Por Alberto Matos, director Editorial de Vivir el Vino
Si no puedes con tu enemigo, únete a él. La última actualización del Mapa Motivacional del Consumidor de Vino en España, elaborado conjuntamente por la OIVE y la empresa BMC Strategic Innovation, pone de manifiesto que los consumidores patrios vinculan la cerveza con momentos informales, distendidos y espontáneos.
Mientras tanto, reservan para el vino los momentos de relajación y disfrute. Y, en ese reparto tácito, la cerveza gana por goleada con alrededor de 48 litros por persona y año frente a los aproximadamente 14 del vino.
La eterna pugna entre vino y cerveza podría acabar en tablas si la grape beer -o vière, como es conocida en Francia- consiguiera hacerse un hueco en el mercado.
Aunque, siendo realistas, no lo tiene fácil, nada fácil. Sobre todo, teniendo en cuenta que la propuesta no es nueva, pues ya en los setenta intentó seducir al público belga, cosechando un éxito discreto. Desde hace algunos años menos, también lo intenta en Italia, donde se oferta en los lineales más exclusivos coincidiendo con las festividades más importantes del año. Últimamente, siguiendo el mismo modus operandi, también ha hecho su aparición en España. Muy tímidamente, eso sí.
Esta bebida, que emplea levadura ale para fermentar conjuntamente mostos de cerveza y de uva, todavía no es muy conocida, pero cada vez son más numerosos los pequeños productores de cervezas artesanas que se animan a elaborarla. Tal es el caso de Cervezas San Frutos, que de manera puntual pone a la venta su original Beerdejo. Una combinación -como su nombre sugiere- de uva Verdejo y malta de cebada.
Más recientemente, una gran cervecera como Cruzcampo, perteneciente al grupo Heineken, tomaba el testigo lanzando una edición limitadísima de su particular Grape Beer, en su caso elaborada con uvas de la variedad Angelato.
Sin datos públicos fiables que avalen el grado de aceptación de estos innovadores brebajes, y a juzgar por lo comedido de su producción y lo limitado de su calendario de ventas, se intuye que no han ganado muchos adeptos y que, al menos de momento, no van a alterar las costumbres y preferencias de los consumidores.
En este sentido, las apuestas deberían apuntar quizás en otra dirección. Por ejemplo, podrían pujar por el desarrollo y producción de vinos libres de quercetina. Y es que, recientes investigaciones científicas han logrado identificar esta molécula como responsable de la terrible resaca que a veces producen determinados vinos, especialmente los tintos, en algunas personas. Por lo visto, en ciertos individuos interfiere con el metabolismo del alcohol, produciendo la acumulación rápida de acetaldehído, responsable de la jaqueca aunque se beba poco. ¿Comprarían un vino así?
