La familia Langa lidera su recuperación
En el Valle del Frasno, en pleno Sistema Ibérico zaragozano, la familia Langa ha decidido mirar atrás para avanzar. Frente a los desafíos del calentamiento global, su proyecto apuesta por variedades casi desaparecidas como eje de una viticultura más resiliente y con identidad.
Parrel es una uva minoritaria, exclusiva de Aragón y citada ya en 1790 por el botánico Jordan de Asso bajo el nombre de Perrel. Estudios recientes la vinculan genéticamente con Monastrell —de la que es progenitora— y destacan su adaptación a climas semiáridos y con gran oscilación térmica, una cualidad clave en el actual contexto climático. Gonfaus, también conocida como Almolda, comparte esa narrativa de recuperación. Investigaciones del Banco de Germoplasma de Aragón localizaron un ecotipo procedente de La Almolda (Zaragoza), confirmando que su patrimonio genético seguía vivo en el territorio, a la espera de ser reactivado.
El salto decisivo llegó cuando ese material pasó del banco al vivero y, de ahí, al viñedo. Entre las bodegas que recibieron las primeras plantas figura la familia Langa, que no se limitó a conservar: plantó, cultivó y elaboró. Así, Parrel y Gonfaus dejaron de ser nombres en un registro para volver a ocupar suelo y paisaje.
Ese proceso culmina ahora en Güevo Wine, un vino que se presenta como el primero elaborado con estas dos variedades recuperadas. Más que una rareza técnica, el proyecto propone una experiencia enológica inédita, basada en un viñedo ecológico y en uvas fuera del catálogo convencional.
El impacto va más allá de la botella. En clave de enoturismo, el Valle del Frasno ofrece un relato donde investigación y territorio se tocan: parcelas estudiadas una a una, variedades rescatadas y una elaboración pensada para expresar tensión, altitud y origen.
En la mesa, estos vinos encuentran afinidad natural con la cocina aragonesa contemporánea —cordero, caza, setas, guisos sobrios— en maridajes que no siguen manuales, sino que nacen de una recuperación real y un paisaje extremo. Con Parrel y Gonfaus, Aragón no solo rescata uvas: recupera una parte de su futuro.


