestra brioche frita con bacalao y caviar ruso, la versión de la Benedictine; el espárrago a la brasa y pesto con queso de flor de guía de Gran Canaria, o los postres de Jonathan, como el taco de millo con ajo negro y yogur, además de la crema de brioche con helado de fondillón y guayaba.

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