En 2024, más de 3 millones de visitantes recorrieron las 37 Rutas del Vino de España, consolidando al enoturismo como un fenómeno que une cultura, paisaje y economía. De las bodegas centenarias a los museos interactivos, de los hoteles-bodega a las experiencias sensoriales, el vino deja de ser solo una bebida para convertirse en una experiencia que narra la historia, la tradición y la diversidad de España. Este recorrido revela un sector maduro, innovador y sostenible, capaz de emocionar, fidelizar y proyectar al país como destino enoturístico de excelencia internacional.
El enoturismo español continúa su ascenso imparable. En 2024, las 37 Rutas del Vino de España recibieron más de 3 millones de visitantes, lo que supone un incremento del 2,2% respecto al año anterior. Esta evolución no responde a la creación de nuevas rutas —la última, Ribeira Sacra, se unía en junio de 2025—, sino a una mayor afluencia y a un gasto medio más elevado, indicadores de madurez y calidad en la oferta.
El impacto económico directo superó los 112 millones de euros, repartido principalmente entre bodegas (85%) y museos (15%). Considerando aloja - miento, restauración y actividades complementarias, ACEVIN (Asociación Española de Ciudades del Vino) estima que el efecto total del enoturismo español podría superar los 330 millones de euros, reforzando su papel como motor de desarrollo rural y cohesión territorial.
Fortaleza y diversidad de la red
La fortaleza del enoturismo español no se limita al número de visitantes, sino que reside en la solidez y diversidad de su oferta. Las Rutas del Vino de España, el club de producto más consolidado del país, integran una red de 3.224 miembros, que combina empresas privadas, entidades públicas y organismos gestores. De ellos, 2.602 son empresas turísticas o vitivinícolas y 622 entidades colaboradoras, incluyendo 782 bodegas, 555 alojamientos, 445 restaurantes, 103 empresas de ocio temático y 74 museos o centros de interpretación. La estabilidad de estas cifras, sin incorporación de nuevas rutas durante 2024, demuestra la madurez del modelo y su capacidad de sostenerse sobre una base empresarial sólida.
Cada ruta combina vino, gastronomía, paisaje y cultura, ofreciendo experiencias completas y temáticas alrededor del vino. Algunas rutas consolidadas, como Ribera del Duero, Penedès o Rías Baixas, concentran un gran volumen de oferta, mientras que otras más pequeñas mantienen coherencia temática y territorial, asegurando una experiencia integral que combina vino, gastronomía, cultura y paisaje.
La especialización y diversificación son claves en la propuesta de valor: alojamientos, restaurantes y mu - seos refuerzan la identidad vinícola de cada territorio, mientras que las empresas de ocio temático ofrecen experiencias innovadoras, incluyendo vendimias participativas, talleres sensoriales o vuelos en globo. Este enfoque permite atraer a un público más amplio, fidelizar visitantes y consolidar al enoturismo como un producto turístico auténtico y completo.
El sector ha experimentado un notable impulso en digitalización y modernización, incorporando herramientas online para reservas, venta de entradas, marketing digital y comunicación en redes sociales. El informe de 2024 refleja un crecimiento del 160% en empresas de base tecnológica dentro de las rutas, complementando la hospitalidad presencial y reforzando la gestión y promoción.

Equilibrio y especialización de la oferta
La oferta turística básica se transforma en experiencias temáticas: hoteles en antiguas bodegas, casas rurales entre viñedos, restaurantes con productos locales y vinos de la zona. Las empresas de ocio temático refuerzan esta propuesta con actividades innovadoras, desde recorridos en bicicleta entre viñedos hasta baños de vino o vendimias participativas, atrayendo público joven y fidelizando a visitantes en busca de vivencias auténticas. El alojamiento se adapta al nuevo viajero: 33.455 plazas disponibles, con predominio de hoteles de 3 y 4 estrellas, pero también casas rurales, campings, hoteles-bodega y establecimientos boutique en edificios históricos. Esta diversificación refleja la búsqueda de comodidad, autenticidad y contacto con el entorno, fortaleciendo la economía rural y generando empleo local.
La estructura institucional combina cooperación público-privada, con 486 ayuntamientos, 29 Consejos Reguladores y 107 entidades colaboradoras. Cada ruta actúa como microestructura de gobernanza, asegurando homogeneidad de marca, calidad y cohesión interna. La profesionalización y estabilidad de los equipos gestores permite innovar sin perder autenticidad, consolidando el modelo como referente de excelencia.
