Por Jesús Rivasés, columnista, tertuliano y escritor
“Los precios prohibitivos de Borgoña han impulsado otros vinos de pinot noir”
Los vinos de Borgoña están en la cima de los más apreciados del mundo desde hace muchos años. Una gran calidad, acierto con el gusto de los consumidores, una buena comercialización y una leyenda fomentada con habilidad son algunas de las claves del éxito. Hay quien piensa, no obstante, que Borgoña puede morir de éxito porque los precios de esos vinos han alcanzado y alcanzan cotas estratosféricas en muchas ocasiones. Hay Borgoñas asequibles, pero no es fácil encontrarlos fuera de Francia y, además, son muy desconocidos para el gran público, lo que complica su acceso. Los tintos de Borgoña se elaboran a partir de la uva pinot noir, la reina de las uvas para muchos. Es una uva muy arraigada en la región de Borgoña, pero también se puede encontrar, aunque no sea exactamente lo mismo, en otras partes. Los precios de los vinos de Borgoña originales, prohibitivos, han provocado que se elaboren otros vinos con uvas pinot noir en varios lugares del mundo, algunos insospechados. No son lo mismo, pero se parecen mucho y hay que ser muy experto para diferenciarlos a primera vista de los originales.
Jancis Robinson, Master of Wine y crítica del Financial Times, ha identificado una serie de lugares en donde hay vinos pinot noir muy interesantes, aunque no todos tengan el estilo borgoñón. Por ejemplo, hay viñas de pinot noir en el estado de Oregón, en Estados Unidos, en California, Alemania, Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica y también, aunque resulte sorprendente, en algunas zonas de Inglaterra. En concreto, en Oregón, en el valle de Willamette, al sur de Portland.
En California hay más lugares: Sonoma Coast, Anderson Valley, Russian River Valley, Carneros, Santa Cruz Mountains, Mount Harlan, Chalone, Edna Valley, Santa Maria Valley, Sta. Rita Hills y Santa Ynez. En Nueva Zelanda, en Martinborough, Marlborough, North Canterbury, Waitaki y Central Otago. En Australia, en Adelaide Hills, en la mayor parte del estado de Victoria, en Canberra, Tumbarumba y Tasmania. En Sudáfrica, en Hemel-en-Aarde, Elgin y Walker Bay. En el Crouch Valley, en Inglaterra, y en la mayoría de las regiones vinícolas alemanas. Los vinos pinot noir procedentes de esos lugares no son de fácil acceso en España, aunque se pueden encontrar algunos de Alemania y Sudáfrica en establecimientos especializados. En España hay muy poca uva pinot noir, aunque hay intentos recientes. Hay una explicación: la uva pinot noir es de maduración temprana y en los lugares cálidos tiende a madurar antes de que haya desarrollado mucho sabor, ese sabor característico de los borgoñas.
En España, por otra parte, también hay uvas que dan resultados excelentes y que, salvo excepciones, no se suelen cultivar en otras zonas. La uva Albariño, por ejemplo, ha alcanzado prestigio internacional y cada vez gana más terreno en mercados tan exigentes como el Reino Unido, Estados Unidos o Japón. El International Wine Challenge, uno de los certámenes de vino más influyentes del mundo, que se celebra todos los años en Londres, ha concedido a los vinos gallegos nada menos que cincuenta reconocimientos diferentes. Entre ellos destaca el Albanta, de la bodega Altos de Torona, de la zona de El Rosal, que fue considerado por el jurado internacional como el mejor blanco de España y colocado entre los mejores del mundo. Alvaro Palacios, con su Sorte O Soro, también resultó agraciado, en este caso con el premio Icon, con una de las puntuaciones más altas del certamen.
En España, además, claro, hay muchos más vinos. Desde hace unos años destacan los de Madrid y entre ellos hay uno que ya lleva años en el mercado, pero que no es muy conocido y que ha llegado para quedarse. Se trata de La Bruja, un tinto elaborado por la bodega Comando G., la G es de garnacha, con uvas cultivadas en Las Rozas de Puerto Real, en plena Sierra de Gredos.
El origen son viñedos de unos 60 años de edad, plantados a 900 metros de altitud, en suelos de granito, arena y sílice. La Bruja combina la profundidad de la garnacha con un toque ligero y con notas minerales, dicen los expertos. No es muy habitual en los establecimientos especializados y menos en bares y restaurantes, pero merece la pena. Es un vino distinto, que hay que probar, que no deja indiferente y que también demuestra que hay vida más allá del pinot noir.


