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Mujeres de burbujas

Mujeres de burbujas

Por Jesús Rivasés
Columnista, tertuliano y escritor

La historia, entreverada de leyenda, afirma que el champagne lo inventó, por casualidad, el monje benedictino Dom Perignon que, al probar el primer sorbo, habría dicho “¡Estoy bebiendo estrellas! Sin embargo, el champagne que bebemos ahora es la obra de una serie de mujeres. Dos viudas, Pommery y Cliquot, están en el origen moderno de este vino. Otra Bollinger dejó su sello a mediados del siglo XX, y una última está llamada a hacer historia en el siglo XXI. Han sido y son cuatro mujeres de burbujas, pero hay más. En enero de 2020, Vitalie Taittinger (1979), sucederá a su padre, Pierre-Emanuel Taittinger, al frente de la Maison Taittinger. Fundada en 1734, figuró desde el principio entre los productores punteros de este vino y la propiedad siempre estuvo vinculada a la familia, hasta que en 2006, el ahora presidente saliente se hizo con todo el control.

Apenas un año después, Vitalie Taittinger se unía al negocio familiar en el que comenzó como directora de Marketing y Comunicación y, dentro de nada, será la máxima responsable de una de una empresa que vende sus botellas en 149 países. Vitalie Taittinger tiene ilustres precursoras. En 1805, Barbe Nicole Ponsardin, con solo 27 años, se quedó viuda y se puso al frente de la empresa de su marido, François Cliquot Philip. En 1772 fundó una Maison de vinos en la zona de Reims para exportar a Italia, algo innovador en aquella época. La decisión de Barbe Nicole Ponsardin de ponerse al frente del negocio de su marido fue algo también casi revolucionario en una época en la que las mujeres no dirigían empresas. Madame Cliquot, además, impulsó el champagne e introdujo nuevas técnicas, como un sistema para eliminar las lías. Falleció en 1866, tras 50 años al frente de un negocio conocido para siempre con el calificativo de su estado unido al apellido de su marido, mientras que ella era conocida como “La Grand Dame de la Champagne”. En su honor, lo bodega creó un champagne conocido como “La Grand Dame”, un “millésime” elaborado por primera vez en 1972.

Louise Pommery se quedó viuda en 1858, cuando solo tenía 39 años. Su marido, Louis-Alexandre Pommery había hecho fortuna con el negocio de la lana, pero en 1856, enfermo, decidió retirarse. Sin embargo, su mujer volvió a quedarse embarazada y dio a luz a una niña y pensó que debía volver a los negocios para asegurar el futuro de la familia. La lana estaba de capa caída y Louis-Alexandre Pommery decidió probar suerte con el comercio de vinos de Champagne, pero murió enseguida, en febrero de 1858. Su viuda, sin experiencia en los negocios, opta por ponerse al frente de la actividad y no solo tiene éxito, sino que crea tendencia. Madame Pommery, además revoluciona los vinos de Champagne, al impulsar -hay quienes le atribuyen incluso su creación- los “brut”, porque hasta que llegó ella los champagnes solo se servían a los postres y eran vinos dulces o muy dulces. Louise Pommery quería un vino que se pudiera beber durante toda la comida y para eso hacían falta los “brut”, seco o extraseco. 

La idea fue acogida excelentemente por el mercado y el éxito fue inmediato. La viuda revoluciona también las formas de comercializar y promocionar un producto como el champagne. Es ella la que inventa la imagen de marca, asociada en este caso al lujo, y una de las primeras personas que al frente de una empresa consideran la comunicación y las relaciones públicas como una de las claves del éxito empresarial. De alguna manera, también se apoya en lo que hoy se llamaría “patrocinio empresarial”. Pommery, uno de los champagnes más conocidos del mundo, homenajeó a su verdadera creadora con el Cuvée Louise, lanzado en 1979, elaborado con uvas de las mejores viñas de la bodega. Elisabeth Law de Lauriston-Boubers, más conocida como Lily Bollinger, la mujer ciclista, porque iba a todas partes en bicicleta, quizá innovó menos que las viudas Cliquot y Pommery, pero dirigió Bollinger durante 30 años, de 1941 a 1971.

También ella tuvo que ponerse al frente del negocio tras la muerte de su marido y también logró colocar a la bodega entre las más punteras. Tenía sus métodos efectivos y nunca hizo publicidad, salvo menciones en las películas de James Bond, en las que 007 siempre pedía Bollinger, “el mejor champagne del mundo”. También se hizo famosa por alguna rareza o excentricidad. Por ejemplo, se negó a elaborar champagne “rosé”, por considerarlo una bebida de las casas de “mala nota” de París, solo apto para mujeres de mala reputación. Murió en 1977 y quizá nunca supo que la bodega empezó a elaborar un “Bollinger Rosé” en 1976. Llegó al mercado en 1981 y el primer “vintage” es de 2008. En la historia también están Mathilde Perrier y Camille Olry Roederer. Ahora, el futuro se llama Vitalie Taittinger, pero tampoco estará sola.

Así se veía en nuestra revista.

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