La madurez de la red se refleja en la especialización de la oferta: bodegas con conciertos, exposiciones o programas de formación, y museos con espacios interactivos y colaboraciones artísticas. ACEVIN subraya la importancia de la formación continua y la certificación de calidad, garantizando que el enoturismo español siga siendo un producto de experiencia, autenticidad y proyección internacional.
Perfil y comportamiento de los visitantes
El crecimiento del enoturismo español en 2024 se refleja tanto en cifras como en la evolución del perfil de sus visitantes. El número total de personas que visitaron bodegas y museos alcanzó los 3.036.878, acercándose a los máximos históricos previos a la pandemia. Este aumento se debe a la fidelización y atracción de nuevos públicos, consolidando el turismo del vino como un producto estable y estratégico para las regiones vitivinícolas.
Las rutas más visitadas continúan siendo las más consolidadas: Marco de Jerez (425.652 visitantes), Ribera del Duero (381.083) y Penedès (369.170). Estas rutas destacan por la combinación de vino, patrimonio cultural y red de bodegas con vocación turística, mientras que el resto de rutas muestra gran diversidad, equilibrando la importancia de bodegas y museos según la identidad del territorio. En 2024, el 70% de los visitantes acudió a bodegas y el 30% a museos, manteniendo un equilibrio que combina la experiencia sensorial del vino con la dimensión cultural y educativa.
La internacionalización se consolida con 25% de visitantes extranjeros frente al 75% nacionales. Castilla y León, Andalucía y Cataluña concentran la mayor afluencia, mientras que Extremadura y Murcia muestran incrementos destacados como regiones emergentes. Los visitantes presentan un perfil más informado y exigente, que busca autenticidad, experiencias personalizadas y conexión directa con los productores. La desestacionalización también es notable: octubre, agosto y mayo son los meses más visitados, pero el enoturismo mantiene actividad durante todo el año, incluyendo incrementos significativos en primavera e invierno. El aumento del gasto medio refleja un turismo de mayor calidad, sostenible y generador de valor para las comunidades locales.
Impacto económico y digitalización
El enoturismo se consolida como un motor económico para España, generando un impacto directo de 112,3 millones de euros, un crecimiento del 9,91% respecto al año anterior. Este aumento no responde a la ampliación de rutas, que se mantienen en 37, sino a la mayor rentabilidad de la oferta existente y al incremento del gasto medio por visitante. Sumando otros gastos en alojamiento, restauración y actividades complementarias, el impacto total podría superar los 330 millones de euros, multiplicando por tres la cifra oficial.
Durante 2024, el precio medio de la visita a bodegas alcanzó 16,7 euros y a museos 6,6 euros, mientras que el gasto medio en tienda fue de 25,5 euros en bodegas y 9,8 euros en museos, confirmando el peso predominante de las bodegas como eje económico, aunque los museos mantienen un rol clave como atractivos culturales y educativos.
Las rutas con mayor volumen de ingresos fueron Rioja Alta (22,2 millones), Penedès (19,2 millones) y Marco de Jerez (17,2 millones), seguidas por Ribera del Duero, Rioja Alavesa, Calatayud y Rías Baixas. Prácticamente todas las rutas registraron incrementos interanuales, evidenciando un crecimiento equilibrado y homogéneo en todo el país. Cada euro gastado directamente en bodegas o museos genera, de media, tres euros adicionales en otros servicios del destino, convirtiendo al enoturismo en un impulsor de desarrollo local y cohesión territorial.
El sector avanza hacia la transformación digital y la sostenibilidad, con herramientas como el Sistema de Inteligencia Enoturística, que permite medir en tiempo real afluencia, gasto y perfil de visitantes. La eficiencia energética, movilidad sostenible y gestión responsable de residuos refuerzan la imagen del enoturismo como producto responsable y ético. Más allá de los ingresos, el valor del enoturismo reside en generar empleo, identidad y orgullo local, consolidando al vino español como experiencia turística y modelo de desarrollo sostenible para las zonas rurales.

Vino, territorio y experiencia
El enoturismo español ha alcanzado un nivel de madurez y profesionalización que lo convierte en una industria cultural y económica estratégica. Las 37 rutas activas y más de 3.200 miembros muestran un equilibrio consolidado entre crecimiento y estabilidad, donde bodegas, museos y empresas vinculadas consideran el turismo del vino como una línea central de negocio. La formación especializada de los profesionales, junto con programas de sumillería y gestión turística vitivinícola, asegura la generación de expertos que combinan conocimiento técnico, sensibilidad cultural y orientación al cliente
La digitalización complementa esta experiencia, integrando reservas online, marketing digital, redes sociales y realidad aumentada, sin perder la autenticidad y el contacto humano que caracteriza al turismo del vino. El turismo internacional crece con fuerza, representando ya el 25% de los visitantes en 2024. Al mismo tiempo, la desestacionalización permite repartir la demanda a lo largo del año y mantener empleo estable, mientras que el turismo del vino contribuye a vertebrar el medio rural, beneficiando tanto a regiones consolidadas como a zonas emergentes como Murcia, Extremadura o Aragón.
