Opinión

Publicado el 17/02/2020 Categorías : Opinión , REVISTA
Mil años después…, un vino

Por Jesús Rivasés
Columnista, tertuliano y escritor

La historia es difusa y se pierde en la noche de los tiempos, ya prehistóricos para la sociedad digital de hoy. Las referencias son lejanas y dudosas. Hace unos mil años, allá por 1011, la localidad burgalesa de Haza se convirtió en el centro de la Comunidad de Villa y Tierra de Haza, que entonces se llamaba Aza. De hecho, era la fortaleza que empezaría a levantar en 912 el conde Gonzalo Fernández y que, a partir del mismo, repoblaría la zona. Lo cuenta Gonzalo Martínez Díez en su estudio “Las comunidades de Villa Tierra de la Extremadura Castellana”. Alrededor de 939, en su retirada desde Simancas a San Esteban de Gormaz, el califa Abderramán III, arrasó la cuenca del río Aza.

No existen muchos datos, pero es probable que la fortaleza de Haza (Aza) fuera abandonada, como las de Montejo, Maderuelo y Ayllón. Años después, en 1011, el conde Sancho García empezó a recuperar la zona y Haza alcanzó su esplendor como cabeza de lo que se denominó ‘Veinte aldeas’. Son otras tantas localidades, que todavía existían en el siglo XVI, pero que poco a poco desaparecieron. Mil años después, la familia Fernández Rivera, de la bodega Condado de Haza, volvió la vista sobre la historia de su tierra presentando un vino llamado precisamente 20 Aldeas. El nuevo vino, a punto de llegar al mercado, es el resultado de un proyecto de años. Aparece inmerso en una nueva estrategia tras las disputas familiares entre el histórico Alejandro Fernández -uno de los impulsores originales de la Ribera del Duero- y su hija Eva, y el resto de la familia. 

Alejandro Fernández y su hija Eva presentaron y están a punto de comercializar dos vinos, que intentan ser una novedad. La otra parte de la familia, al frente de Pesquera, Dehesa La Granja, El Vínculo y Condado de Haza también están en un periodo de evolución, pero siempre fieles a sus raíces. 

A finales de 2019 presentaron lo que para Pesquera puede ser una gran revolución, el Tinto Pesquera Crianza 2017. Este nace con un nuevo etiquetado, el de ‘Familia Fernández Rivera’, con una tipografía más vanguardista y actual y un dibujo en el que el arco de Pesquera de Duero apunta un toque más sutil y elegante. El objetivo que se fija la bodega en esta nueva etapa es llegar a un público más amplio y acercarse, sobre todo, al mercado más joven. Para ello, utilizará como reclamo una etiqueta más sugestiva, sin perder, por supuesto, la fidelidad de la clientela histórica.

20 Aldeas es un vino premium y 100% ecológico de la Bodega Condado de Haza, que también cumple el objetivo de protagonizar un rejuvenecimiento de la compañía, y adaptarse a las nuevas necesidades del mercado. En definitiva, es también una manera de diversificación “para ofrecer al público algo distinto que represente el presente y el futuro”, como apunta Lucía Fernández, directora general de Familia Fernández Rivera. La elaboración y lanzamiento de 20 Aldeas es un punto y seguido, pero, sobre todo, un paso adelante de un grupo que es la historia misma de la denominación Ribera del Duero. Los gustos y las costumbres no son inmutables y las bodegas deben adaptarse, pero sin renunciar a la calidad, a los mercados y a los deseos de los consumidores. Es quizá lo que estuvo en el origen de las desavenencias familiares, cuando comenzó a alumbrarse el proyecto 20 Aldeas, entre otros. Porque había quienes defendían seguir con los mismos vinos de siempre y quienes apostaban por introducir cambios para llegar a más consumidores en España y en el mundo. 20 Aldeas quiere ser uno de esos vinos con calidad que puede ser bebido con facilidad por los consumidores más jóvenes, que tal vez se sienten intimidados por otros vinos históricos. Es decir, puede ser un vino para los clientes, no para los superexpertos, pero que agrade a los entendidos. El nuevo vino está elaborado con uvas 100% Tempranillo de viñas de la Ribera del Duero y con criterios también 100% ecológicos.

Los más expertos destacan sus aromas a frutas negras, moras y un cierto toque lácteo. También podrían apreciarse regalices típicos de la variedad Tempranillo y torrefactos como vainillas, caramelo de café y ligeros ahumados provenientes de la crianza en barricas de roble  americano. 

Para los consumidores normales, ajenos a los tecnicismos, 20 Aldeas es un vino muy agradable y que se bebe con facilidad. Este puede ser quizá el secreto de su éxito, además de que tenga un precio asequible (es lo que está previsto). Mil años después, un vino nuevo, que sin ninguna duda es mucho mejor del que bebieron los repobladores de la zona, alrededor del año 1000.

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