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Vinos Añejos: La Leyenda del Tiempo

Publicado el 06/03/2025 Categorías : REVISTA, Viticultura y enología
Vinos Añejos: La Leyenda del Tiempo

Por Vanesa Viñolo

Aunque siempre ha existido ese pequeño reducto de amantes de vinos de viejas añadas, en los últimos años la tendencia al consumo y colección de esas botellas especiales, limitadísimas, “robadas” al tiempo, toma cada vez más fuerza.

No solo en el ámbito del coleccionismo. Toda carta de vinos de alta restauración que se precie debe contar con alguna de estas referencias. Son un símbolo de status y de interés por el mundo del vino.
Porque, junto al propio líquido elemento que atesora, o incluso en ocasiones por encima de él, está el sentimiento de exclusividad, el poder que confiere el disfrutar de una añada histórica de la que hay contadas botellas. Son, citando el nombre del magistral álbum de Camarón, nuestras “Leyendas del tiempo”, supervivientes embotellados por los que los años pasan más despacio.
A pesar de que hasta hace poco, como nos señala Julio Sáenz, enólogo de una de las míticas “añejas”, La Rioja Alta S.A., históricamente han sido más demandantes de este tipo de vinos los clientes internacionales, de países como EE.UU., Puerto Rico, Reino Unido y Asia, cada vez hay más demanda nacional. “Nos piden, sobre todo, Grandes Reservas de inolvidables añadas históricas como 1981,1982, 1995 y 2001, que son las grandes añadas de Rioja”.
El mercado de las viejas añadas cada vez se hace más transparente y accesible (que no asequible), y en él encontraremos desde esas añadas antiguas que ya no se comercializan en los canales habituales y que han sobrevivido en los botelleros de bodegas, vinotecas o colecciones privadas, hasta referencias creadas exprofeso para comercializarse a largo plazo y que se estrenan diez o quince años después de su vendimia.


Muestra del creciente interés que despiertan estos vinos añejos es el surgimiento de salones específicos para ellos, o las recientes reediciones que algunas bodegas están realizando de su botellero histórico. Sin contar con el renacimiento de categorías como los grandes reservas, que desde su concepto ya nos hablan de largos recorridos.
Y es que en este momento “bisagra” en el que vivimos, encontramos claramente diferenciados dos ritmos en el mundo del vino.
Por un lado, el que se focaliza en el consumidor “velocista”, aquel que demanda inmediatez, en forma de vinos chispeantes, en los que el poder de la fruta y la frescura mandan, en un reinado semiabsolutista de blancos y espumosos de corte sencillo.


Y por el contrario, el que se decide a apostar por el ritmo pausado de los “maratonianos”, ofreciendo esos vinos del tiempo que, nunca mejor dicho, hay que tomar sin mirar el reloj. Vinos en los que la evolución hacia notas complejas, decanas, sutiles, rompen con la tiranía del ahora para ofrecer una panorámica del detalle y de la belleza del paso de los años.
A estos últimos dedicamos este reportaje. Así, les animo a que realicen con nosotros un viaje en el tiempo, mapeando añadas históricas a lo largo de nuestra rica geografía. Con Rioja y Jerez como decanas, pero también con un señalado espacio para el Duero, nuestros espumosos o los vinos mediterráneos y atlánticos.
No hay un solo patrón en ellos, encontraremos diversas maneras de elaboración, estilos diferentes y evoluciones distintas. Y es que en esto no hay, como en casi nada en la vida, fórmulas magistrales o algoritmos mágicos. De lo que no cabe duda es de que, cuando hay un buen trabajo detrás, desde la viña hasta la botella, envejecer siempre suma. Y es que en el vino, como decía nuestro gran modista Adolfo Domínguez, la arruga -entendida como símbolo de vejez- también puede ser bella.

