Por Alberto Matos
Más allá de sus aplicaciones anecdóticas y curiosas, la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un auténtico aliado silencioso del vino. Algoritmos que predicen cosechas, sensores que monitorizan fermentaciones y sistemas capaces de analizar el perfil organoléptico transforman un sector tradicional en un laboratorio de precisión. La tecnología no reemplaza al viticultor ni al enólogo, pero multiplica su conocimiento y mejora sus decisiones, marcando el comienzo de la era del vino 4.0.
En una sociedad saturada de información como la nuestra, muchas veces -quizás demasiadas lo único que logra captar nuestra atención es lo efímero e insignificante. Lo relevante y trascendente pasa, con más frecuencia de lo deseable, a un segundo plano.
Eso mismo ocurre con todo lo que rodea a la inteligencia artificial (IA). Los medios nos bombardean con el último vídeo manipulado por políticos para ridiculizar al adversario, mientras que las aplicaciones de esta tecnología en ámbitos como la medicina, la meteorología, la programación o la economía apenas tienen repercusión.
Y el vino no es ninguna excepción. Hace un par de años, llamó la atención el proyecto de los productores franceses Aubert & Mathieu en Languedoc, que recurrieron a ChatGPT para concebir un vino de gama alta. La IA propuso un ensamblaje de garnacha y syrah, sugirió un precio elevado y hasta el estilo de botella. El resultado, The End, se lanzó en 2023 en una edición limitada de apenas 600 botellas. Se agotó rápido, más como fenómeno mediático que como producto de catálogo, y hoy solo puede encontrarse de forma puntual, lo que confirma su carácter experimental.
En España surgieron iniciativas similares, como el rosado Alwine, impulsado por la Universidad Europea Miguel de Cervantes junto a la Cooperativa de Cigales. La IA procesó encuestas sobre color, aroma y sabor para definir el perfil ideal del rosado y establecer parámetros técnicos, desde el grado alcohólico hasta el diseño de la etiqueta. Presentado durante la Semana de la Ciencia de 2023, quedó como prototipo académico sin continuidad comercial.
En el ámbito científico, la IA también hizo su aparición, aunque de forma mucho más precisa. Investigadores de la Universidad de Ginebra desarrollaron un algoritmo capaz de identificar vinos de Burdeos a partir de su composición química. Tras analizar decenas de muestras, el sistema logró distinguir orígenes y bodegas con gran exactitud. Aunque es un hallazgo curioso y útil para la trazabilidad, no significa que la IA pueda juzgar la calidad o el placer del vino ni reemplazar al sumiller. Simplemente reconoce patrones físicoquímicos con precisión.
Sin embargo, más allá del experimento y el impacto visual, existen proyectos serios y operativos que están transformando de manera determinante la viticultura, la bodega y la comercialización. Son estos casos los que ilustran cómo la inteligencia artificial empieza a convertirse en una herramienta tangible para anticipar, gestionar y mejorar cada fase del sector vinícola.
Anticipar el futuro del viñedo
La inteligencia artificial ha llegado al mundo del vino de manera discreta pero decisiva. Ya no se trata solo de automatizar procesos o mejorar rendimientos, sino de anticiparse a lo que aún no ha sucedido. Y en un contexto de cambio climático y retos agronómicos crecientes, prever con precisión las cosechas futuras es algo más que una ventaja competitiva. Es una necesidad.
Así lo entienden desde la Plataforma Tecnológica del Vino (PTV), desde donde se impulsa BigPredictData, uno de los proyectos más ambiciosos en esta línea. Con un presupuesto total superior a los 5,5 millones de euros, de los cuales casi cinco proceden de financiación pública, este proyecto pretende desarrollar un algoritmo capaz de predecir los rendimientos del cultivo de la vid con varios años de anticipación.
“No es solo saber cómo va a ser la próxima cosecha. Estamos hablando de anticipar a cinco años vista con modelos basados en datos reales y variables agronómicas complejas”, explica Clara Martín Luna, técnico de I+D de la PTV.
