El giro estratégico que impulsa el futuro de Bodegas Emilio Moro
Desde 2022, con Javier Moro como presidente y Patricia Sánchez Moro como directora general, Bodegas Emilio Moro ha emprendido un cambio profundo. Apuesta clara por la innovación, la sostenibilidad y las experiencias, sin perder de vista lo más importante: su esencia familiar y vitivinícola.
En solo tres años, la bodega ha conseguido resultados notables. El ejercicio 2024 cerró con un crecimiento del 7,86 %, y las exportaciones ya suponen el 25 % de las ventas, con presencia en más de 70 países.
“Este crecimiento es fruto del trabajo constante y de no dejar de escuchar al mercado”, destaca Nacho Andrés, director de Desarrollo de Negocio.
A nivel medioambiental, la bodega ha alcanzado las cero emisiones netas, ha reducido residuos y ha apostado por la biodiversidad, con acciones como la plantación de 2.000 árboles. También ha reforzado su compromiso social con colaboraciones con Fevadis, Acción contra el Hambre o Fundación Caico, entre otras.
El enoturismo ha sido otra palanca de crecimiento: más de 15.000 visitantes en 2024, gracias a experiencias personalizadas y exclusivas. Una forma de vivir el vino que consolida a Emilio Moro como referente en Ribera del Duero y El Bierzo.
La marca también ha dado un giro audaz. Con una nueva narrativa, más emocional y experiencial, y alianzas con sectores como la moda o la gastronomía, hoy Emilio Moro es más que una bodega: es una marca con alma.
“Queríamos estar presentes en la vida de las personas más allá de la copa de vino”, explica Héctor Moro.
En El Bierzo, la apertura de su nueva bodega y el lanzamiento de Bestizo, su primer mencía, confirman su compromiso con la región. Y en Ribera, la transformación ya está en marcha: una nueva bodega inmersiva se construirá hasta 2029, con una inversión de 40 millones de euros.
“No se trata solo de elaborar vino, sino de crear un legado que emocione”, concluye Patricia Sánchez Moro.