“Lo que hay que tener”
Solo un selecto número de vinos puede formar parte de este “Club Senior”, y es que no todos tienen “lo que hay que tener”. La evolución en botella de un vino sigue una especie de curva en forma de campana, en la que, tras una primera fase de adaptación, el vino se va estabilizando hasta alcanzar ese “momento óptimo de consumo” del que hablamos en el vino; tras él comienza su declive. Pero la forma exacta de esa curva, y su traducción en años de vida, no es matemática. Ahí encontramos la diferencia entre vinos que pueden ser añejos y otros cuya vida será más breve. ¿De qué depende?
Para Julio Sáenz, de La Rioja Alta, S.A., un vino añejo debe tener la capacidad de envejecer manteniendo sus características de frescura, complejidad y elegancia. “En mi opinión, los Grandes Reservas, que se elaboran en añadas muy especiales, tiene esa capacidad de envejecer y hacerse mucho mejores con el paso del tiempo en botella. El tempranillo, unido al graciano, es una mezcla de variedades que va muy bien con este tipo de vinos. Vinos que mejoran poco a poco, que se hacen mayores sin hacerse viejos”.
Como nos explica Nuria Peña Albillo, enóloga y directora técnica de Hnos. Pérez Pascuas, “la vida de un vino depende de muchos factores, desde su cosecha, las condiciones climáticas de la añada, la variedad, el sistema de cultivo, tipo de crianza, el extracto y composición químico- organoléptica y, por supuesto, de su conservación”. Algunos factores que influyen en la longevidad del vino, nos señala Nuria, son “su estructura coloidal y sus interacciones con los compuestos volátiles, además de la acidez y el pH. Una buena acidez con pH bajos va a determinar y ayudar a la longevidad del vino, así como la carga de taninos (tanino-antociano) y la crianza, que se puede decir, son los grandes secretos de la buena evolución de la curva del vino”.


Rodrigo Pons, de Familia Fernández Rivera, nos recalca que no hay una fórmula matemática para conocer la vida de un vino. “Es cierto que en determinadas zonas con pH más bajos es más común tener vinos más longevos, pero también es verdad que todo gran vino necesita de una gran materia prima: necesita de uva con maduraciones perfectas y se suelen dar en grandes añadas, aunque siempre hay excepciones de pequeñas parcelas, determinadas partidas, que evolucionan de forma muy positiva”. Así también lo remarca Francisco Hurtado de Amézaga, director general técnico de Marqués de Riscal: “indudablemente, todos estos vinos son elaborados después de una rigurosa selección de uva procedente de las viñas de mayor calidad. En España hay variedades de uva, tales como la tempranillo, que se adaptan mejor que otras para una larga crianza, primero en barrica y después en botella”.
Mireia Torres también nos habla de cómo ha influido el cambio climático o cómo va a influir en la longevidad de los vinos presentes (y futuros). “El clima en aquella época solía ser más frío y esto se puede observar en que son vinos con buenas acideces, pH bajos. Los tintos tienen taninos más marcados, ya que se hacían maceraciones más largas, con mayor extracción de polifenoles de la uva. Esto permite alargar la vida de los vinos, preservarlos y que continúen evolucionando dentro de la botella. También hay algunas variedades que envejecen mejor que otras, como por ejemplo la riesling en el caso de los blancos, o la cabernet sauvignon (que es la variedad con mayor potencial de envejecimiento desde mi punto de vista), garnacha, cariñena...”.


La forma de elaborar también puede influir (y mucho) en la longevidad del vino. Como señala Pons, de Familia Fernández Rivera, “es cierto que la tendencia actual es elaborar vinos de consumo inmediato y de dudosa capacidad de envejecimiento” pero, por otro lado, como remarca Sáenz de La Rioja Alta, S.A. “ahora se elabora mejor que hace 30-40 años, porque el cuidado, las instalaciones el manejo de los viñedos y de los vinos en bodega, son mejores”. Mireia Torres, señala que “antes, los vinos tenían más extracción y concentración, y se hacían crianzas más largas, con un mayor impacto de la madera, y esto contribuía, en cierto modo, a su longevidad”.
Para Javier Bañales, de la riojana Martínez Lacuesta, “lo más bonito de todo el proceso de afinar vinos en barrica y, sobre todo, en botella, durante años, es que las añadas se muestran y pueden analizar mucho mejor. Ves su ADN con el tiempo y ahí está la clave para su comprensión. Tan solo guardando vinos y viéndolos evolucionar con el tiempo es como podremos apreciar mucho más ese concepto añada, parcela y terruño”.
Por último, hay un factor determinante que parece muy obvio, pero que quizá pasamos por alto: el cierre del vino y su correcta conservación, en base tanto a la temperatura como a la humedad. Por ejemplo, en Martínez Lacuesta se han guardaron botellas antiguas con y sin lacre y, por el momento, en las que ya tienen años, las lacradas han resultado vencedoras.