La sostenibilidad se consolida como eje central del modelo. La eficiencia energética, la movilidad sostenible, la reducción de residuos y la conservación de paisajes y biodiversidad se combinan con objetivos sociales y económicos, como generar empleo, fijar población y preservar patrimonio cultural. Entre los retos futuros se incluyen la consolidación de la inteligencia de datos, la promoción internacional de la marca Rutas del Vino, la diversificación de experiencias, la accesibilidad universal y la formación continua de los profesionales. ACEVIN resume la visión estratégica con estas palabras: “El enoturismo español no solo crece, evoluciona, uniendo innovación, tradición y sostenibilidad”.
El enoturismo español es mucho más que turismo. Es una experiencia cultural que refleja la esencia del país. Cada viñedo, cada bodega y cada copa servida cuentan historias de tiempo, tierra y personas, ofreciendo al visitante una manera de comprender la diversidad de España a través del hilo conductor del vino, que integra gastronomía, arte, memoria y hospitalidad. Quien recorre las Rutas del Vino de España participa en un relato colectivo, en comunidades que transforman su tradición agrícola en motor de desarrollo. La verdadera riqueza del enoturismo radica en su capacidad de generar valor sin destruir, de emocionar sin artificio y de ofrecer experiencias auténticas, respondiendo a la creciente demanda de turismo de calidad y significado.
La cultura del vino enseña a disfrutar despacio, a valorar los matices y el trabajo bien hecho. Las Rutas del Vino se han convertido en referencia internacional, donde cada cata, cada paseo entre viñas y cada explicación del bodeguero se convierte en un aprendizaje y una vivencia única.
El gran logro del enoturismo español es convertir el vino en experiencia, el territorio en destino y la pasión en desarrollo económico y cultural. España ha sabido contar sus vinos y, con ello, contar su historia. Los informes de ACEVIN muestran un futuro prometedor, pero más allá de cifras, lo que permanece es un espíritu de autenticidad y disfrute. Es un país que vive su vino y lo comparte, consolidándose como destino enoturístico de excelencia internacional.
Un fenómeno global
El turismo del vino vive su mejor momento, y no solo en España. Así lo confirma el Global Wine Tourism Report 2025, el mayor estudio internacional realizado hasta la fecha sobre el sector, con la participación de 1.310 bodegas de 47 países.
El informe, coordinado por la Hochschule Geisenheim University junto a UN Tourism, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), Great Wine Capitals y WineTourism.com, dibuja un panorama optimista y sitúa al enoturismo como un pilar clave para el desarrollo rural y la sostenibilidad.
“El estudio ofrece una voz global al sector y permite entender mejor qué esperan los visitantes de las bodegas”, destaca el profesor Gergely Szolnoki, responsable de la investigación.
Los datos muestran que el turismo del vino se ha consolidado como una fuente de ingresos y revitalización local. Dos de cada tres bodegas lo consideran rentable o muy rentable, y ya supone alrededor de una cuarta parte de sus ingresos totales.
La sostenibilidad se posiciona en el centro de las estrategias: el 66% de las bodegas encuestadas la define como prioritaria en sus actividades turísticas. En cuanto a la demanda, el estudio refleja un comportamiento desigual: Europa gana visitantes, mientras que el 41% de las bodegas de otros continentes registra descensos.
El perfil del viajero también evoluciona. Aunque el grupo mayoritario sigue siendo el de 45 a 65 años, crece el interés de los jóvenes entre 25 y 44 años, atraídos por propuestas que combinan gastronomía, sostenibilidad y aprendizaje.
El informe apunta, sin embargo, a varios desafíos: el descenso global del consumo de vino, la escasez de personal cualificado y la necesidad de adaptarse a la transformación digital. Aun así, la mayoría de las bodegas planea seguir invirtiendo en experiencias enoturísticas, confiando en que el sector mantenga su crecimiento.
El Global Wine Tourism Report 2025 se convierte así en una referencia internacional para bodegas, instituciones y responsables de políticas públicas. Más allá de los datos, confirma que el enoturismo ha dejado de ser una actividad complementaria para convertirse en un eje estratégico del desarrollo sostenible y de la cultura del vino en el siglo XXI



