Por Santiago Jordi, elaborador y presidente de la Unión Internacional de Enólogos
Si mal acabamos el año con la triste noticia del fallecimiento de Pau Roca -director general de la OIV y uno de los máximos exponentes del vino a nivel internacional- comenzamos el año con la dolorosa e inesperada partida de María Isabel Mijares y García Pelayo. Maribel, como la conocían sus más allegados, fue una mujer que no dejaba a nadie indiferente. De carácter vital, a la vez que te atropellaba con su intensidad, te hacía sentir especial, por esa forma tan cercana con la que te acogía y te acomodaba junto a ella. Era de esas personas que desde el principio sientes que está tocada por esa varita mágica que la hace ser diferente del resto.
Sólo poniendo su nombre en Google se descubren la multitud de puestos de representación y prestigio, así como merecidos reconocimientos, que se le otorgaron, tanto a nivel nacional como internacional. De marcado carácter técnico, con una formación académica a medio camino entre Francia y España, asesoró a muchas bodegas de diferentes zonas de nuestro país, a la vez que, junto al profesor Hidalgo, fue la instigadora de gran parte de la enología latinoamericana, ya que en sus numerosos viajes sentó las bases de lo que ya hoy tiene su propio camino.
Merece la pena destacar, por encima de todo, su olfato innato para los negocios. Yo me reía mucho con ella y se lo decía, porque no había un concurso de vinos donde no coincidiéramos o viaje técnico en el que no viera una oportunidad de negocio. Era una auténtica generadora de ideas. De por sí, la famosa Guía Repsol la creó ella y su equipo. Me atrevo a decir que en España difícilmente volverá a existir una figura tan potente como Maribel, que a la vez fuera una referencia tanto a nivel técnico como de comunicación.
Una de las tantas anécdotas que no olvidaré jamás fue cuando, recién elegido hace doce años como presidente de la Federación Española de Enólogos, me llamó para felicitarme y, siendo ella entonces presidenta de la Federación Española de Prensa y Escritores del Vino, quedamos para comer y tratar el enorme problema que existía en aquel entonces para localizar un panel de cata con jurado internacional de nivel en los concursos de vinos internacionales españoles. Me citó en su despacho de consultoría estratégica, Equipo Team, y una vez me enseñó su oficina y me presentó a gran parte de sus hermanos, que trabajaban con ella, fuimos a comer a un restaurante en el que supuestamente íbamos a tratar el tema. En la puerta coincidió con Iker Casillas y Fernando Sanz, que conocían a Maribel e iban a comer por separado. Pues no me pregunten cómo, pero acabamos comiendo todos juntos. No solo eso, sino que en mitad de la comida la llamó Lula da Silva, ex presidente de Brasil, e Isabel me pasó el teléfono para que le explicara las diferentes elaboraciones de los vinos espumosos... Esa era Maribel Mijares en acción: genio y figura.
Como decían mis abuelos y después mi madre, “en años bisiestos y Semana Santa enmarzá, hambre y mortandad”. Del hambre ya se están encargando la sequía y la famosa agenda 2030, que va a machacar a nuestros campos y agricultores.
Y de esta triste efeméride no me hubiera gustado hablar jamás. Pero hay que entenderlo como lo que es: un paso más de esta vida para así recordarla como merecía, con una sonrisa y con el máximo respeto hacia todo lo que hizo por el vino español. Besos y buen vino Maribel.

