La historia de Bodegas Emilio Moro es la historia de un legado que evoluciona sin perder su esencia. Desde sus comienzos en la Ribera del Duero, siempre han entendido el vino como un vínculo con la tierra, un reflejo de su identidad y una expresión de su compromiso con la excelencia. Este mismo espíritu los llevó hasta El Bierzo, una región con un alma vinícola única, donde decidieron echar raíces para dar vida a un proyecto apasionante, un sueño. Tras años de dedicación y aprendizaje en este terruño privilegiado, en mayo de 2024 dieron un paso definitivo con la inauguración de su propia bodega en El Bierzo. Un espacio concebido para ensalzar el carácter de la Godello y de la Mencía, las variedades que mejor representan el potencial de esta región y que han encontrado en Emilio Moro un aliado para reivindicar su grandeza. Con esta nueva bodega, consolidan su compromiso con El Bierzo, apostando por su diversidad, su historia y su futuro.
La materialización de este compromiso se refleja en su gama de vinos bercianos, que ha crecido con el tiempo hasta convertirse en un pilar fundamental de su identidad. El camino comenzó con la Godello, interpretada en tres expresiones: Polvorete, un vino vibrante y fresco que invita al disfrute; El Zarzal, donde la crianza aporta estructura y elegancia; y La Revelía, la máxima expresión de la godello, con complejidad y profundidad. En octubre de 2024, esta familia creció con el lanzamiento de Bestizo, el primer Mencía de la bodega. Un vino que encarna la esencia de esta uva autóctona, con su carácter frutal, su frescura y su inconfundible personalidad.
Bestizo no es solo un nuevo vino, es la confirmación de que el vínculo de Bodegas Emilio Moro con El Bierzo es sólido y duradero. Su lanzamiento simboliza la voluntad de la bodega de seguir explorando y potenciando la riqueza de El Bierzo, una región que ha demostrado ser un complemento perfecto a su legado ribereño.
En Bodegas Emilio Moro sienten el vino como una forma de contar historias, de transmitir emociones y de honrar la tierra. Su llegada a El Bierzo no es solo un hito en su historia, sino también una declaración de intenciones: seguir descubriendo, aprendiendo y elaborando vinos que hablen con honestidad de su origen. Porque solo con raíces firmes se puede seguir creciendo.

