Por Eugenia Rubio
La Comisión Europea anunció el 24 de marzo la conclusión de las negociaciones de un acuerdo de libre comercio con Australia, que supondrá la eliminación de trabas a los intercambios de mercancías entre ambas partes, incluidos los productos agrarios. En lo que respecta al vino, el acuerdo prevé la reducción a cero (frente al 5% actual) de los aranceles que aplica Australia a los vinos europeos desde la entrada en vigor del acuerdo, así como una mayor protección de las indicaciones geográficas de la UE en el mercado australiano.
El Comité Europeo de Empresas Vitivinícolas (CEEV) ha celebrado el acuerdo —a la espera de conocer sus términos con detalle— por considerar que ofrece una oportunidad de diversificar las exportaciones comunitarias y reforzar la competitividad global de las empresas vitivinícolas de la UE en un momento de incertidumbre geopolítica y de aumento de los costes de producción y comercialización. Las industrias europeas han recordado que, en la campaña 2024/25, el valor de las exportaciones de vinos de la UE a Australia superó los 300 millones de euros, de los que aproximadamente la mitad corresponden a vinos espumosos.
Las cooperativas españolas son más críticas. Subrayan el potencial exportador de Australia y temen que este acuerdo le lleve a orientar más sus ventas al mercado europeo si sufre restricciones a la hora de exportar a otros destinos en una situación geopolítica como la actual. Ello desestabilizaría aún más el mercado comunitario, que ya sufre una crisis estructural.


