Por Alberto Matos, director editorial de Vivir el Vino
La historia de Aragón y la de la garnacha es una misma. Esta uva emblemática, presente hoy en viñedos de todo el mundo, vive uno de sus mejores momentos. Para reivindicar su protagonismo, Zaragoza se corona también como Capital Mundial de la Garnacha. Un título que este año potencia junto a Cariñena, proclamada Ciudad Europea del Vino 2025 a través de una completa programación que, entre otras muchas cosas, culminaba con la celebración del concurso internacional Grenaches du Monde entre los días 5 y 6 del pasado mes de mayo.
La garnacha es una de las variedades de uva más antiguas, cultivadas y versátiles del mundo. Su origen se encuentra en Aragón, tierra en la que, ya en el siglo XII, se cultivaba esta uva, que no solo ha logrado sobrevivir al paso del tiempo, sino que ha dejado una huella indeleble en la cultura vitivinícola de la región. Desde sus orígenes aragoneses, la garnacha se expandió con fuerza por los territorios de la antigua Corona. Viajó hacia Cataluña, se instaló en el sur de Francia y cruzó el mar hasta echar raíces en Cerdeña. Con el tiempo, y especialmente en épocas más recientes, la variedad encontró nuevos territorios tan lejanos como California o Australia, donde su versatilidad y adaptación al clima despertaron el interés de viticultores de todo el mundo.
A pesar de la diáspora, Aragón sigue siendo el corazón de esta uva. No solo porque conserva el mayor número de clones y mutaciones de la variedad —garnacha tinta, blanca, gris o peluda, sino porque ha sabido mantener viva su identidad a través de su gente, sus bodegas y un paisaje moldeado por el viñedo. Las denominaciones de origen Cariñena, Campo de Borja y Calatayud han actuado como guardianas de esta herencia, interpretando la garnacha de maneras distintas, pero siempre auténticas. Cada una de estas zonas imprime matices únicos a los vinos, desde la potencia y frescura de las alturas de Calatayud hasta la redondez mediterránea de Campo de Borja o la tradición histórica de Cariñena. Todas ellas forman parte del alma vinícola de Aragón, que hoy, más que nunca, quiere compartir su legado con el mundo.
Zaragoza y Cariñena: dos motores de la garnacha
En 2025, la garnacha vive un momento histórico en Aragón gracias a la conjunción de dos reconocimientos clave. Por un lado, Zaragoza se postula como Capital Mundial de la Garnacha, una propuesta ambiciosa que busca convertir la ciudad en un referente cultural, turístico y científico vinculado a esta variedad. Por otro, Cariñena ha sido designada Ciudad Europea del Vino, un título que reconoce su historia vinícola milenaria, la calidad de sus vinos y la implicación colectiva de su territorio.
La suma de ambos hitos ha proyectado con fuerza el protagonismo de Aragón en el panorama internacional y ha sido el factor determinante para que el prestigioso certamen Grenaches du Monde haya elegido esta comunidad como sede de su edición 2025. Se trata de un reconocimiento que no solo premia la tradición, sino también la vitalidad contemporánea de un territorio que está sabiendo conectar su herencia vitivinícola con las expectativas del mundo actual.
Grenaches du Monde: una uva, múltiples destinos
Surgido en el sur de Francia y convocado hasta ahora en Cataluña, Navarra, Cerdeña o Perpiñán, el concurso Grenaches du Monde se ha consolidado como la cita de referencia internacional para los territorios y bodegas que elaboran vinos a partir de esta variedad. En palabras de su coordinador y embajador en España, Frédéric Galtier: “Grenaches du Monde no es simplemente una cata, es una comunidad de productores, de territorios, de sensibilidades. Un ecosistema global que tiene en la garnacha su punto de encuentro”.
La decisión de celebrar este evento en Aragón responde precisamente a esa conjunción de factores. “Zaragoza como Capital de la Garnacha y Cariñena como Ciudad Europea del Vino forman un binomio natural, coherente, lleno de simbolismo. Era imposible no mirar hacia Aragón este año”, afirma Galtier. Para él, la garnacha encarna muchos de los valores que hoy buscan los consumidores y profesionales del vino: autenticidad, identidad y sostenibilidad. “Es una uva humilde y generosa, que habla más del suelo que la acoge que de sí misma. Una variedad capaz de expresar el alma de cada territorio sin imponerse”. Su versatilidad es otra de las claves de su éxito. Desde tintos estructurados hasta rosados frescos, pasando por espumosos vibrantes y dulces complejos, la garnacha es una uva que permite múltiples interpretaciones sin perder identidad. “La garnacha ha dejado de ser una uva olvidada para convertirse en una embajadora del vino mediterráneo”, señala Galtier. “Es compleja sin ser arrogante, versátil sin perder personalidad, cercana sin renunciar a la excelencia”.
