El cambio climático y los nuevos hábitos de consumo definirán el futuro del sector
Por Alberto Matos
El mundo del vino atraviesa un año de contrastes, algo habitual, por otra parte… La producción global toca mínimos históricos, pero España sigue liderando la superficie de viñedo en Europa y consolidándose como segundo exportador mundial. Mientras el consumo interno se mantiene estable, con más interés por los vinos blancos y jóvenes, las exportaciones, los precios y la mayor participación femenina en el sector muestran que la viticultura española se reinventa. Adaptarse al clima, innovar en el mercado y diversificar la oferta son hoy claves para mantenerse competitivo en un sector cada vez más globalizado y exigente.
El sector vitivinícola es uno de los más complejos del mundo agroalimentario. La uva se recoge fresca, se transforma en mosto y posteriormente en vino, mientras que los subproductos de la vinificación pueden destilarse para obtener alcohol etílico alimentario o industrial. Entre todos estos productos, el vino es el más relevante, tanto en valor como en cantidad, y su consumo moderado forma parte de la Dieta Mediterránea.
La mayor parte de la producción mundial se concentra en la cuenca del Mediterráneo, con España, Francia e Italia como los tres principales productores, que juntos representan más de un tercio de la superficie de viñedo global. Sin embargo, en las últimas décadas, este cultivo se extendió a otras regiones, con China ocupando ya un 11% de la superficie mundial, aunque su producción sigue siendo limitada debido a la juventud de sus viñedos. En 2024 se cultivaron 7,1 millones de hectáreas de viñedo en todo el mundo, un 0,6% menos que el año anterior, con caídas especialmente marcadas en la Unión Europea, que concentra el 45% del viñedo mundial. La UE sigue siendo la primera productora con 138,3 millones de hectólitros, aunque con descensos en Francia (-23,5%) e incrementos en España (+9,3%), gracias al buen comportamiento de Castilla-La Mancha. China produjo 2,6 millones de hectólitros, un volumen limitado mientras sus viñedos maduran.
Un consumo en caída libre
El sector global ha registrado un descenso constante en consumo desde 2017, con 214,2 millones de hectólitros en 2024, un 3,3% menos que en 2023. Los países con tradición vinícola, como España, Francia e Italia, han reducido su consumo per cápita, mientras que los mercados emergentes muestran un interés creciente por el vino como producto de calidad y estatus. En España, el consumo se mantiene alrededor de 9,9 millones de hectólitros, con 24 litros por habitante al año, muy por detrás de Francia, Italia o Portugal.
El mercado mundial está altamente globalizado: en 2024, el 47% del vino consumido fue importado, con un total de 99,8 millones de hectólitros exportados, de los cuales más de un tercio corresponde a vino a granel. España se consolida como segundo exportador en volumen, aunque su venta mayoritariamente a granel limita el valor añadido frente a Francia, que lidera en valor con 11.700 millones de euros en exportaciones. Los principales destinos del vino español son Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, donde el vino embotellado y de mayor precio genera la mayor rentabilidad.
Estos datos reflejan un sector en constante transformación, donde la adaptación a los cambios climáticos, los nuevos hábitos de consumo y la estrategia comercial internacional son clave para mantener la competitividad de los productores tradicionales y emergentes.

