La historia de Valderiz es la historia de una familia que decidió escuchar y apostar por la tierra. A finales de los años 90, cuando la Ribera del Duero empezaba a despuntar como una de las grandes regiones vinícolas de España, Tomás Esteban decidió que quería ir un paso más allá y elaborar vino con sus propios viñedos. Como hijo y nieto de viticultores, conocía cada cepa y cada piedra de las laderas donde creció. Su intención cuando apostó por Valderiz era demostrar que el carácter de su tierra podía expresarse con honestidad y sin artificios.
De la viña al vino con respeto
Desde el principio, Tomás llevó a cabo una viticultura respetuosa, mucho antes de que las etiquetas de ecológico fueran una tendencia habitual. Eliminó herbicidas, redujo tratamientos, mantuvo la cubierta vegetal y trabajó la viña con el máximo respeto por los ciclos naturales. La tierra debía respirar y la vid aprender a defenderse. Todas esas decisiones se fueron convirtiendo en lo que Valderiz es hoy, casi 100 hectáreas de viñedo en ecológico, certificado, distribuidas en pequeñas parcelas, un auténtico mosaico de suelos y orientaciones.
El viñedo se asienta en el término municipal de Roa de Duero, en pleno corazón de la DO Ribera del Duero. Allí, entre suelos de canto rodado, arcilla y caliza, las cepas —formadas principalmente en vaso e injertadas de viejos viñedos familiares— crecen en equilibrio, marcadas por un clima de contrastes: inviernos largos y rigurosos y veranos secos con fuertes oscilaciones térmicas. Estas condiciones, junto al manejo ecológico y a un profundo conocimiento de cada parcela, son la base de unos vinos que conservan la frescura y el carácter frutal que distingue a Valderiz.
Tres décadas de pasión por la tierra
Esa búsqueda del equilibrio entre la madurez y la vivacidad es también una de las señas de identidad de la bodega. En Valderiz, las vendimias se realizan de forma temprana, buscando preservar la tensión y la expresión más pura de la fruta. El resultado son vinos que combinan profundidad y elegancia, con una extracción contenida y un estilo que prioriza la naturalidad sobre la potencia.
La filosofía de respeto se extiende desde el viñedo hasta la bodega. Allí, las fermentaciones son espontáneas, gracias a la gran población de levaduras autóctonas que habita en las viñas. No se adicionan productos enológicos ni se fuerzan las extracciones. El CO2 natural de la fermentación se utiliza para realizar los remontados, y el uso de sulfuroso se mantiene al mínimo. Todo está orientado a dejar hablar al terruño.
Valderiz ha sido también pionera en innovación agrícola. Tomás Esteban ideó un sistema propio de conducción, el “pie de pato”, que permite una maduración más uniforme de los racimos y reduce el riesgo de enfermedades de la madera. Ese espíritu inconformista y experimental sigue vivo hoy en sus hijos, Juan y Ricardo Esteban, que lideran el proyecto familiar.
Casi tres décadas después, Valderiz continúa siendo un ejemplo de coherencia y compromiso. Un proyecto que demuestra que cuidar la tierra no solo es posible, sino imprescindible para lograr vinos auténticos, frescos y llenos de vida.



