Por Santiago Jordi, Elaborador y presidente de la Unión Internacional de Enólogos
Las nuevas generaciones están cambiando sus gustos, eso es un hecho. La industria del vino lo sabe, y es por eso que se encuentra ya sumida en proceso de reconversión con el que persigue satisfacer las nuevas preferencias de consumo. Las tendencias actuales indican -más con estimaciones que con datos – que
los más jóvenes están apostando por los vinos sin alcohol y bajo contenido alcohólico. Y eso está generando un aumento de las peticiones por parte de
los operadores, que ya atisban en este tipo de productos una oportunidad de mercado.
Los motivos por los que la juventud está tomando estos derroteros tienen mucho que ver con la concienciación que se está produciendo sobre los efectos perjudiciales del alcohol para la salud. Un mensaje que está calando hondo en muchas personas, que reducen o incluso eliminan el alcohol de sus vidas. Algo
así ocurrió ya con el tabaco y es algo que también está sucediendo con el azúcar y sus derivados.
Estos vinos permiten al consumidor disfrutar del sabor y la experiencia habituales sin los efectos negativos del alcohol. Pueden ser una excelente opción para personas que deben estar concentradas en una actividad peligrosa, como la conducción o el manejo de máquinas. También son una buena alternativa para aquellas personas que siguen dietas bajas en calorías o que simplemente desean reducir su consumo de alcohol.
Actualmente, muchos lineales cuentan ya con ellos; blancos, rosados, tintos, espumosos y frizzantes. La variedad es amplia, sobre todo en los países donde llevan años presentes.
Si comparamos su nivel de desarrollo actual con el de otros productos que han pasado por procesos similares, no es difícil darse cuenta de que nos encontramos en un momento crucial, pues nadie sabe realmente cómo funcionarán dentro de cinco o diez años. Le sucedió a la industria del tabaco. Actualmente, los más jóvenes ya no fuman como lo hacían sus padres. Ahora vapean. No siempre con nicotina y a menudo con sabores de melón, fresa o mentolados. Sin entrar a valorar los riesgos de dicha práctica, la lección que de esta anécdota extraemos es que las tabacaleras han sabido evolucionar para, primero generar y después satisfacer, una demanda creciente entre la gente joven, que vapea como una manera de socializar. En este sentido, ¿por qué el gran consumo de vinos sin alcohol no podría evolucionar hacia mostos o mistelas aromatizados en lugar de hacerlo hacia vinos reducidos en alcohol que en realidad no recuerdan al vino? Sea como sea, lo cierto es que estamos viviendo una caída imparable del consumo de vino convencional, y nadie sabe qué es lo que demandarán las generaciones futuras.
Lo que sí sabemos es que los consumidores de los países productores no nos sentimos identificados con la calidad de las actuales propuestas. No podemos olvidar las sensaciones que también aporta el alcohol. Pero quizás nos estemos empeñando en que nuestros hijos perpetúen nuestras tradiciones, cuando lo que probablemente busquen sean otras cosas…
Ahí dejo mi reflexión. Feliz verano y sigan disfrutando de esta bebida milenaria…