Detrás del proyecto hay un consorcio de primer nivel donde figuran bodegas como Matarromera, González Byass y Martín Códax, junto a universidades como la Politécnica de Madrid y la de Valencia, empresas tecnológicas como RawData y el apoyo del Barcelona Supercomputing Center. El objetivo no es solo predecir, sino también sugerir acciones agronómicas concretas. Desde ajustar el riego hasta optimizar el uso de fertilizantes, pasando por anticipar plagas o incluso eventos meteorológicos extremos como heladas o granizadas cerca de la vendimia. “Ahora los viticultores se guían por la experiencia y el parte meteorológico. Pero este sistema quiere ir mucho más allá, quiere ayudarles a tomar decisiones basadas en datos, anticipando incluso los impactos del clima o de enfermedades futuras”, subraya Martín Luna. Actualmente en fase de desarrollo, el algoritmo está siendo “entrenado” mediante una exhaustiva comparación entre sus predicciones y los resultados reales obtenidos en campo. Esta etapa, se prolongará durante 2026.
“Difundir este sistema a todas las zonas vitícolas requerirá una recogida masiva de datos que no se hace de un día para otro. El papel del viticultor en esta tarea será fundamental”, concluye la experta. BigPredictData representa solo una pieza del nuevo puzle en el que se está convirtiendo el vino español, un sector que, sin perder su alma artesanal, mira al futuro con algoritmos, sensores y modelos predictivos capaces de cultivar, literalmente, el mañana.

Automatización total en bodega
Después de siglos de ensayo y error, una máquina no solo está a punto de conseguir hacer vino, sino de hacerlo bien. Esta vez a gran escala. Esa es al menos la ambiciosa promesa de Smart Winery, un proyecto liderado por la empresa Agrovin, en colaboración con la Universidad de Murcia, la compañía griega Neuropublic y la propia Plataforma Tecnológica del Vino (PTV), con financiación de los fondos FEDER entre 2023 y 2026.
“El objetivo es que una bodega automatizada pueda elaborar vinos blancos, tintos y espumosos de calidad comercial, con mínima intervención humana y una gran capacidad de replicación en Europa”, continúa Martín Luna.
Smart Winery no es una idea futurista, sino una planta piloto en funcionamiento en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), donde se está probando la integración de distintas tecnologías digitales aplicadas a la bodega, desde algoritmos de decisión hasta sensores inteligentes, inteligencia artificial y procesos como la tecnología de ultrasonidos. Esta última permite extraer más mosto sin necesidad de aumentar la presión sobre la uva, lo que evita la liberación de taninos amargos y compuestos indeseables.
“Es una forma de mejorar la calidad desde el inicio del proceso, rompiendo células de forma controlada y suave, sin perjudicar el perfil organoléptico del vino”, señala Martín Luna.
Uno de los desarrollos más innovadores son los tapones inteligentes, sensores colocados en los depósitos que monitorizan en tiempo real la evolución del vino, la liberación de gases y otros parámetros críticos, todo sin necesidad de abrir los depósitos. Los datos son enviados automáticamente a un ordenador o incluso a una tablet, permitiendo al enólogo seguir el proceso desde casa.
“El sistema está diseñado para tomar decisiones por sí solo sobre cuándo intervenir, qué ajustar y cómo actuar en cada fase de la elaboración. Pero el vino no termina hasta que el equipo humano dice que termina”, subraya la técnico de la PTV. “Una máquina puede hacer un vino perfecto y que no le guste a nadie. Por eso la intervención humana sigue siendo indispensable”.
El pasado año 2025 marcó un hito porque se produjo la primera vendimia completa de la bodega Smart Winery, donde el proceso estuvo 100% automatizado desde la uva hasta la botella. El siguiente paso será evaluar si el vino elaborado por una máquina -guiada por datos, sensores y algoritmos- es tan bueno, o incluso mejor, que el de una bodega tradicional.
La viña vista desde el cielo
No todo el trabajo en el campo se hace con las botas puestas. Hoy, algunas de las decisiones más importantes sobre fertilización, tratamientos o previsión de plagas se toman desde el cielo con ayuda de la IA. Es el caso de Nova Terra, un proyecto innovador centrado en viñedo y olivar, en el que participa la Plataforma Tecnológica del Vino (PTV) y que se desarrolló entre 2021 y 2024.
A diferencia de otros proyectos más centrados en el análisis de datos recogidos a pie de campo, Nova Terra basa su inteligencia en imágenes espectrales, ortofotos y datos tomados por drones o satélites que permiten observar el viñedo desde arriba y tomar decisiones de forma más precisa.
