Opinión

Publicado el 23/10/2019 Categorías : Opinión , REVISTA
El primer Burdeos chino

Por Jesús Rivasés
Columnista, tertuliano y escritor

Taittinger, una de las grandes casas del champagne, adquirió hace algo más de dos años 69 hectáreas de tierras en Chilham (Kent), en el Reino Unido, en donde plantó sus propias uvas Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Menier, que son con las que se han elaborado siempre los champagnes. La primera botella del champagne britanico de Taittinger llegará al mercado en 2023 o 2024 y la firma francesa prevé producir 300.000 botellas en los próximos diez años. El precio  de la hectárea de viñas en Kent, unos 40.000 euros, frente a los 1,2 millones de euros en Champagne, fue uno de los factores que llevó a Taittinger a iniciar esa aventura, pero sobre todo aprovechar el cambio climático, que genera unas condiciones ambientales cada vez más templadas en la zona, que además cuenta con una tierra con las características más adecuadas.

Château Lafite, quizá el vino más famoso de Burdeos y uno de los más conocidos en todo el mundo, lo ha mantenido casi en secreto hasta ahora, pero hizo sus primeras inversiones en China hace 11 años. Ahora acaba de presentar a los expertos el que podría denominarse “primer Burdeos chino”, como ha detallado Jancis Robinson, que fue invitada a conocer la bodega, en una zona entre Yantai y Penglai, con el compromiso de guardar el secreto. Todo el proyecto se ha desarrollado con mucha discreción, desde que en 2008 surgieron los primeros rumores de que Lafite había invertido en una finca en Shandong, en la costa este china. La primera cosecha llegó en 2014, pero tanto esa como las siguientes, fueron vendidas a una destilería local para ser convertidas en alcohol neutro para que así existiera la garantía de que no llegarían nunca al mercado por ningún conducto. Los responsables de Lafite (el Grupo Baron de Rothschild), conocedores de la importancia de las tradiciones en China y del significado específico de los números en aquel país querían lanzar el vino el 8 de agosto de 2018 (8-8-2018). Razones técnicas obligaron a retrasar el lanzamiento que, finalmente, ocurrirá el 19 de septiembre de 2019 (19-9-2019). La presentación a los expertos y empleados de la bodega fue solo un adelanto.

El Burdeos chino de Lafite es un vino destinado al mercado local, ya muy grande y en crecimiento exponencial permanente, lo que no impide que una pequeña parte se distribuya por el resto del mundo, sobre todo por la zona del sudeste asiático, Australia y Nueva Zelanda. El nombre del nuevo vino ha sido, hasta ahora, un “secreto militar” de Lafite, hasta el extremo de que las etiquetas se imprimieron en Burdeos bajo enormes medidas de seguridad, incluidos contratos de confidencialidad. Los responsables de Lafite barajaron numerosas posibilidades antes de decantarse por la marca definitiva con la que se comercializará el nuevo vino. Finalmente, sin que hayan explicado los motivos finales, el nombre elegido fue Long Dai, que significa, más o menos “montaña cincelada”. Para un europeo quizá resulte extraño, pero la mentalidad china es muy diferente y, en cualquier caso, y eso parece lo más importante, será un vino Lafite y eso los consumidores chinos, a quienes va dirigido, sí lo valoran. Long Dai pretende ser (lo es según los pocos que lo han catado) un vino de calidad y con un precio inicial de 1.100 remimbis, lo que equivale a unos 130 euros, pero que es dos veces y medio más barato que el Ao Yun (también conocido como el tinto chino de lujo), elaborado en el sur de china por LVMH, rival francés, del grupo Baron de Rothschild, y lanzado al mercado en 2017.

Long Dai es el resultado de una mezcla mitad de Cabernet Sauvignon con Cabernet Franc y Marselan y aspira a tener características similares al Château Lafite original. Las uvas son las mismas, los métodos idénticos y las barricas (todas nuevas) proceden de la tonelería propia de Lafite en Pauillac. Las diferencias procederían de la tierra y del clima, pero los expertos de Lafite, han intentado que todo sea lo más parecido a cómo se haría en Francia, con la excepción del rendimiento del terreno porque, por ahora, apenas da unos 20 hectolitros por hectárea. El resultado, sin embargo, puede aproximarse bastante al original. El ejemplo de Taittinger en el Reino Unido con el champagne y su vino espumoso es muy ilustrativo.

Ya ha habido catas ciegas en las que las burbujas británicas han quedado por delante las francesas originales y algo similar ocurre con vinos (tintos y blancos) australianos, sudafricanos e incluso chilenos. En cualquier caso, el Burdeos chino tiene un inmenso mercado por delante, quizá el mayor del siglo XXI, porque el futuro del vino también está en China. 

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