Rioja, la reina vintage
Sin duda, La DOCa Rioja es el gran referente en cuanto a vinos añejos de añada. Por algo cuenta con un Calificada en su apellido, un título otorgado por ser, junto con Priorat, la denominación de origen de vino más antigua de España. Si a su pasado de bodegas centenarias se le suma su estrecho vínculo con Francia y las positivas características de sus vinos para perdurar en el tiempo, la fórmula funciona a la perfección. En Rioja podemos hablar de dos estilos en sus vinos añejos: aquellos que comparten una mayor afinidad con Borgoña, que están más vertebrados en la acidez, siendo delicados, de cuerpo más bien ligero y perfumes sutiles; y aquellos que se asemejan más al modelo bordelés, más poderosos, con un tanino de largo recorrido y una presencia más acentuada de la Cabernet Sauvignon.
Entre las bodegas de Rioja que cuentan con una colección más antigua y más variada, destaca Herederos de Marqués de Riscal, que conserva botellas de todas las añadas que han elaborado desde mediados del XIX. Hasta bien entrado el siglo XX, lo que han conservado es el Marqués de Riscal “clásico” en su cuarto año, ya que en esas épocas no existían categorías de Gran Reserva o Reserva.


“En Marqués de Riscal -nos explica Francisco Hurtado de Amézaga, su director general técnico y de producción - disponemos de una botellería de vinos viejos en la que se pueden encontrar botellas desde la fundación de la bodega en 1858. La primera añada de que se dispone es de 1862, y desde ese año hasta la actualidad hay vinos de todas las añadas”.
Los “riscales” demuestran siempre su gran capacidad de envejecimiento, debido en parte a ese “carácter del Médoc” que se vertebra en una mayor presencia de la Cabernet Sauvignon. Son, siguiendo esa línea bordelesa, tintos de tanino de evolución lenta, firmes en el paladar. Recientemente, el director de catas de la revista, Raúl Serrano, pudo catar en el II Salón de los Vinos del Tiempo algunos de ellos. “Si tengo que elegir uno -señala Serrano- sería Barón de Chirel del 96, que mantenía una madurez y elegancia dignos de un gran vino, una acidez que se prolongaba y le hacía largo y un final rústico que mostraba el paso del tiempo con elegancia”.
La Rioja Alta S.A. es otra de las clásicas riojanas dentro del mundo “vintage”. Razones no le faltan, ya que cuentan con un botellero histórico en su bodega de Haro, que aunque no es visitable, sí puede observarse desde fuera en las visitas a bodega. Como nos cuenta Julio Sáenz, su enólogo, “desde nuestra fundación, hemos ido guardando algunas botellas de nuestros vinos más emblemáticos (cosechas fundacionales de 1890, de 1904...) o de las grandes añadas históricas y míticas de todos nuestros vinos, de los antecesores de nuestras actuales marcas comerciales y de todas las cosechas de nuestro Club de Cosecheros (el más antiguo de España)”.


Son vinos muy especiales que no están a la venta. Sí lo están a partir de los años 70-80, ya que disponen de una mayor cantidad de botellas, aunque limitadas y por cupos, que ofrecen a clientes especiales, tanto privados como de restauración, coleccionistas y amantes de este estilo de vinos clásicos de todo el mundo. En su tienda online hay una sección, muy visitada, destinada a añadas antiguas que pueden adquirirse por botellas individuales o por colecciones verticales históricas. Y en su winebar también se puede degustar una selección de añadas antiguas por copas, que además se pueden adquirir.
Gran Reserva 890 y Gran Reserva 904 son sus dos buques insignias en esta categoría aunque, sorprendentemente, para nuestro catador Raúl Serrano, Viña Arana Gran Reserva 1996 fue una de las mayores sorpresas del salón en el que pudo catarlo: “casi 30 años después de elaborarse, el vino no solo se defendía, tenía un equilibrio perfecto, mantenía cierto cuerpo, una excelente acidez y además seguía marcando un estilo y personalidad que ponía de manifiesto su casa”.


