En Mesopotamia, hace más de 4.000 años, el vino no era solo una bebida, sino también un elemento ceremonial y medicinal. En tablillas sumerias descubiertas en la ciudad de Nippur, se registran instrucciones precisas para la elaboración de vino, incluyendo la fermentación de uvas y la adición de miel o especias.
Los sacerdotes sumerios utilizaban el vino como ofrenda a los dioses y como medicina: se creía que beberlo ayudaba a “limpiar la sangre y fortalecer el corazón”. Además, ciertas tablillas indican que existían controles de calidad muy estrictos, y que el vino que no cumplía con los estándares ceremoniales podía ser confiscado o destruido.
El consumo de vino también estaba ligado a rituales de socialización y festividades comunitarias, donde se bebía con moderación y respeto hacia los dioses. Esto demuestra que, desde sus orígenes, el vino tenía un papel social, religioso y terapéutico, mucho más allá de ser una bebida de consumo cotidiano. Incluso se cree que algunos de los métodos de fermentación descritos en estas tablillas sumerias influyeron en técnicas posteriores en Egipto y el Levante.


