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Aquellos maravillosos años donde…

Por Santiago Jordi, Elaborador y presidente de la Unión Internacional de Enólogos

“No se trata de sustituir educación por miedo, sino de hablar de moderación y responsabilidad”

Hubo un tiempo, y tampoco hace tanto, en el que hablar de vino y salud no parecía un pecado. Médicos, investigadores, universidades y administraciones hablaban con normalidad de dieta mediterránea, polifenoles, resveratrol, salud cardiovascular y consumo moderado.
Los médicos aparecían incluso en televisión explicando las propiedades del vino y recordando una premisa sencilla, consumo responsable y moderación. ¿Dónde están hoy aquellos médicos? ¿Dónde quedaron aquellas campañas? ¿En qué momento desaparecieron?
Durante años, también desde Europa, se impulsaron iniciativas como Wine in Moderation, basadas en educación, cultura y responsabilidad. Hoy, sin embargo, el vino corre el riesgo de dejar de ser vino para convertirse simplemente en «alcohol».
Una palabra, una molécula, y todo lo demás parece haber desaparecido.
Conviene no engañarnos. El vino contiene etanol y el etanol no es inocuo. Su consumo excesivo es perjudicial y la ciencia relaciona el alcohol con un incremento del riesgo de determinadas enfermedades. Negarlo sería absurdo. Pero reconocerlo no debería impedirnos formular otra pregunta. ¿Es suficiente reducir un alimento milenario y complejo únicamente a uno de sus componentes?
También importa cómo bebemos. No es lo mismo buscar la intoxicación que compartir una copa durante una comida, ni beber cinco copas en una hora que una copa acompañando un plato. La graduación
también cuenta, de ahí el interés por vinos de menor graduación.
La imagen social del vino está cambiando y las nuevas generaciones están recibiendo ese mensaje. Llevamos años preguntándonos por qué los jóvenes se alejan del vino mientras les explicamos, casi exclusivamente, que una copa es una dosis de una sustancia tóxica. Después nos sorprendemos cuando el consumo continúa descendiendo. Quizá deberíamos preguntarnos si estamos dejando demasiado espacio a un discurso basado únicamente en el riesgo, mientras olvidamos explicar qué hay detrás de una copa de vino, su origen, su elaboración, el territorio, la gastronomía y también la forma responsable de disfrutarlo.
Tal vez deberíamos preguntarnos qué hemos hecho nosotros como sector. ¿Dónde quedó nuestro discurso? ¿Dónde están aquellas campañas que hablaban de moderación y responsabilidad? No se trata de ignorar el conocimiento científico actual, sino de no sustituir educación por miedo.
Si a una generación que está construyendo su relación con el vino le repetimos únicamente la palabra alcohol, mientras desaparecen gastronomía, territorio, agricultura, historia y convivencia, difícilmente podemos sorprendernos de que decida que el vino no forma parte de su vida.
Tampoco se trata de presentar el vino como una medicina ni de recomendar a nadie que empiece a beber por razones de salud. Pero España es tierra de viñedo, gastronomía, sobremesa y relaciones sociales, y el vino forma parte de esa historia. Quizá aquellos años no fueran tan irresponsables. Quizá simplemente entendíamos mejor una palabra que últimamente parece haberse quedado antigua, moderación.

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