PAGO DE LOS CAPELLANES
DO Ribera del Duero
El sueño de Paco Rodero -tristemente fallecido hace unos meses- y su esposa Conchita Villa fue crear vinos que expresaran el legado de ese patrimonio vivo que son sus viñas familiares. Paco fue, como nos transmite su hija Estefanía, actual directora general de la bodega, “un soñador que con su gran visión, generosidad y esfuerzo, y con el equipo que ha formado con mi madre Conchita, ha llevado a Pago de los Capellanes a ser una bodega de reconocido prestigio”. Una labor que sin duda tiene continuidad en sus hijas, comprometidas en seguir cuidando de ese legado familiar, que en los últimos años ha encontrado en las tierras de Valdeorras el hogar para crear unos blancos a la altura de sus tintos, con ese afán de perdurar en el tiempo que los caracteriza. “Desde el principio hemos cuidado nuestros viñedos y nuestros vinos, llevando una trayectoria marcada por la conexión entre generaciones, el respeto a la naturaleza, a la tradición y a la cultura”.
La historia familiar
La historia vitivinícola de la familia, como explica Estefanía, tiene su origen en un pequeño majuelo familiar que siglos atrás había pertenecido a los Capellanes de la pedanía de Pedrosa de Duero. Con los años, este pequeño viñedo “pasó a manos de nuestros antepasados y en él, mi padre aprendió de primera mano los cuidados y labores del viñedo, en una época muy dura y diferente a la de ahora. Por suerte, en la Ribera del Duero burgalesa hubo un gran movimiento cooperativista que hizo que se mantuvieran los viñedos más antiguos”. Años después, Paco y Conchita recuperaron este pequeño majuelo y ampliaron su trabajo a parcelas vecinas, convirtiéndose en unos de los primeros viticultores de la DO, hasta que, en 1996, se atreven a elaborar con sus uvas sus primeros vinos. En la actualidad cuenta con unas 150 has de viñedo, principalmente en Pedrosa de Duero y sus alrededores. “Yo me incorporé a la bodega en 2015 -señala Estefanía- y desde entonces he tenido la suerte de trabajar codo con codo con mis padres, aprendiendo de ellos”.
El desembarco en Valdeorras
O Luar do Sil nace en 2014 de un viñedo de Godello en Valdeorras, con el deseo de elaborar “un blanco que fuera único y especial”. Fue un amor a primera vista que se ha transformado en una implicación absoluta en la zona y en sus tradiciones. “Hemos sido la primera bodega de la DO que ha presentado un vino tostado; nuestro Tostado de Seadur, recuperando una antigua tradición de los viticultores del pueblo. Un vino de capricho para compartir, magia gota a gota”. Y es que, como señala Estefanía, solo desde “la visión y el corazón” se puede crear una bodega con trayectoria. El siguiente paso, “un vino de viejos viñedos en la zona más alta de la Ribera del Duero que hemos recuperado. Un proyecto muy especial para nosotros que pronto verá la luz”.