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El Club

Lloviendo sobre mojado

Lloviendo sobre mojado

Por Santiago Jordi, elaborador y presidente de la Federación Española de Asociaciones de Enólogos

Parece ser que sigue siendo muy complicado para muchos de nuestros políticos poder decir la verdad. Más bien, enmascaran la realidad a través de campañas de vacunación y de cantos de sirena, asegurando que, con las vacunas, nos encontraremos de nuevo en la misma casilla de salida en la que nos encontrábamos el 1 de febrero de 2020, cuando se detectó el primer caso de COVID-19 en España. Más allá de esa falacia en la que pretenden instalarnos, lo cierto es que nos encontramos inmersos en una profunda crisis sectorial a consecuencia de unos desequilibrios capitales tanto en el campo de la producción como en el del propio mercado.


Una vez conocidos los datos del Infovi, correspondientes con la campaña 2020-2021, podemos afirmar que la producción total ascendió a 45.772.198 hl de los cuales, 40.696.156 hl se vinificaron y 5.076.042 hl se declararon mostos sin concentrar, lo que supone un incremento del 23% respecto a la campaña anterior.

Hemos de tener en cuenta que, al final de la campaña pasada, se tomaron medidas excepcionales con el fin de aliviar los depósitos en bodega, aprobando ayudas a la destilación y reduciendo la producción mediante la vendimia en verde.

Respecto a la parte de consumo -como era de esperar en una cultura como la nuestra, que nos invita a consumir socialmente- el decremento ha sido de un 15,9%, porcentaje que sitúa a nuestro consumo doméstico en 9.244.803 l. O lo que es lo mismo, apenas llegamos a los 20 litros por persona. Recordemos que la media europea se sitúa en alrededor de 25 litros por persona y año y que, por tanto, se trata de un dato chirriante, dado que nuestro país es uno de los principales productores y con mayor superficie de viñedo.

Para colmo, últimamente hemos podido ver cómo, desde el seno de algunos partidos políticos, se denunciaba el plan anticáncer de la Comisión Europea en el que, entre otras medidas, todo parecía indicar que el vino se iba a clasificar dentro de la misma categoría del tabaco a efectos de etiquetado, y que se iban a introducir medidas frente al consumo excesivo. Otra vez, la Administración quiere meternos en el mismo eje del mal y perseguir tanto a los nuevos consumidores como a las nuevas generaciones que, en el peor de los casos, podría persuadir con fotos disuasorias en sus etiquetas -parecidas a las de los paquetes de tabaco- sobre los efectos negativos que vinculan su consumo excesivo con el desarrollo de cáncer.

La Unión Europea parecía olvidarse, una vez más, de centrarse en lo realmente importante y, en un intento de ideologizar la lucha contra esta enfermedad, criminalizaba y perjudicaba al sector del vino, cuyo consumo excesivo ya ha categorizado como cancerígeno.

Desde el Gobierno de España, como era de esperar, una carta dirigida a la vicepresidenta de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, Mazaly Aguilar; y al portavoz de Agricultura del Congreso de los Diputados, Ricardo Chamorro; criticaba las intenciones de la Comisión Europea de incluir el vino como alimento cancerígeno sin argumentar ninguna base científica.

Y es que últimamente estamos observando cómo la UE, en sus revisiones legislativas sobre la fiscalidad del vino, pretende tratarlo como un alcohol y no cómo lo que es: un alimento. Y es en eso en lo que se basaba para imponer un etiquetado similar al del tabaco. Estas medidas desproporcionadas y carentes de cualquier base científica, chocan frontalmente con la responsabilidad y sostenibilidad con la que el sector lleva promoviendo muchos años un consumo moderado de vino, además de los beneficios que proporciona dentro de la Dieta Mediterránea y de la importancia que representa como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Afortunadamente, la sangre no ha llegado al río. De momento, la UE . Eso sí, de momento.

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