Martínez Lacuesta es otra de las “históricas” que están sorprendiendo por su gama de vintages; vinos, como señala su CEO Javier Bañales, “con esa capacidad de romper con las reglas del tiempo”. La bodega cuenta con un calado de unas 8.000 botellas antiguas, partiendo desde la añada 1922 del Reserva Especial. Aunque estos vinos del calado histórico no están a la venta en general, ocasionalmente se ha vendido y se vende alguna botella.

Como nos comenta Bañales, “ al margen de esas botellas de algunas de las añadas míticas de Rioja, destacaría las que quedan del Reserva Especial de 1922 (de las que alguna incluso hizo el viaje de ida y vuelta de México, traída por el biznieto de quien las compró en los años 30), la edición limitada y con etiqueta especial del Gran Reserva 1970 conmemorativa del “Viaje del Papa Juan Pablo II” (vino elegido por Iberia para el viaje del Pontífice) o la primera añada de la edición especial que se elaboró algunos años de Félix Martínez Lacuesta 1995”.
Campeador es una marca clásica de la bodega que conserva un maravilloso aire retro. Fue registrada en 1916, y en ella se buscaba un mayor cuerpo, profundidad y estructura que en los vinos finos de la época, para lo que se incorporó la garnacha al ensamblaje, en este caso de Rioja Oriental (lo que era conocido como Rioja Baja). “Es curiosa la paradoja de este estilo de vinos -señala Bañales- dado que normalmente tenemos asimilado que la botella borgoña nos predispone a un estilo más aéreo, menos concentrado, jugoso y ágil, frente a los vinos embotellados en bordelesa donde podemos esperar un concepto de vino con más cuerpo, tánico, potente y algo más opulento… Pues en el caso de los vinos finos clásicos de Haro se trata de lo contrario. La finura y estilo más pulido (aun con tensión) y direccional se reservaba para esos vinos en bordelesa, y la boca algo más concentrada, con más capas y volumen, para los embotellados en borgoña”.


Martínez Lacuesta Blanco Gran Reserva 2014 fue el vino que nuestro director de cata destaca de los que cató en Los Vinos del Tiempo de esta casa.
Otras bodegas riojanas muy interesantes a la hora de buscar viejas añadas son Faustino, Montecillo, Conde de los Andes (B. Muriel) o Vinícola Real, con su 200 Monges (el Selección Especial Blanco 2007 nos sorprendió muy gratamente), aunque sin duda, si tenemos que hablar de una auténtica revolución de seguidores añejos, sobre todo cuando se trata de categorías tan especiales como la del rosado, debemos mencionar especialmente a Tondonia. Y es que su rosado Gran Reserva (actualmente podemos encontrar en el mercado su añada 2012), elaborado mayoritariamente con Garnacha y criado durante cuatro años en barrica, es una delicada excepción que confirma que estos vinos tienen un escogido y muy fiel público. La bodega cuenta con una selección de vinos históricos a la venta, ya que desde que el bisabuelo de María José López de Heredia fundara la bodega en 1877, han guardado una pequeña cantidad de las cosechas más memorables de sus Gran Reserva en su “Cementerio”, veintidós cosechas desde 1890.


Y junto a estas casas históricas, de largas tradiciones, la contemporánea Vintae es un curioso ejemplo de “nueva vieja bodega”, es decir, una bodega nacida hace pocos años, pero desde la filosofía de elaboración de vinos clásicos y comercializaciones añejas. Bajo el nombre de Classica encontraremos estos vinos (blancos, rosados y tintos) con envejecimientos muy largos en botella, a unos precios más que asequibles y con un punto más cercano a los gustos actuales, gracias a la elección del roble francés en su crianza. De entre los catados recientemente, Raúl Serrano quiso destacar el excepcional Classica Hacienda López de Haro Gran Reserva Blanco 2013.

