Tristrás, ni lo ves ni lo verás

Syrah Pago Casa del Blanco VT Castilla

Eva Sánchez, su hermana y su cuñada, rondaban la cuarentena cuando una mañana se reunieron para catar uno de sus vinos y tratar de encontrarle un nombre.

En la copa se encontraron con una elaboración golosa, juguetona y apetecible, con aromas de regalices negros, palulú y chocolate que les retrotraían a su infancia y les hacía recordar aquellas tiendas de chuches que tanto abundaban por aquel entonces.

Se imaginaron corriendo y saltando entre viñedos, sin preocupaciones, jugando al escondite… Y fue así, catando y cantando como comenzaron a buscar inspiración en los nombres de los juegos de su niñez, pero se toparon con que la mayoría de ellos estaban ya registrados.

No así “Tristrás, ni lo ves ni lo verás” o “Veo veo” (otro de sus vinos), que acabaron adoptando e ilustrando con divertidas etiquetas.



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