La edición de 2025 ha incorporado además innovaciones que reflejan el cambio de paradigma en el mundo del vino. Por primera vez, se han admitido vinos sin alcohol en el concurso, abriendo la puerta a nuevas propuestas que responden a los gustos y necesidades de un público más amplio. También se ha dado especial visibilidad a vinos más ligeros, frescos y con expresión territorial, en línea con las nuevas tendencias del mercado.
Los resultados no han hecho más que reforzar el protagonismo de Aragón. Siete medallas de Doble Oro han recaído en vinos españoles, algunos de ellos procedentes de Calatayud, Campo de Borja y Somontano. Una señal clara de que el potencial de la garnacha en nuestro país está lejos de haberse agotado. La elección de Aragón como sede de Grenaches du Monde no es casual. Es el resultado de un trabajo coral entre instituciones, bodegas, denominaciones de origen y sociedad civil. La suma de Zaragoza como Capital de la Garnacha y de Cariñena como Ciudad Europea del Vino no solo ha servido de reclamo, sino que ha ofrecido al mundo una narrativa coherente, con raíces y visión de futuro.
La garnacha, nacida en estas tierras, ha recorrido el mundo para regresar, en cierto modo, a casa. Y lo hace en un momento de madurez, con el reconocimiento de los expertos, el entusiasmo de los consumidores y la fuerza de un territorio que ha sabido mantener viva su esencia. Porque si algo ha demostrado Aragón es que aquí el vino no es solo pasado, es también presente y, sobre todo, futuro.
La garnacha en el mundo
La variedad de uva garnacha, también conocida como grenache en países francófonos y angloparlantes, se ha consolidado como una de las más cultivadas del mundo, con una superficie estimada de cerca de 195.000 hectáreas repartidas por los principales países productores de vino. Aunque su distribución es global, su cultivo sigue estando altamente concentrado en Europa, que alberga más del 90% de las plantaciones totales.
Francia lidera el ranking mundial con aproximadamente 78.000 hectáreas, principalmente en las regiones de Languedoc-Roussillon, el valle del Ródano y la Provenza. Le sigue España, con alrededor de 57.000 hectáreas, donde se extiende por comunidades como Aragón, Navarra, Cataluña, Madrid y Castilla-La Mancha. Ambos países representan más del 65% del cultivo mundial de garnacha, una cifra que refleja su protagonismo histórico y su papel central en las denominaciones de origen del sur de Europa. Italia ocupa la tercera posición, concentrando lamayoría de sus cerca de 20.000 hectáreas en la isla de Cerdeña, donde esta variedad es conocida como Cannonau.
Fuera de Europa, el cultivo se diversifica: Australia cuenta con unas 1.700 hectáreas, Estados Unidos con unas 2.200, y países como Sudáfrica, Argentina, Chile o China suman pequeñas pero crecientes superficies de garnacha, consolidando una tendencia global al alza.
Este mapa global revela una clara tendencia hacia la recuperación y expansión de la garnacha en zonas donde el cambio climático favorece su adaptación, gracias a su resistencia a la sequía, maduración tardía y buena tolerancia al calor. En un momento en el que el sector vitivinícola busca variedades resilientes y versátiles, la garnacha se posiciona como una de las grandes apuestas de futuro tanto en regiones históricas como emergentes.
Un año de celebración y futuro
La capital aragonesa será escenario a lo largo de 2025 de una intensa programación en torno a la garnacha. Con actividades de calle, catas populares, conciertos, maridajes y salidas enoturísticas hacia las tres denominaciones de origen de la provincia, Zaragoza quiere hacer del vino una experiencia cercana, festiva y participativa. El viñedo urbano que se plantará en la arboleda de Macanaz será el emblema de esta vocación divulgativa. A ello se suma un congreso científico de alto nivel en colaboración con el Instituto Agronómico Mediterráneo de Zaragoza.
Por su parte, Cariñena desplegará un programa cultural, turístico y gastronómico que pondrá en valor su paisaje vitícola, su patrimonio y su gente. Desde exposiciones hasta ferias, desde jornadas técnicas hasta festivales, toda la comarca se volcará para demostrar por qué el vino es aquí algo más que una actividad económica: es una forma de vida.


