Aniversario El Grifo

Hablar de El Grifo es hablar de dos siglos y medio de historia. Y es que, la bodega más antigua de las Islas Canarias (y en el top ten de bodegas más veteranas de España) elabora vinos ininterrumpidamente desde 1775, como se remarca en la piedra del lagar fundacional que salió a la luz en los años 80 al realizar obras en la bodega. Situada en Lanzarote, su titularidad a lo largo de todos estos años, ha recaído en tres familias: Los Ribera, los De Castro y, desde 1880, en los descendientes de Manuel García Durán. 

Regida por un ser mitológico

El grifo, mitad águila, mital león, es el emblema que preside la entrada de la bodega y protagoniza las etiquetas de la casa. Esta poderosa silueta fue creada por el gran artista César Manrique, amigo de la familia, y recoge a la perfección la esencia de una bodega fuerte, valiente y que sabe volar, construida en base a unos viñedos muy especiales de los que extrae la gran personalidad que atesora el suelo y las viñas lanzaroteñas. 

El viñedo del volcán

Aunque pueda parecer extraño, las viñas en Lanzarote nacen de sus cenizas, cual ave fénix.  En 1730, las erupciones del Timanfaya cubrieron de arena volcánica gran parte de la isla, destruyendo poblaciones, plantaciones de cereal y pastos. Los  lanzaroteños , lejos de darse por vencidos y sufriendo aún las últimas erupciones, comienzan a apartar las arenas para llegar al suelo orgánico y se deciden por el viñedo y los frutales, cultivos más indicados para la nueva realidad de la isla. Así surge ese nuevo paisaje de vides, protegidas por muros de piedra seca sobre suelos volcánicos. Viñas de pie franco (la filoxera no llegó a Canarias) plantadas con variedades únicas, muchas exclusivas del archipiélago, como la Malvasía Volcánica, que protagoniza el vino con el que El Grifo conmemora su excepcional y más que bicentenaria historia.

1775

Los padres del venerable Antonio Torres y Ribera poseían antes de las erupciones varias parcelas en El Grifo. Tras las mismas, plantaron viña, enviando los mostos a Arrecife para destilarlos en aguardiente. D. Antonio fue completando la finca actual mediante compras sucesivas y en 1775, edificó el lagar cubierto, inicio de la bodega, sin perjuicio de otras edificaciones no datadas todavía. Había nacido El Grifo.

1880

Manuel García Durán, bisabuelo de los actuales propietarios, compra El Grifo. En 1905 adquiere las fincas y maquinaria alemana que fueran de la bodega Los Alemanes. La gran prensa hidráulica, la bomba de balancín, una despalilladora… que sirvió, entre otras cosas, para jubilar la prensa de viga. 

1935

Primeras etiquetas donde consta, no el nombre del propietario como era costumbre (en este caso Manuela García Ramírez, hija primogénita de Manuel García Durán y abuela de los actuales propietarios), sino de su esposo, Fermín Rodríguez Bethencourt. A partir de finales de los cuarenta, su hijo, D. Manuel Rodríguez-Bethencourt, dirigió la bodega dándole un gran impulso.

1980

Se constituye la compañía mercantil El Grifo S.A. y Doña Antonia, sucesora de Manuela, dona a ambos hijos varones las acciones, quienes contratan como enólogo a Felipe Blanco, que iniciaría su trabajo a tiempo completo al año siguiente.

1984

Concluye la primera fase de la nueva bodega, iniciada en 1982 junto a la antigua. El vino de El Grifo se vende exclusivamente embotellado. Los nuevos depósitos son de inoxidable, se instala equipo de frío, nuevas prensas horizontales y despalilladora Vaslin. Se obtiene el primer reconocimiento internacional: Medalla de Oro al Malvasía Seco en el VII Concurso Enológico Internazionale de Milán.

1986

Se inician las obras de acondicionamiento del futuro Museo, como mejor forma de preservar la bodega antigua. Se realiza con el asesoramiento de César Manrique, amigo de la familia, quien tras diseñar la etiqueta del Malvasía Semi,y del Pájaro Grifo, emblema corporativo, realiza el Monumento al Pájaro Grifo. Durante las mismas aparece la piedra fundacional del lagar.

2018

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Fallece Antonia Rodríguez Bethencourt, madre de los hermanos Otamendi, a la edad de 104 años. Se embotella una partida importante del vino de Malvasía de Lías, que será el vino del 250 Aniversario. 

2025

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El Grifo celebra su 250 aniversario con, entre otros eventos, el lanzamiento de un vino muy especial que encierra toda la esencia de esta histórica bodega: variedades de uvas locales como base, respeto absoluto por el terruño y amor a su isla. Así es este El Grifo Malvasía Sobre Lías 250 Aniversario. 

VINO CONMEMORATIVO

El Grifo Malvasía sobre Lías 2018

FICHA TÉCNICA

· Denominación de Origen: Lanzarote
· Variedad: Malvasía volcánica
· Características del viñedo: La uva procede de una selección meticulosa de parcelas ubicadas en la zona de Tinajo, de cepas prefiloxéricas, de un viñedo con una media de edad de 60 años, plantado en suelo volcánico. Tinajo es una de las zonas más frescas de la isla. El vino está elaborado con uva procede de cuatro viticultoras de Tinajo y se vendimió el 2 de agosto de 2018. La vendimia en la isla se recoge de manera manual en cajas de 18 Kg.
·Elaboración: La uva se prensa con racimos enteros para respetar la calidad, minimizando las extracciones de taninos. El mosto, tras un desfangado estático de 24 horas, inició la fermentación levaduras propias previamente seleccionadas en el campo y multiplicadas en nuestra bodega. Una vez finalizada la fermentación alcohólica, el vino se mantienen turbio con las lías finas en suspensión durante 28 meses. En el 2021 se embotella y se prolonga su crianza hasta 6 años, otorgándole un paso largo y untuoso con una presente acidez.

MALVASÍA DE GUARDA

Desde 2010, la bodega apuesta por el gran potencial de la malvasía para la guarda, con una crianza con sus lías que potencia las características varietales. De esta cosecha se elaboraron 12.600 unidades.

Además, el vino del aniversario incorpora el arte del pintor Ildefonso Aguilar en su etiqueta, quien, con su obra “Bajo el Volcán”, refleja su conexión con el paisaje de la isla de una forma única y alcanza a transmitir cómo es, su luz y apariencia física, pero también su sonido, su temperatura, su olor y cada uno de esos rasgos que la convierten en un territorio lunar, casi de otro planeta. 

Pero el misterio de estos 250 años se guarda en el interior de la botella, con una malvasía de guarda que irrumpe aún con una frescura cítrica poderosa, arropada por sutiles recuerdos de levaduras, e incluso de panadería, y un trabajo de lías que aporta cremosidad. Se suman un sinfín de aromas florales, que entrelazan flor blanca y morada sobre un fondo claramente de tierra y zona. 

En boca es tenso, vibrante, fluido y cremoso en su recorrido, con claras notas salinas y ese plus que identifica al vino de tierra volcánica, sin perder el frescor que le otorga su acidez para anticipar un final largo y una larga guarda.

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