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Txakolina en Nueva York

Txakolina en Nueva York

Por Jesús Rivasés, periodista, tertuliano y escritor 

El txakolí–txakolina en euskera- es un vino del País Vasco, un vino de cosecha que puede definirse como joven, fresco, afrutado, algo ácido y ligeramente efervescente. Muy popular en la zona, su conocimiento y consumo son muy limitados más allá del territorio vasco, aunque ahora, de una forma quizá un tanto sorprendente, acaba de dar el salto y ha cobrado cierta notoriedad en Nueva York, en donde es posible acceder a media docena de txakolinas diferentes.

La historia es simple o compleja, pero algo sorprendente y queda la duda de si todo ha sido casualidad o el resultado de una campaña organizada. Eric Asimov, crítico de vinos de The New York Times, el diario neoyorquino con unas secciones de comida y bebida tan seguidas como influyentes, dedicó hace unas semanas todo un artículo al txakolí, “txakolina”, como él escribe. Todo empezó, según el crítico, con su presencia en una “larga comida al mediodía en una terraza en el País Vasco español”, concretamente en Getaria, aunque no da más detalles. El almuerzo, según su relato, fue largo y ancho en la mejor tradición vasca, y estuvo regado con “muchas botellas” de txakolina. Explica que el menú fue sobre todo de pescado, aunque admite que hay platos que no recuerda, pero añade que si hubieran comido cordero o ternera hubieran bebido lo mismo y, remacha, “quizá estaríamos bebiendo txakolina”.

La producción y consumo de txakolí está documentado hasta la Alta Edad Media, aunque los más estudiosos apuntan a los siglos XVII y XVIII como los  momentos de máximo esplendor histórico de este vino. El txakolí, no obstante, vive desde finales del siglo XX una especie de edad dorada. 

Existen tres denominaciones de origen, la Getariako Txakolina (identificada con Guipúzcoa), que data de 1989; la Bizkaiko Txakolina (identificada con Vizcaya), que obtuvo el reconocimiento en 1994 y; por último, la Arabako Txakolina. El txakolí, por otra parte, es un vino de entre 9 y 11 grados, que se elabora con uvas autóctonas, como la Hondarrabi Zuri para los blancos y la Hondarrabi Beltza para los tintos, a las que se añadiría la Folle Blanche. Getariako Txakolina, no obstante, destaca y lleva la voz cantante en el txakolí blanco, el más consumido. 

Eric Asimov, el crítico neoyorquino, escribía hace unas semanas en las páginas de The New York Times que “hace veinte años, la txakolina era en gran parte desconocida en los Estados Unidos, pero se ha vuelto cada vez más popular y ahora no es nada difícil de encontrar, sobre todo cuando el clima se vuelve  cálido”. El experto, además, incluía en su crónica tres recomendaciones concretas, todas de la denominación Getariko Txakolina, y especificaba dónde se pueden conseguir en los Estados Unidos y los precios de venta de referencia en ese país. La selección del americano es discutible, pero en cualquier caso es una curiosidad interesante y también una campaña de imagen magnífica para los vinos elegidos. Asimov recomienda Antxiola 2020 (19$/botella), Ulacia 2019 (20$/botella) y Ameztoi 2020 (22$/botella). El crítico, además, por si sus lectores tienen problemas para encontrar las botellas elegidas, también sugiere otras como Rezabal, Berroja, Bengoetxe y Txomin Etxaniz (DO Getariako Txakolina), Doniene (Bizkaiko Txakolina), y Xarmant (Arabako Txakolina).

También aclara algo obvio para los amantes de este vino, pero quizá no para quienes lo descubren: es un vino joven y hay que buscar la cosecha más reciente, porque cuanto más fresco sea el txakolí, mejor. Hay, por supuesto, muchos más txakolís elaborados por un centenar y medio de bodegas -una gran parte cooperativas-; algunos de tanta o mayor calidad que los que han tenido los honores de ocupar las páginas de The New York Times.

Como siempre, es cuestión de gustos y preferencias y, por citar alguno, me decanto por Hiruzta, elaborado con Hondarrabi Zuri, que tiene la ventaja de que se puede encontrar con cierta facilidad más allá del País Vasco y con un precio de entre 9 y 10 €/botella. Casualidad o campaña organizada, el txakolí ha plantado una pica en Nueva York.

Así se veía en nuestra revista.

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