El Duero añejo
Ribera del Duero es una denominación de origen relativamente joven. Nacida hace 40 años, ha sido, en cierta manera, “eclipsada” en esta categoría por la histórica Rioja y, quizá también, por esa idea de que son vinos que, por su carácter más maduro y menor acidez, van a envejecer más rápidamente… Y peor. O, simplemente, como señala Juan de la Vega Meiland, director general de Hermanos Pérez Pascuas, una de las bodegas ribereñas que más han apostado por vinos de largo recorrido, porque “una bodega necesita pulmón para poder aguantar la salida al mercado de algunos vinos y dejarlos como inmovilizado en vez de comercializarlos de inmediato”. Y si no hay una tradición en su elaboración, como sí hay en Rioja, pues eso lo hace más cuesta arriba.


Los de Viña Pedrosa, apostaron desde sus inicios por los grandes reservas, “como buen ejemplo, la salida al mercado de nuestra primera añada de Viña Pedrosa Gran Reserva en el año 1985. Posteriormente, en el año 1990, comenzamos la comercialización de un vino parcelario de viña vieja (de los primeros con esta filosofía en su momento) de nuestro Pérez Pascuas Gran Selección en la añada 1990. Aún tenemos vinos guardados de estas añadas iniciales en nuestro museo, pero rara vez se abren dada la escasez”, señala su CEO.
Cada temporada saca a la venta algunas añadas de las últimas dos décadas, siempre sin agotar todo en un año o en un solo cliente. “Entendemos que son botellas que deben ser disfrutadas por el mayor número de personas y nos hemos negado en varias ocasionas a vender una sola cosecha de un vino o cantidades más grandes a un solo cliente (aunque no lo haya entendido en ese momento)”, recalca Juan.


Otra bodega que resalta por su botellero decano es Familia Fernández Rivera. Rodrigo Pons, su enólogo, nos comenta que “los vinos más especiales para la bodega son las primeras añadas de Alenza por un motivo histórico y sentimental principalmente. Luego hay añadas que, por diversas circunstancias, han evolucionado de forma muy positiva como pueden ser la 95, 99, 2001…”. Por ejemplo, en la reciente segunda edición del Salón de Los Vinos del Tiempo, presentaron su Alenza 1995, “en este tipo de vino tiene mucho valor el equilibrio y la elegancia que alcanzan, siempre manteniendo una textura y un centro de vino que cuando envejecen bien son difíciles de igualar. Lo que más nos sorprende son las texturas en boca, la presencia de fruta madura y el abanico de aromas terciarios que podemos encontrar”.


Junto a bodegas como estas, que demuestran lo bien que pueden envejecer los vinos ribereños, hay que hablar del mito, de Vega Sicilia, una bodega que directamente comercializa vinos con una elevada crianza en botella y cuyo mercado de añadas añejas es de los más ricos. Este año comercializa, por ejemplo, la 2005 de su Único, y es fácil encontrar en vinotecas y tiendas online especializadas añadas anteriores a los 90.


En Rueda, también podemos encontrar ejemplos, tanto de bodegas que conservan y ponen a la venta añadas antiguas, como Campo Elíseo (también de sus tintos de Toro), como otras que apuestan por verdejos de largo recorrido, como los Enoteca de Montepedroso, con la 2020 en el mercado.

El Mediterráneo también es longevo
¿Vinos añejos en el Mediterráneo? ¡Y tanto! Hay muchos factores, como el suelo, la variedad de uva, los microclimas, la forma de elaborar, etc., que permiten que existan grandes vinos longevos mediterráneos. Centrándonos en los vinos tranquilos, una de las casas que más ha apostado por ello es Familia Torres.
Mireia Torres, directora de Innovación y Conocimiento de Familia Torres, explica que desde hace años guardan una pequeña parte de la producción de cada añada de sus vinos más emblemáticos, “vinos de la reserva privada de la familia que descorchamos en catas verticales con clientes, prescriptores o consumidores”, algunos también disponibles para la alta restauración y clientes privados que pueden comprarse directamente en la bodega o en tienda especializada.

