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Publicado el 10/05/2022 Categorías : REVISTA , Sostenibilidad , Viticultura y enología
El arca de las variedades perdidas (II)

Cata de vinos elaborados con variedades ancestrales recuperadas

Hemos realizado una selección de monovarietales elaborados con variedades ancestrales recuperadas. Todos ellos son vinos singulares, en muchas ocasiones únicos en su especie, que ofrecen unos registros diferenciadores y muy enriquecedores.

Su valor va más allá de preservar la riqueza genética, ya que aportan perfiles muy interesantes, diferentes y con un estupendo futuro de cara al Cambio Climático.

En los casos en los que se comercializa (por ejemplo, el Benedicto de Luis Cañas es un vino experimental sin fines comerciales) lo hacen en producciones limitadísimas, de menos de mil botellas en la mayoría de los casos, por lo que queremos agradecer especialmente a los productores el esfuerzo que han realizado al permitirnos conocer sus vinos y realizar esta cata.

Una variedad a la que hay que seguir muy de cerca. Destaca su extraordinaria acidez, muy bien equilibrada, más sobria que la de la Godello pero que sujeta maravillosamente el vino, consiguiendo un blanco muy amable, con carnosidad y estructura en boca. Su nariz determina muy bien su zona, marca muy bien que es Ribeiro, más que por la parte frutal (de fruta blanca, muy marcada, que con tiempo da paso a cítricos maduros como la naranja o el pomelo rosa), por su parte vegetal, floral y salina, con notas en boca de hoja en otoño. Es un vino muy bien construido, en el que la nariz se continúa de manera natural con su largura en boca. Siendo un vino muy redondo, con una tipicidad de zona muy clara, es largo, bien estructurado. A destacar su gran potencial de envejecimiento.

La puesta en Cruz es una variedad con un gran potencial, debido a su marcada acidez natural, que se mantiene incluso en maduraciones avanzadas como ésta. Un blanco de indudable personalidad, que en nariz marca especialmente las notas de compota caliente, manzana asada, carne de membrillo... junto a aromas florales de flor de almendro y una nota de hongo al fondo, casi de arpillera. En boca es graso, con unos agradables amargos finales que te limpian el paladar. Su buena acidez equilibra el lado alcohólico de este blanco de trago.

Es una de las seis variedades en las que más se han centrado los Torres, entre las 50 variedades ancestrales que han recuperado en Cataluña (de momento) y es la única blanca entre ellas. Yes que en la Forcada han sabido ver su gran potencial enológico, con una destacadísima acidez, gran intensidad aromática y una asombrosa capacidad de adaptarse al nuevo escenario climático, gracias a su maduración tardía. Así nos encontramos frente a un vino muy expresivo, con una nariz muy limpia y atractiva, en la que sobresale esa parte mediterránea, con notas de fruta blanca cítrica pequeña, junto a florales blancas y sutiles toques de salinidad al fondo. En boca tiene una acidez muy pronunciada en este momento, que vertebra el vino de principio a fin, marcándose especialmente la fruta cítrica. Esta acidez es la que le permite evolucionar muy positivamente con un tiempo en botella, “domesticándose” e integrándose muy positivamente en el conjunto, como hemos podido comprobar catando cosechas anteriores, como la 2016. 

La Mizancho se adapta a la perfección a esta finca toledana, es la uva blanca de ciclo más largo con la que cuentan y la que tiene las bayas más grandes, lo que la ha hecho muy interesante de cara al cambio climático. Es una variedad más bien reductiva en nariz, en donde encontramos notas de pimienta blanca, especias, sin ser punzantes, fruta blanca y una barrica muy bien ensamblada, que no molesta. En boca destaca su amplia estructura, lo que la hace muy gastronómica, encontrando notas de boj, de hierbas aromáticas, junto a un fondo de tierra caliente y notas cítricas de piña dulce. Un vino bien construido. 