“Aquí no hablamos de cuadernos de campo, sino de visión remota. El algoritmo trabaja con imágenes para analizar la salud de las plantas, la densidad del follaje o las necesidades de fertilización”, explica Martín Luna. El corazón del proyecto es un sistema inteligente que ajusta las labores de fertilización y los tratamientos en el suelo en función de los datos extraídos por estas tecnologías. Se busca así reducir el uso innecesario de productos, minimizar el impacto ambiental, mejorar la eficiencia agronómica y anticipar potenciales problemas fitosanitarios. Además, Nova Terra también incluye modelos de predicción de cosecha, aunque su enfoque es distinto al de BigPredictData. En este caso, no se trabaja con datos históricos ni con anotaciones humanas, sino con análisis de imágenes y evolución fisiológica de las plantas en tiempo real.
“El tipo de algoritmo, el número de variables analizadas y el margen de error aceptado determinan cuándo estará disponible su aplicación comercial. Hay soluciones más inmediatas y otras que necesitan más validación”, comenta Martín Luna.
La idea detrás de Nova Terra no es sustituir al viticultor, sino dotarlo de herramientas para tomar decisiones más eficientes y sostenibles que respeten el equilibrio del suelo y mejoren la rentabilidad del cultivo. Porque incluso bajo una capa de algoritmos y datos satelitales, el vino sigue naciendo de la tierra. Solo que ahora la tierra también se puede interpretar desde el cielo.

Decisiones comerciales con datos
En un sector tan tradicional como el del vino, las decisiones comerciales aún suelen tomarse por intuición, experiencia o rutina. Pero ¿y si un algoritmo pudiera ayudar a las bodegas a decidir cuántas botellas vender, a qué cliente, en qué momento y a qué precio?
Esa es la propuesta de VINAI, la primera plataforma integral con IA para la gestión comercial del vino, creada en 2022 por la emprendedora madrileña Blanca Benito. “Detectamos que muchas bodegas tenían stock acumulado y problemas para moverlo. Ahí nació la idea de diseñar un algoritmo de previsión de ventas basado en el histórico de pedidos, clientes y precios, con el fin de ayudarles a vender más y mejor”, explica Benito.
La herramienta se presenta como un B2B marketplace entre bodegas, tiendas y restaurantes que centraliza la gestión de pedidos, stock y clientes en una única plataforma. Pero su verdadero valor añadido es su motor de inteligencia artificial, capaz de ofrecer recomendaciones de ventas personalizadas para cada bodega.
“No se trata solo de predecir cuánto vas a vender, sino también a qué precio deberías hacerlo para optimizar la rentabilidad. El algoritmo propone estrategias adaptadas a las existencias, al histórico de la bodega y a las tendencias actuales del mercado”, añade Benito.
Estas tendencias se obtienen a través de fuentes externas especializadas en análisis de consumo —cuyos datos se integran en el sistema de VINAI— y se cruzan con la información propia de cada cliente. Así, una bodega puede saber si conviene apostar más por vinos blancos, si debe lanzar una nueva línea prémium o incluso si está vendiendo por debajo del precio de mercado en su denominación de origen.
“Hemos detectado, por ejemplo, que muchas bodegas podrían subir sus precios sin perder clientes. El algoritmo compara automáticamente tu producto con otros similares en tu zona y te da una estimación realista”, asegura la emprendedora.
La herramienta también permite realizar simulaciones: ¿qué ocurriría si una bodega quiere aumentar un 20% su producción el próximo año? ¿Qué mezcla de vino blanco y tinto sería más rentable según las tendencias? ¿Cuántas botellas deberían ir a cada tipo de cliente? Todo esto lo calcula la IA, que va ajustando sus previsiones mes a mes en función del rendimiento real. Aunque todavía en fase experimental, VINAI ya colabora con varias bodegas en distintas regiones españolas y sus responsables esperan tener la herramienta totalmente operativa y comercializable en 2026. “Es un aprendizaje continuo. Necesitamos más tiempo y datos para afinar, pero el objetivo es claro: que las bodegas dejen de ir a ciegas y puedan tomar decisiones basadas en datos reales y actuales”, concluye Blanca Benito.
Humanizar la experiencia del enoturismo
Manuel Romero, director de Dinamiza Asesores, lleva más de dos décadas observando la evolución del enoturismo en España. En su opinión, el sector se encuentra en un punto de inflexión en el que la profesionalización, el uso racional de los datos y la aplicación de nuevas 56 57 tecnologías como la inteligencia artificial serán claves para diferenciarse y crear propuestas más auténticas. “Lo que valía en 2001 ya no vale en 2025. El visitante ya ha estado en muchas bodegas y no quiere escuchar siempre lo mismo sobre fermentaciones y tipos de barrica. Necesitamos ir más allá, construir un relato emocional, conectar con la historia humana de cada bodega”, afirma.