El sector vitivinícola en España
En 2024 España contaba con 911.080 hectáreas de viñedo, alrededor del 13% de la superficie mundial, un 1,9% menos que en 2023, la cifra más baja de la serie histórica. En la última década, la superficie ha disminuido lentamente, tras el fuerte recorte del arranque incentivado en 2008. Por comunidades autónomas, Castilla-La Mancha concentra la mayor superficie de viñedo del mundo, con 435.047 hectáreas (48% del total nacional). Le siguen Extremadura, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana y La Rioja. Hay viñedo en las 17 CCAA. Las explotaciones vitícolas se reparten en más del 40% de los municipios españoles, generando empleo y contribuyendo a frenar el reto demográfico, sobre todo en el medio rural. Del total de superficie, el 59,2% corresponde a secano y el 40,8% a regadío, siendo Castilla-La Mancha la comunidad con mayor presencia de regadío. El cultivo ecológico avanza y ya alcanza 166.000 hectáreas (18,2% del total nacional). España cuenta con más de 532.000 explotaciones, la mayoría de menos de media hectárea, y solo un 4% supera las 10 hectáreas. Un 30% de las fincas están dirigidas por mujeres, porcentaje en aumento, reflejando su creciente presencia en bodegas, cooperativas y estudios de enología.
El 53% de la superficie corresponde a variedades tintas y el 47% a blancas, destacando tempranillo y airén. En 2024 había 3.925 bodegas elaboradoras, unas 600 cooperativas, y 138 figuras de calidad: 104 DOP y 34 IGP.

Producción, consumo y exportaciones
El sector aporta el 1,6% del PIB, con un Valor Añadido Bruto de 22.350 millones de euros: 11% de viticultura, 29% de elaboración y 60% de comercialización. Emplea a 370.000 personas, un 2% del total de la economía española.
En 2024 la producción de vino alcanzó 30,8 millones de hectolitros, y sumando el mosto, la campaña cerró en 36,8 millones, un 15% más que en 2023/2024, aunque un 6% por debajo de la media histórica. El 57% fue vino blanco y el 43% tinto y rosado. Las existencias a junio de 2025 se situaban en 33,6 millones de hectólitros, un 10% menos que la media de los últimos cinco años. Castilla-La Mancha lidera con 10,32 millones, mientras que el vino blanco, con mejores salidas, presenta niveles bajos frente al tinto.
El consumo nacional alcanzó 9,8 millones de hectólitros entre julio 2024 y junio 2025, apenas por encima del año anterior, con un consumo per cápita de 24 litros. El vino blanco creció un 40,4% respecto al año anterior, mientras que tintos y rosados bajaron un 7%.
Las exportaciones sumaron 2.947 millones de euros, cerca del récord de 3.080 millones, con un volumen de 19,11 millones de hectólitros, un 8,1% menos que el periodo anterior. Alemania y Estados Unidos lideran las compras, seguidos de Francia y Reino Unido.
El cava merece mención aparte: su DO agrupa 370 bodegas y 7.000 viticultores. En 2024 se vendieron 218 millones de botellas, un 13,4% menos que en 2023.

Precios, coyuntura y perspectivas de futuro
El sector afronta una situación de permanente incertidumbre. Al tratarse de un cultivo leñoso, las decisiones sobre variedades se toman a largo plazo, mientras los gustos del consumidor cambian con rapidez. La atomización de explotaciones y bodegas genera diversidad de oferta, pero dificulta el reconocimiento de marcas y la competencia con bebidas más homogéneas como la cerveza.
Otros retos incluyen la fuerte competencia internacional, el peso excesivo de los graneles, las limitaciones en la promoción institucional, la necesidad de reforzar figuras de calidad y las exigencias en etiquetado. Para la campaña 2025/2026 se prevé una vendimia normal de 34 millones de hectólitros, ligeramente por debajo de la anterior y lejos de la media histórica. Castilla-La Mancha aportará unos 22 millones.
El mercado muestra un cambio de tendencia, con mayor demanda de vinos blancos y tintos jóvenes y afrutados frente a crianzas y reservas. Las existencias al cierre de la campaña 2024/2025 son similares a las del año anterior, lo que augura equilibrio entre oferta y demanda y confirma el protagonismo creciente de los blancos. Los precios de agosto 2025 sitúan el vino blanco en 52,98 €/hl y el tinto en 43,57 €/hl, un 6,7% y un 0,4% por encima de la campaña anterior, muy superiores a la media de los últimos cinco años. Las exportaciones mantienen evolución positiva en valor aunque con ajustes en volumen.