Suponemos que catar leyendas como esa primera añada de Mas La Plana (1970), que venció a los grandes vinos franceses en el Gran Juicio de París de 1979, o el Jean Leon Vinya La Scala 1975, que se sirvió en la cena de investidura como presidente de Ronald, será imposible (o casi), pero sigue siendo una experiencia inolvidable catar la añada 2015 de su blanco Milmanda, que conserva “el carácter, grasa y volumen de los grandes blancos del mundo”, o la 2006 de Mas La Plana (“posiblemente el mejor Cabernet de España”), y de su complejísimo Grans Muralles. “El año pasado -comenta Mireia- lanzamos la Colección Privada de Familia Torres, una selección de vinos de nuestra reserva privada con un envejecimiento mínimo de 10 años, para mostrar precisamente el potencial de estos grandes vinos.
En la primera edición, por ejemplo, contábamos con un Mas La Plana 1989, el más antiguo de la colección. También otras añadas de Mas La Plana y de otros vinos emblemáticos como Milmanda, Waltraud, Grans Muralles o Reserva Real. En el caso de Jean Leon, también estamos comercializando nuestro Vinya Le Havre en formato mágnum de cuatro añadas antiguas que van del 1996 al 1999, y Vinya La Scala 2000”.


Otras bodegas que han demostrado lo bien que les sientan los años a sus vinos son Mas Martinet, en el Priorat o, al otro lado de la montaña, Venus La Universalen Montsant. Ambas están especialmente preocupadas por mantener la riqueza clonal en sus viñedos y sus suelos verdaderamente vivos. Algo tendrá que ver con lo bien que envejecen sus vinos…

Larga vida a la burbuja
¿Y si hablamos de espumosos? ¿Encontraremos burbujas capaces de enfrentarse al paso del tiempo? Por supuesto, tenemos grandes ejemplos en nuestro país de vinos espumosos creados para perdurar. Sin ir más lejos, nuestras burbujas Magníficas de los dos últimos años son cavas de larguísima crianza y proceden de añadas con más de diez años de antigüedad.

Alta Alella cuenta con dos cavas que representan esta tendencia a la perfección: Mirgin Exeo Evolució 2004 y Alta Alella 10 Gran Reserva 2012 (ganador del Magnífico Espumoso 2024). Mireia Pujol-Busquets, segunda generación de la bodega, nos comenta cómo ambos “rompen el mito de que los espumosos son solo para consumir jóvenes, mostrando cómo pueden adquirir complejidad, profundidad y elegancia con los años”. En Alta Alella cuentan con una Viblioteca donde guardan los “mejores recuerdos” de las 23 vendimias que ya atesoran. Una colección que está disponible tanto para particulares como restauradores y tiendas del sector.
Dos cavas que han envejecido de una manera asombrosa, representando especialmente bien su territorio, un paraje muy especial el de Vallcirera. Alta Alella 10 tiene 10 años de crianza con sus lías y Mirgin Exeo Evolució un mínimo de 18 años.


Las grandes casas cavistas también apuestan por estas añadas del tiempo, como es el caso de nuestro Magnífico Espumoso 2025, un cava muy especial creado por Codorníu. Ars Collecta Paraje Calificado La Fideuera 2014 es, como explica su enólogo Bruno Colomer, una rara avis, ya que su viñedo de xarel·lo, La Fideuera, situado a apenas 30 km del Mediterráneo, a priori no debería ser el óptimo para las largas crianzas “y sin embargo conseguimos un cava que cumple 10 años desde vendimia siendo vital, joven y al tiempo maduro, pero nunca cansino, nunca oxidado. Para mí demuestra que cada variedad tiene que estar en su clima. No tan solo los climas continentales son los que dan buenos potenciales para envejecer”.
Mestres es otra de esas bodegas artesanales que han apostado por la vejez frente a la inmediatez. Sus Mas Vía Gran Reserva Brut son simplemente impresionantes, y en esta ocasión nos quedamos con su 2003, digno rival de cualquier espumoso que se precie.

Atlanticismo de largo recorrido
Rías Baixas, Ribeiro, Txakoli… Hasta hace no muchos años, tomar uno de sus blancos más allá de su última añada era algo realmente poco habitual. Muy pocos apostaban por disfrutar de, por hablar de la uva más consolidada de nuestro Atlántico, un “albariño viejo”.