Según Romero, las posibilidades de la IA son amplias. Desde chatbots en páginas web capaces de personalizar rutas de viaje o recomendar vinos y experiencias según el perfil del visitante hasta sistemas predictivos basados en datos internos (procedencia de los visitantes, fechas, compras realizadas…) que permitan anticipar comportamientos, ajustar la oferta y segmentar audiencias.
Eso sí, para que estas herramientas funcionen, hace falta una infraestructura previa de recogida y ordenación de datos. Muchas bodegas aún no tienen integrados sus canales de venta, formularios de reserva o bases de datos de visitantes. Romero anima a comenzar por lo básico, es decir, recopilar los correos electrónicos de quienes pasan por la bodega y usar herramientas de marketing como Mailchimp para mantener el vínculo. “Lo importante no es solo vender una botella. Si haces bien las cosas, el visitante se lleva una caja y deja sus datos. Ahí es donde comienza la relación a largo plazo”, apunta. Aunque todavía incipiente, la IA tiene un potencial enorme para profesionalizar y humanizar la experiencia del enoturismo.

Analizar la cata a gran escala
La startup francesa Winespace ha desarrollado TASTEE, una herramienta de inteligencia artificial única en el mundo del vino diseñada para entender, digitalizar y explotar de forma automática y a gran escala las descripciones sensoriales que los profesionales del vino redactan cada año.
“Todos los años se escriben millones de notas de cata por parte de profesionales del vino”, aclara Sylvain Thibaud, CEO y cofundador de Winespace. “Estos comentarios representan una descripción textual de las características que percibe un catador en el momento de la cata”.
El principal reto que aborda esta tecnología es la falta de estandarización y la complejidad semántica de estos textos, repletos de jergas enológicas y estructuras diversas. Manualmente, transformar toda esa información en datos útiles sería una tarea titánica. Por eso, Winespace ha optado por una solución de procesamiento de lenguaje natural (NLP) de última generación que permite a TASTEE leer y comprender las notas de cata como lo haría un enólogo experto.
“TASTEE ha sido diseñada para analizar todo tipo de comentarios, sin importar su forma, longitud o idioma”, afirma Thibaud. “Como un enólogo experimentado, esta inteligencia artificial es capaz de comprender innumerables conceptos enológicos y la influencia de cada adjetivo o adverbio en el concepto descrito”. El sistema es capaz de identificar y clasificar todas las características aromáticas y gustativas descritas, transformándolas en datos digitales calificados y cuantificados.
“Los datos de TASTEE definen un estándar global de datos sobre el sabor, que permite a cada profesional aprovechar todo tipo de información según su actividad y objetivos”, destaca Thibaud.
Esto permite no solo entender mejor los vinos, sino también automatizar procesos como la elaboración de fichas de producto, el análisis comparativo entre vinos o incluso el abastecimiento más eficiente en cadenas de distribución o importación.
“El papel de TASTEE es digitalizar las competencias del enólogo para que esta información pueda ser tratada automáticamente a gran escala”, resume.
De hecho, muchos profesionales del sector —enólogos, distribuidores, importadores, críticos y tiendas especializadas— ya utilizan esta IA para sintetizar datos, generar contenidos y tomar decisiones informadas. “TASTEE ayuda a tomar decisiones informadas y automatiza tareas que consumen mucho tiempo, como la síntesis de datos, el abastecimiento de productos o la creación de contenidos”. Winespace no solo ha creado una herramienta, sino un nuevo estándar de comprensión sensorial a través de la inteligencia artificial. En palabras de Thibaud, “revolucionamos la cata de vinos y la comprensión del sabor del vino usando inteligencia artificial”.

En conjunto, estos ejemplos muestran que la inteligencia artificial no es solo una curiosidad o un recurso mediático, sino una herramienta que empieza a permear todos los ámbitos del sector vinícola, desde la predicción del viñedo hasta la elaboración automatizada, pasando por la gestión comercial, el enoturismo y la comprensión sensorial del vino. La IA permite anticipar, analizar y optimizar procesos que antes dependían casi exclusivamente de la experiencia humana, sin reemplazarla, sino potenciándola. Lo que hasta hace poco parecía futurista o experimental hoy se traduce en decisiones más precisas, sostenibles y eficientes, abriendo un horizonte en el que el vino conserva su alma artesanal, pero se beneficia del rigor y la capacidad predictiva de los datos y algoritmos. El futuro del vino, en efecto, se cultiva con conocimiento, sensibilidad y también con inteligencia artificial..


