Por Alberto Matos
Podría decirse que Bodegas Neo es la nota discordante de la Ribera del Duero. En sus dominios, los protocolos y formalismos parecen no existir. No hay nada encorsetado. Allí, todo fluye libre, de manera creativa y muy random, como dice ahora la denominada Generación Z.
Neo es una especie de anarquía ordenada. Así es también la industria de la música, que tan bien conocen sus propietarios: Javier, Iván, José Luis y Julio, cuatro amigos de la infancia que se resisten a crecer. Lo deja claro la enorme figura de Mazinger Z que da la bienvenida a las visitas... O la gigantesca maqueta del mítico Halcón Milenario, la famosa nave espacial de La Guerra de las Galaxias... O los videojuegos arcade que proporcionan eclecticismo a un vestíbulo lleno de incontables curiosidades. Entre ellas, la puerta que da acceso al único estudio de grabación del mundo ubicado en una bodega.
Los cuatro amigos querían construir el mejor estudio de grabación posible, donde descubrir y dar oportunidades a nuevos talentos. Y, para ello, aunque no fue fácil convencerle, recurrieron al mismísimo Philip Newell, creador de los archiconocidos estudios Abbey Road de Londres, donde grababan los Beatles. Y todo eso en un remoto rincón de la Ribera del Duero, a las afueras de la localidad burgalesa de Castrillo de la Vega. Lo que podría antojarse como un capricho, en realidad ha supuesto el trampolín para la carrera de muchas bandas que, como Arde Bogotá y Shinova, han conseguido traspasar nuestras fronteras. Allí también se gestó el Sonorama, el festival que mejor combina música y vino en España.
Vinos disruptivos
Lo mejor de todo es que estos chicos ¡hacen vino! En realidad, la idea de compaginar la elaboración enológica y la producción musical estuvo presente desde un principio, cuando decidían arrancar su aventura en un viejo molino de Aranda de Duero. Sus vinos son como ellos. Llegaron para revolucionar la zona, democratizando su consumo con precios accesibles y perfiles que se salen de la norma sin olvidar nunca su origen. Hoy, aparte del espíritu impulsor, poco queda ya de la modestia inicial de aquel molino. Neo produce hasta 750.000 botellas al año, representadas por varias etiquetas, entre las que Neo Punta Esencia, un tempranillo con 38 meses de crianza en barricas nuevas de roble francés, se corona como el buque insignia. Mientras tanto, con Neo Crianza y sus 12 meses de crianza, solo disponible en Lidl, la bodega pretende acercar sus vinos a todos los bolsillos.
Visitar Neo es visitar a unos amigos, porque te hacen sentir en casa. Si hace falta improvisar una barbacoa, se improvisa. Y si el tiempo no lo permite, porque llueve y se revuelve, no hay ningún problema en acudir al restaurante de la competencia, el que regenta Lagar de Isilla en Aranda de Duero. Así son los chicos de NEO y ojalá no cambien nunca.