De entre los pioneros sin duda en estas “tierras de blancos”, destaca Pazo de Señorans con su Selección de Añada, que sigue marcando hitos. Poco a poco, le fueron siguiendo otros vinos, otras uvas y denominaciones, no solo gallegas (Ribeiro con la treixadura, Valdeorras y su godello), también en el País Vasco ha habido una verdadera revolución “txakolina”, con casos como el Malkoa 2018, que acaba de proclamarse más que merecidamente como nuestro Magnifico Blanco de Guarda, demostrando todo el poder, longevidad y raza de su uva Ondarrabi Zuri. Y es que, a priori, estos blancos atlánticos lo tienen todo para envejecer como reyes. Ahora solo nos falta creérnoslo, ya saben lo del profeta en su tierra...

Entre jereces y fondillones
Nacidos para envejecer, nuestros generosos son los vinos añejos por excelencia, como demuestran clasificaciones como la que realiza la DO Jerez, con sus VOS (Very Old Sherry) y VORS (Very Old Rare Sherry), con 20 y 30 años de crianza media certificada, respectivamente. Junto a estos vinos, cuya edad se obtiene con un promedio de su crianza “dinámica”, haciendo media de la edad de su solera (muchas veces centenaria) y la de sus criaderas, una vertiente que está tomando fuerza son los generosos “viejos” de añada, es decir, los que son fruto de crianzas estáticas.


Mención aparte merecen los fondillones alicantinos, histórica elaboración de la monastrell en dulce y sin encabezar de la DO Alicante, entre los que encontramos verdaderas joyas, como la Colección de Toneles Centenarios de la bodega Luis XIV. La bodega ha embotellado los fondillones que habían quedado olvidados, tras su cierre en los 60, en la sala de toneles de las centenarias bodegas Ferrero. Un conjunto de soleras viejísimas, inalteradas, que han preservado la esencia de unos vinos únicos, verdadera historia líquida.
Destaca en la DO Montilla-Moriles la bodega Toro Albalá, que habitualmente saca al mercado joyas a través de su Convento Selección, como el Don PX de 1946 o el Amontillado de 1952.
En Jerez encontramos algunas bodegas con colecciones de viejas añadas. Por ejemplo, nuestra ganadora del Magnífico Generoso Bodegas Tradición que, para celebrar el 25 aniversario de la refundación de la bodega, seleccionó cuatro botas muy especiales para crear unos vinos de coleccionista, de los que hay tan solo cuatrocientas botellas de cada. Se trata de la bota nº 751 que contenía su Oloroso 1970, la bota nº 750 que contenía su Palo Cortado 1975, la bota nº 786 con su Oloroso 1975 y la bota nº 785 con el Palo Cortado de 1998.
González Byass también elabora vinos de crianza estática de viejas añadas, como el Viña Dulce Nombre de 1986 o su Amontillado de 1975.

Los vinos del tiempo... ¡Al salón!
Esta valerosa apuesta por los vinos añejos merece una mención especial. Celebrada anualmente (lleva ya dos ediciones) en Madrid, el Salón de los Vinos del Tiempo recoge una selección inédita de añadas antiguas y vinos añejos y está centrada en el ámbito profesional (sumilleres, restauradores y prescriptores). Desmarcándose de los principios que se imponen en la mayor parte de los eventos consagrados al universo del vino, el Salón de los Vinos del Tiempo reivindica uno de los rasgos más fascinantes del vino: su capacidad para madurar con nobleza y potenciar sus virtudes, a través de los años.


Y es que España, en el mundo del vino, es sinónimo de cultura, de tradición, de siglos y siglos de historia vínica. Ahora que comienza a resonar el término de “patrimonio” más allá de edificaciones y monumentos, sumando a su significado un vínculo férreo, por ejemplo, con nuestros paisajes y viñedos, es el momento de preservar esos vinos añejos que forman parte del legado, de la riqueza, de muchas de nuestras regiones productoras.


Apostemos por la magia y la nobleza de estos vinos de estirpe, con raíz. Merecen una reverencia y un espacio propio.

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