Melgarajo es un precioso proyecto de viticultores que apostaron por la vid y el vino en este pueblecito de la Ribera del Cea, Melgar de Abajo, situado entre Valladolid y León. Allí encontraron unas viñas de esta variedad, una uva que por su dificultad de cultivo, estaba en peligro de extinción, pero que siempre había sido muy bien valorada por los viticultores de Melgar de Abajo. Y no es de extrañar, porque ha sido una de las mas gratas sorpresas de esta cata. La bodega lo ha elaborado en rosado y aún no han diseñado la marca, nomenclatura, etc, por lo que van a sacar los 1.600 litros elaborados este año (estaba recién clarificado) en BIB de 3 litros. Cuando hablamos de recuperación de variedades, siempre te persigue la inquietud de saber qué vas a encontrar en la copa, cómo se va a comportar esta variedad. Y aquí te encuentras con un rosado bien hecho, bien formado, equilibrado, limpio, fácil de beber, hecho para disfrutar. Fresco en nariz y sobre tododonde destaca la limpieza, una fruta muy clara acompañada de una atractiva parte herbácea. En boca tiene un ligero toque carbónico nada más entrar que le imprime juventud, siendo de trago ágil y contando con una rica acidez que le equilibra.  

Con un pequeño carácter reductivo, enseguida se abre hacia un perfil frutal (fruta roja y negra) y floral, que lo acerca en nuestro recuerdo a variedades como la Tauriga Nacional (por esas flores de violeta y lila). La Benedicto es una uva de maduración algo más tardía que su “hija” Tempranillo, con una acidez parecida pero con algo más de estabilidad colorante. En un primer nivel descubrimos un tinto maduro, elegante, equilibrado, definido por un destacado carácter especiado propio de la variedad y una curiosa parte terrosa y arcillosa, tras lo que encontramos su fondo balsámico. Frente a esa sobriedad en la nariz, descubrimos una boca muy fresca, es pura fruta, con un tanino medio-alto pero muy aterciopelado, muy redondo, destacando una acidez muy bien mantenida. La parte especiada se acentúa en mitad de boca, dejando los balsámicos para la retronasal, con esos toques tan atractivos de regaliz. Es más largo en el recuerdo que en el paso, no es una explosión, es equilibrado, elegante, fino. Un tinto que no peca en estructura, sino que se rige por las normas de la finura y elegancia, destacando esa parte arcillosa y terrosa que le aporta una gran personalidad. 


Cómo nos ha sorprendido, y para bien, esta Vidadillo, una de las variedades más antiguas con las que contamos en España. Nos ha cautivado por su personalidad y carácter, su frescura y esas notas lácticas tan particulares. Nos encontramos así con una nariz muy fresca, con muchos lácteos, de yogur de fresa, fruta roja, gominola, palotes, regalices, notas cremosas, todo muy disfrutón. En boca es reflejo de su nariz, tiene un punto agreste, ligeramente vegetal, con un ligero carbónico al principio que no molesta, resultando fresco, muy frutal. Un “vino de sed” que se muestra muy muy joven para su edad. Muy bien equilibrada la boca-nariz. 

Los Piñol creyeron desde el principio en esta variedad, casi perdida debido a que no era una uva de grado y color, pero con la que han demostrado todo lo que puede dar de sí. La “Pinot Noir de Terra Alta, como la gustan llamar, es una variedad de ciclo largo, que se convierte, en buenas manos, en un vino complejo e interesantísimo. Denle un poco de tiempo, no busquen inmediatez y descubrirán que su nariz de almizcles se abre hacia la fruta madura, compota de ciruela y unas elegantes notas de cueros, pieles, tintas chinas, pizarra, carboncillo... Esa compleja nariz se transmite a una boca muy viva, con mucha fruta bien madura, cueros finos, balsámicos, plasmándose en un tinto que es una instantánea del Mediterráneo más fotogénico y bien interpretado. 

De gran personalidad, es el único vino en el mercado elaborado con esta variedad. Es un vino complejo, con una gran diversidad aromática, donde encontramos mucha fruta madura (ciruela, frambuesa, mora), junto a notas de chocolates, pimientas y recuerdos a monte. En boca volvemos a encontrar esa fruta madura, esa ciruela sobre todo, y en mitad de boca apreciamos unas características notas de botica, con una acidez que contiene al vino en todo momento. Un vino muy persistente que nos recuerda a los vinos de antaño, llevándonos de la mano hacia ese pasado ancestral de esta Cenicienta tan especial, redescubierta en el viñedo de Javier Sanz.

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