Opinión

Publicado el 26/12/2018 Categorías : Opinión , REVISTA
Los gustos del cliente mandan

María José Plasencia y Raquel Navarro
Sumilleres del restaurante El Rincón de Juan Carlos

A lo largo de los años, hemos podido comprobar cuál ha sido la evolución de los gustos en los clientes: de consumir unos vinos muy marcados por la zona y muy comerciales, a vinos más personales donde se puede apreciar más la influencia de la tierra y de la propia variedad. Nosotras nos hemos permitido incluir en nuestra carta un amplio abanico de vinos con los que hacer disfrutar a todo tipo de clientes, tanto tradicionales como de nuevas generaciones.

Para muestra, hablaremos de un vino en concreto, que es muy comercial y demandado en Canarias: el blanco afrutado. Se trata de un término para definir un vino semiseco creado en los años 90. Es blanco, de paso fácil en boca, agradable, suave, con ese toque de dulzor. Se creó en un primer momento para captar a los jóvenes a los que otro tipo de vinos les parecían duros y de trago difícil; ahora se ha convertido en un vino habitual entre las familias canarias. 

Hoy existe una “guerra” en contra del azúcar, por la que numerosos productos se han dejado de consumir o se han modificado para disfrutar del sabor natural de los alimentos. Al vino afrutado del que hablamos se le añade azúcar en su elaboración. Normalmente las bodegas no informan en la etiqueta sobre la cantidad añadida de azúcar, cosa con la que no estamos de acuerdo. Si hubiera más información sobre este tema no habría tanta reticencia a tomar vinos afrutados.

Contamos con una carta de 380 referencias, diseñada para todo tipo de clientes, los que beben poco, los que beben mucho, “los que nunca beben” y los pocos “frikis” del vino, apartado en el que nos incluimos, ya que buscamos cosas diferentes y apostamos por enólogos con una filosofía de vida en la que prima la tradición y el buen hacer. Con todo ello, podríamos decir que nuestra opinión nos la reservamos ya que tenemos claro que nuestro cometido es solo hacer disfrutar, lograr que la experiencia sea única, y que cuando descorchas una botella -valga lo que valga- el cliente se sienta satisfecho con respecto a sus gustos.

Así se veía en la revista.

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