Por Eugenia Rubio
España fue, en 2025, el segundo exportador mundial de vino en volumen, con 19,6 millones de
hectolitros (por detrás de Italia, con 21 millones) pero el tercero en valor, con una facturación de
2.977 millones de euros, lejos de los 11.213 millones de Francia y los 7.843 millones de euros de
Italia.
Son datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), que muestran que el 57% de
las exportaciones españolas fueron ese año de vino a granel. El valor de esas exportaciones de vino
a granel representó el 19% del valor total del vino español exportado. El 32% fueron salidas de vinos
envasados, cuya facturación representó el 60% del total, mientras que los vinos espumosos
supusieron el 8% del volumen y el 17% del valor. En Francia, la distribución es la contraria: un 69%
de las exportaciones son vinos envasados (que suman el 60% del valor de las ventas al exterior) y
solo un 10% vinos a granel (2% de la facturación). Algo similar ocurre en Italia, que exporta un 55%
del vino envasado, un 27% de espumosos y un 16% de graneles.
La OIV constata que el comercio mundial de vino se desarrolló en 2025 en un contexto internacional
complejo debido a los aranceles de Estados Unidos, a una demanda a la baja y a altibajos en los
tipos de cambio monetarios, que influyeron en los intercambios. En total, se exportaron 94,8 millones
de hectolitros (-4,7% respecto al año anterior) por valor de 33.800 millones de euros (-6,7%).


